Cuando el yoga se convierte en un gran negocio

25 de abril del 2019

CorePower produce miles de maestros “certificados” en EEUU.

el negocio de la yoga

THE NEW YORK TIMES

Kalli Ridley acababa de terminar una clase de yoga cuando su instructor favorito se le acercó sonriendo y le dijo que podría ser una gran maestra. “Era como si vieran algo especial en mí”, dijo Ridley.

Pero convertirse en maestra en el estudio CorePower Yoga, en Minneapolis, Minnesota, donde Ridley tomaba clase, era menos sencillo de lo que había imaginado.

Luego de pagar mil 500 dólares por un programa de capacitación de 200 horas, repartidas en ocho semanas, se le pidió que completara un curso adicional de “extensiones” de 500 dólares, que nunca se mencionó en un principio.

Durante meses después, Ridley le preguntó al estudio sobre oportunidades de trabajo para ganar dinero con su capacitación. Nunca surgió una. Un año después, sigue pagando el costo.

De profesores a vendedores

En los estudios de yoga, los cursos de capacitación para maestros son una forma popular para que los instructores complementen su ingreso con clases aisladas y para que estudiantes avancen en su nivel de habilidad. Por lo general, no se le promueve como un trayecto profesional. Más bien, la capacitación para dar clases se ofrece como una especie de taller avanzado.

Sin embargo, CorePower, la cadena de estudios de yoga más grande de Estados Unidos, tiene un enfoque decididamente rentable: recluta a maestros como vendedores y los incentiva con bonos.

Documentos de evaluaciones de desempeño de la compañía dicen a maestros y gerentes cómo promover la programación de CorePower. Hay incentivos monetarios por niveles para maestros y gerentes con base en el tipo de clase y al número de gente que inscriben.

Tutoriales en video aconsejan las mejores prácticas para presentar, en particular, el argumento de ventas sobre los cursos de capacitación para maestros, sin ninguna mención de que podrían terminar costando miles de dólares. (“El elogio valida y alienta a tus estudiantes”, dicen los textos en uno de esos videos, titulado “Cierra el trato y deja las cosas abiertas”).

Una fachada llamada CorePower

CorePower se describe a sí misma como una compañía de acondicionamiento físico motivada por su misión y dedicada a cambiar vidas, todo al tiempo que se expande a ciudades nuevas todos los años.

La empresa se convirtió en un imperio del acondicionamiento físico del gusto popular, con 200 ubicaciones en Estados Unidos, que van desde centros comerciales suburbanos hasta Hollywood, donde Chris Pratt y Colin Farrell presuntamente han tomado clases.

La compañía también ha enfrentado cuatro demandas laborales, una de las cuales sigue sin resolverse. En la más reciente, alrededor de mil 200 maestros argumentan que CorePower les paga menos del salario mínimo debido a la cantidad de trabajo fuera de horas laborales que se les exige realizar.

Muchos maestros de yoga dan clases a cambio de muy poco dinero. Parte de eso es cultural: las clases con descuento o basadas en donaciones ayudan a atraer nuevos clientes y encajan en la ética espiritual. Pero también es resultado de una saturación de maestros: de acuerdo con un sondeo del 2016, hay dos personas capacitándose para dar clases por cada maestro existente de yoga. (De acuerdo con ese mismo sondeo, 33 por ciento ni siquiera da clases por vocación, sin más bien como “un pasatiempo que me hace sentir bien”).

Más maestros que alumnos

CorePower produce miles de maestros “certificados” más de los que la compañía ofrece emplear.

Algunos egresados sí se convierten en maestros, mientras que otros se van a dar clases a otras partes. Pero en entrevistas con The New York Times, 10 personas dijeron sentirse engañadas sobre el propósito, costo o duración de la capacitación para maestros de CorePower, o se sintieron presionadas para engañar a otros.

Kalli Ridley ha continuado practicando en CorePower.

En un hospital donde trabaja como enfermera, Ridley imparte ejercicios de respiración que aprendió en CorePower a pacientes ansiosos, observando mientras bajan sus ritmos cardíacos. Todavía tiene esperanza de dar clases y no se arrepiente del yoga que aprendió en la capacitación; sólo de la falta de oportunidades laborales.

También aprende a vivir con eso. “En lo que se refiere a cuidar de ti mismo, realmente creo que es una buena inversión”, dijo.

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