En Sudán derrocaron al dictador, pero se quedó su sicario

20 de junio del 2019

La violencia consolidó el ascenso de Hamdan.

En Sudán derrocaron al dictador, pero se quedó su sicario

Otrora un comerciante de camellos que lideró una milicia acusada de violencia genocida en Darfur, el Teniente General Mohamed Hamdan ahora se encuentra en el pináculo del poder en Sudán, viendo las calles desde su oficina en lo alto de la sede del Ejército en la Capital.

Desde allí, puede ver el sitio donde su unidad paramilitar, las Fuerzas de Apoyo Rápido, dispersó a miles de manifestantes a favor de la democracia en un estallido de violencia que comenzó el 3 de junio. Las tropas quemaron tiendas de campaña, violaron a mujeres y mataron a decenas de personas, algunas arrojadas al Nilo, reportan testigos.

La violencia consolidó el ascenso de Hamdan, ampliamente conocido como Hemeti, que, de acuerdo con la mayoría, es ahora el gobernante de facto de Sudán.

Hamdan fue un sicario para el Presidente Omar Hassan al-Bashir, el brutal dictador que gobernó a Sudán durante 30 años. Cuando los manifestantes llenaron las calles en abril, clamando por la destitución de Al-Bashir, el Ejército lo depuso. Pero cuando los manifestantes exigieron una transición inmediata a un gobierno civil, los generales se negaron a ceder.

Al estancarse las conversaciones para compartir el poder el 3 de junio, las Fuerzas de Apoyo Rápido iniciaron su represión. Médicos sudaneses estimaron que hubo 118 muertos.

“Si no hubiera llegado a esta posición, el país se habría perdido”, dijo Hamdan, de 45 años, en una entrevista inusual con un periodista occidental. No respondió a las preguntas sobre acusaciones de que sus tropas cometieron atrocidades, citando una investigación en marcha que pronto divulgará sus hallazgos.

Hamdan dijo que sus tropas habían sido incitadas a la acción por lo que él llamó “provocaciones incalificables”.

“Un manifestante sacó esto”, dijo, señalando su entrepierna, “y lo agitó a nuestros soldados. Nuestro vehículo fue destrozado frente a nosotros y lo filmaron en vivo. Hubo muchas provocaciones”.

Sudán está formalmente bajo el Gobierno del Teniente General Abdel Fattah al-Burhan, un oficial del Ejército de edad avanzada que dirige el Consejo Transicional Militar que le arrebató el poder a Al-Bashir el 11 de abril. Pero pocos dudan que Hamdan es el verdadero poder. Bajo su control, las Fuerzas de Apoyo Rápido han sofocado insurgencias en Sudán y peleado a sueldo en Yemen como parte de la coalición liderada por los sauditas. La guerra lo ha vuelto rico.

Al enfrentar la condena internacional, los oficiales tratan de dar forma a una explicación para la violencia del 3 de junio. El General Nooreldeen Ahmed, que encabeza la unidad de derechos humanos de las Fuerzas, calificó de “noticias falsas” a las versiones de atrocidades. Los manifestantes dicen que tienen imágenes que documentan asesinatos y golpizas. Pero debido a que la Internet ha sido deshabilitada, no pueden distribuirlas.

Hay indicios de que su dominio de Jartum ha avivado la ira dentro del Ejército regular, donde algunos lo ven como un advenedizo insolente. Las tensiones estallaron abiertamente el 13 de junio, cuando el Consejo Transicional Militar señaló que había frustrado un aparente complot para un golpe de Estado liderado por oficiales del Ejército. Pero desalojar a Hamdan requeriría que el Ejército iniciara una guerra civil en las calles de Jartum, dijo un funcionario occidental que pidió no ser identificado.

Poderosos intereses económicos unen a los generales. Bajo el Gobierno de Al-Bashir, acapararon secciones completas de la economía, dijo Suliman Baldo, de Enough Project, una ONG que busca poner fin a las atrocidades en las zonas de conflicto africanas.

“Esto no tiene que ver sólo con el poder; se trata de dinero”, dijo. “Comandantes del Ejército y Hemeti están hasta el cuello en ganancias corruptas —por eso tienen cero tolerancia para el gobierno civil en Sudan”.

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