Económicamente hablando, el mundo es lento y gordo

22 de junio del 2019

Compañías ‘zombie’ se niegan a ser enterradas.

Económicamente hablando, el mundo es lento y gordo

La recuperación de Estados Unidos de la Gran Recesión cumplió 10 años hace poco, lo que iguala la expansión estadounidense más larga desde que se empezaron a llevar registros en la década de 1850. La recuperación global también cumplirá 10 años en enero, si es que dura hasta entonces, y eso también sería un récord.

Pero ha habido pocas celebraciones, en parte debido a que las tensiones comerciales han desacelerado aún más el ritmo de la recuperación.

Desde que terminó la recesión, la economía ha crecido aproximadamente 2 por ciento al año en Estados Unidos y 3 por ciento en todo el mundo, ambas casi un punto por debajo del promedio para las recuperaciones en la era de posguerra.

¿Qué explica la recuperación más larga y débil que se ha registrado? Yo culpo a las consecuencias involuntarias de los enormes programas de rescate gubernamental, que han continuado desde que terminó la recesión.

Antes del 2008, más fronteras comerciales abiertas y mejores comunicaciones vía internet promovieron un crecimiento sólido al crear igualdad de condiciones, lo que inspiró a Thomas Friedman, columnista de The New York Times, a declarar que “el mundo es plano”.

Sin embargo, una vez que llegó la crisis, los gobiernos erigieron barreras para proteger a las compañías nacionales. Los bancos centrales imprimieron dinero agresivamente para restablecer un crecimiento alto. En lugar de ello, el crecimiento regresó en una nueva forma floja, al tiempo que dinero fácil apuntalaba a compañías ineficientes y les daba a las grandes corporaciones acceso favorable a crédito barato, alentándolas a volverse aún más grandes.

Si el mundo era plano y rápido antes del 2008, hoy es gordo y lento.

Los banqueros centrales habían esperado que las bajas tasas de interés incentivaran la inversión, elevando la productividad y estimulando el crecimiento. Pero un estudio reciente de la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos muestra que las tasas bajas dieron a las grandes compañías un incentivo y un medio para volverse más grandes. Al crecer su poder, la tajada de los trabajadores del ingreso nacional se ha contraído, alimentando la desigualdad, y el enojo.

Al tiempo que las grandes compañías se vuelven más dominantes, la vida se torna más difícil para los emprendedores. Las empresas de arranque representan una porción en declive de todas las compañías en Gran Bretaña, Italia, España, Suecia, Estados Unidos y muchas otras economías industrializadas.

Estados Unidos genera empresas de arranque, y cierra compañías establecidas, a los índices más bajos desde por lo menos los 70.

El Banco de Pagos Internacionales, el banco global que brinda servicio a los bancos centrales, dice que las tasas bajas avivan el surgimiento de “firmas zombie”, que no generan ganancias suficientes para cubrir sus pagos de intereses y sobreviven al refinanciar repetidamente sus préstamos.

Las zombies representan ahora el 12 por ciento de las compañías que se cotizan en mercados bursátiles en las economías avanzadas y el 16 por ciento en Estados Unidos, en comparación con el 2 por ciento en los 80. Las compañías sobreviven en “estado zombie” más tiempo, con lo que agotan la productividad de compañías sanas al competir con ellas por capital, materiales y mano de obra.

Estos son, entonces, los sellos distintivos del mundo gordo y lento: corporaciones más grandes, competencia a la baja y menos empresas de arranque, que en conjunto socava y desacelera a economías de por sí obstaculizadas por una caída en el crecimiento de la población en edad de trabajar.

Una economía global dominada por compañías grandes y endeudadas luce floja, pero, en opinión de muchos comentaristas, también muy estable. Incluso al tiempo que las guerras comerciales socavan el crecimiento económico, la mayoría de los inversionistas supone que los bancos centrales saldrán al rescate antes de que el asunto se deteriore en una recesión declarada.

Un mundo sin recesiones podría parecer progreso, pero las recesiones pueden ser como los incendios forestales, al eliminar maleza muerta en la economía para que puedan crecer nuevos retoños. En últimas fechas, el ciclo de regeneración se ha suspendido, al tiempo que los gobiernos extinguen el primer destello de recesión entrante con baldes de dinero fácil y nuevo gasto.

Ahora, los experimentos en estímulo permanente debilitan el proceso de destrucción creativa que está al centro de cualquier sistema capitalista y crean zombies descomunales más rápido que empresas de arranque.

Suponer que los bancos centrales pueden mantener indefinidamente a raya la siguiente recesión representa una autocomplacencia peligrosa. Los niveles de deuda corporativa siguen aumentando, al igual que las deudas y déficits gubernamentales. Si hay una ruptura repentina en la confianza, el daño será mucho mayor y los gobiernos podrían verse demasiado en la quiebra como para contenerla.

Hasta entonces, estamos en un mundo gordo y lento.

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