Ejercen diplomacia en las sombras de Venezuela

19 de octubre del 2019

Así es el cuerpo diplomático de Venezuela en el mundo.

Ejercen diplomacia en las sombras de Venezuela

Cuando conocí a Isadora Zubillaga en Nueva York hace unos 20 años, ella era una joven capitalista de riesgo que invertía en empresas de arranque latinoamericanas, y yo era una reportera igualmente joven que cubría América Latina. Nunca habló de política. Al poco tiempo perdimos contacto.

Así que me sorprendí cuando Zubillaga me envió un correo electrónico recientemente para decirme que era la nueva Embajadora de Venezuela en Francia, donde yo vivo, y que si podíamos tomarnos un café para ponernos al día.

Pronto quedé sumergida en la trágica vorágine que es Venezuela hoy; me marché preguntándome qué sería de ese país.

Cuando me senté con Zubillaga, actualmente de 51 años, aún estaba tan llena de vitalidad como la recordaba, y me puso al tanto de las últimas dos décadas con el mismo inglés con acento, pero fluido que yo recordaba. Luego de una temporada en Estados Unidos, que también incluyó trabajar en una ONG de derechos humanos, regresó a su natal Caracas en el 2005. Allí trabajó para el naciente líder de Oposición Leopoldo López, ayudándole a la larga a fundar un partido político para desafiar al entonces Presidente Hugo Chávez.

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Ahora, ella es una diplomática: me entregó una tarjeta de presentación con su cargo.

Fue sólo cuando la presioné que Zubillaga reconoció por qué nos estábamos reuniendo en un café y no en la Embajada venezolana al otro lado de la Ciudad: en realidad no trabaja allí, pero sí un hombre que también se hace llamar Embajador. Eligió este café porque cuando viene a París para tener juntas, duerme cerca de ahí en el sofá de una amiga.

“Venezuela tiene dos presidentes en este momento, uno el Presidente legítimo, Guaidó, y el otro, el Presidente ilegítimo, Maduro”, explicó, añadiendo un detalle clave: “El control del territorio y los bienes están en manos de Maduro”.

Es decir, Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez, que preside un Gobierno asesino y cleptocrático, una economía colapsada, una escasez crónica de alimentos y medicinas y el éxodo desesperado de unos 4 millones de ciudadanos.

Zubillaga es parte de un cuerpo diplomático paralelo que representa a Juan Guaidó. En enero, Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, afirmó que la Constitución lo convierte en Presidente interino porque la votación presidencial del 2018 fue fraudulenta. Casi 60 países, incluidos Francia y EU, lo reconocen como tal.

Guaidó —Zubillaga lo llama Presidente Guaidó— tiene 38 enviados, principalmente en Europa y Latinoamérica, a menudo en países donde Maduro también tiene embajadores. El bando de Guaidó quiere que Maduro disperse libremente alimentos y ayuda médica, libere a cientos de presos políticos y renuncie para que un Gobierno de transición pueda supervisar elecciones nuevas e imparciales.

Sin embargo, como Guaidó no controla al País —Zubillaga ni siquiera puede renovar su pasaporte venezolano— sus enviados operan en una zona gris diplomática. Muchos tienen empleos regulares. El representante en Suecia da clases en una escuela de negocios.

El estatus de los enviados depende del contexto. El emisario de Guaidó en Washington, Carlos Vecchio, es reconocido como Embajador. Zubillaga es “Señora Embajadora” entre el Grupo de Lima de naciones latinoamericanas y Canadá. Pero el Gobierno francés la llama “enviada especial”; a pesar de reconocer a Guaidó como Presidente, considera al designado de Maduro como el Embajador.

Muchos de los mismos diplomáticos de Guaidó son exiliados. Zubillaga huyó de Venezuela en el 2014 luego de que ella y su familia fueron objeto de una violenta invasión en su hogar y de que Diosdado Cabello, el segundo al mando del País, la llamó terrorista en televisión.

“Desperté a los niños a las 5:00 de la mañana, aún estaba oscuro, y dije: ‘hoy no vamos a ir a la escuela, vamos a Nueva York’”, me contó.

Después se mudaron a Madrid, donde Zubillaga tenía un empleo en una compañía de aceite de oliva orgánico, y obtuvo el pasaporte español. En las noches trabajaba para la Oposición venezolana, hablando con las familias de presos políticos.
Puesto que Zubillaga estaba familiarizada con Francia —tiene una maestría de la Sorbona— empezó a representar a la Oposición aquí. En el 2018, fue parte de una delegación recibida públicamente por el Presidente Emmanuel Macron. Ahora como “enviada especial” se reúne con regularidad con miembros del equipo de política exterior de Macron.

Gracias a la Oposición, “hay un consenso en el mundo de que tenemos una dictadura que ha hecho pedazos a la economía, que ha destruido la gobernabilidad, que tenemos un Estado fallido”, afirmó Zubillaga.

Dijo que el equipo de Guaidó desea estar listo para iniciar la reconstrucción del País tan pronto como él tome el control.
“Necesitamos presentarnos como un nuevo Gobierno que es serio, que es profesional y que es competente”, declaró. “Quiero que la transición sea muy civilizada y pacífica. Se darán cuenta de que tienen que irse”.

Pero ¿harán una diferencia estos esfuerzos valientes?

Washington ha intensificado las sanciones económicas contra el Gobierno de Maduro, pero parece tener pocos deseos de una intervención militar. Frank Mora, especialista en Latinoamérica en la Universidad Internacional de Florida, dijo que la presión internacional sobre Maduro es crítica, pero que no es suficiente para destituirlo, puesto que “las fuerzas de cambio tienen que ocurrir desde el interior del País”.

Al interior de Venezuela, sin embargo, el régimen suprime el disentimiento al detener, torturar y a veces asesinar a sus críticos; ha sido despiadado con desertores militares. Los grupos de derechos humanos señalan que desde el 2017, escuadrones de la muerte han ejecutado a miles de personas, con frecuencia dentro de sus hogares. Zubillaga y los millones de otros venezolanos que han huido de su País quizá nunca regresen a casa.

En fechas recientes, ella obtuvo un título adicional —Subcomisionada Presidencial para Asuntos Exteriores— y fue parte de una delegación venezolana en la Asamblea General de Naciones Unidas en NY. Pero un equipo de diplomáticos de Maduro también estuvo presente.

No pretendo saber lo que sucedería si la Oposición gobernara en Venezuela, pero tendría que ser una mejora. Como me conmueve el trabajo de Zubillaga, y por obligación periodística, pagué la cuenta en el café.

“Gracias por ayudar a la democracia venezolana”, dijo, antes salir apresurada para otra junta.

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