El agricultor que llevó el ‘oro rojo’ afgano por el mundo

El agricultor que llevó el ‘oro rojo’ afgano por el mundo

16 de mayo del 2019

En los primeros días del control del talibán en los 90, un trabajador agrícola poco remunerado comenzó a viajar a poblados en Afganistán con una idea para los agricultores: abandonen su cultivo de trigo y enfóquense en el azafrán.

El trabajador, Hashim Aslami, argumentaba que aunque cosechar la especia puede ser complicado y laborioso, los rendimientos financieros pueden ser sustanciosos: conocido como “oro rojo”, el azafrán pueden venderse en hasta mil 540 dólares el kilo en el mercado local y mucho más en otras partes. Incluso podría ser un sustituto económicamente competitivo para la amapola del opio, dijo.

Terminó por convencer a sus jefes, ganando una subvención de 100 dólares para iniciar un programa piloto para azafrán en cuatro granjas.

‘Oro rojo’: un negocio rentable en Afganistán

Dos décadas después, Aslami, un hombre de voz suave de 63 años, es uno de los orgullosos visionarios de una inusitada historia de éxito: una industria de exportación de 25 millones de dólares que no deja de crecer. Afganistán es ahora el tercer productor más grande de azafrán en el mundo, después de Irán e India.

Aslami ha ascendido a convertirse en el máximo asesor del Gobierno en el sector del azafrán, que él dice está creciendo en alrededor de un 20 por ciento al año.

“Salvo cuando estoy dormido, el resto del tiempo está totalmente dedicado al azafrán”, dijo Aslami con una sonrisa en su departamento en Kabul, donde vive con su esposa. Incluso sus sueños se han visto infiltrados por la especia.

“Una vez soñé que todos mis deseos habían sido cumplidos, que producíamos el 50 por ciento del azafrán del mundo y todas esas cosas. ¿Y qué iba a hacer yo ahora?”, relató.

En este momento, ese sueño está lejos de cumplirse. El azafrán de Afganistán representa sólo alrededor del 4 por ciento de la producción global.

De las aproximadamente 390 toneladas de azafrán producidas el año pasado, casi 15 provinieron de Afganistán, dijo Aslami. La mayoría provino de Irán, que es donde él aprendió sobre la especia. Llegó ahí como refugiado en 1981 para escapar a un régimen brutal.

Un sueño hecho de azafrán

El azafrán es cosechado de una variedad del género Crocus, una planta perenne y resistente que crece de bulbos y puede resistir el severo clima de Afganistán. Las flores, que contienen cada una tres estigmas que se convierten en la especia, tienen que ser recolectadas a mano en las primeras horas de la mañana, antes de que las flores se abran.

Las plantas florecen durante aproximadamente tres semanas al año, a fines de octubre y principios de noviembre. Después de ser recolectadas, las flores son secadas y se separan los estigmas.

Los recolectores deben usar ropa limpia, guantes y mascarillas, debido a que los olores más leves pueden ser absorbidos por la flor, lo que reduce la calidad de la especia.

A través de su trabajo, y a pesar de toda la zozobra en Afganistán, Aslami ha logrado prosperar. Dice sentirse feliz, pero está claro que no está totalmente satisfecho.

“Tal vez perdí muchas oportunidades en seguir este objetivo”, dijo.

“Podría haber ido a Europa, convertirme en ciudadano y haber tenido una vida de seguridad donde el futuro de mis hijos estuviera garantizado. Pero como un ser humano que tenía un objetivo en la vida, que tenía un ideal y trabajó para dedicarse a esa idea y difundirla, estoy 100 por ciento satisfecho”, comentó

“Pero lo que quería, lo que quiero”, dijo, al corregirse tras una pausa, “esa capacidad no ha sido creada”.

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