Médicos de Sudán documentaron asesinatos de manifestantes

25 de abril del 2019

Agentes de seguridad persiguieron y golpearon al manifestante prodemocrático.

Sudán New York Times

New York Times

Ser doctor es algo que fue muy peligroso admitir en Sudán en meses recientes.

Los médicos fueron actores clave para organizar las masivas protestas que depusieron hace poco a Omar Hassan al-Bashir, su líder autócrata durante mucho tiempo. El gremio fomentó un poderoso, aunque incierto, movimiento en pro de la democracia.

“Los doctores tuvieron un gran papel, y todavía tienen un gran papel, en esta revolución”, dijo Mohamed Nagy al-Asam, de 28 años. Él es líder de la Asociación de Profesionales Sudaneses, una alianza semisecreta de médicos, abogados, periodistas, ingenieros y maestros.

Todo comenzó con protestas por los precios del pan

En Sudán, donde el gobierno y sus milicias aliadas habían cometido atrocidades por todo el sur y el oeste del país durante décadas, un grupo de doctores, conjuntamente con la Asociación de Profesionales Sudaneses, ayudaron a transformar en un movimiento coherente, lo que comenzó como una serie de protestas por los precios del pan.

El régimen de Al-Bashir veía a los doctores con sospecha desde 1989, cuando un golpe de Estado lo llevó al poder. Parte de la primera resistencia organizada fue liderada por médicos.

En medio del amiguismo y la represión del Gobierno de Al-Bashir, muchos médicos sudaneses abandonaron el país. Algunos que se quedaron se alinearon con el régimen, pero el deterioro en las condiciones fomentó el descontento y llevó a muchos a expresarse.

Otros grupos profesionales hacían lo mismo, y se unieron en la Asociación de Profesionales Sudaneses.

Los médicos documentaron la represión

Durante las recientes protestas, los doctores habilitaron clínicas y trataron heridas por arma de fuego, efectos del gas lacrimógeno y otras lesiones.

Cuando asesinaban a los manifestantes, los galenos procuraban asegurar la documentación de las heridas fatales.

Tomaban previsiones antes de que el gobierno pudiera encubrir la causa de las muertes. Tomaban fotografías de manifestantes heridos, copiaban historiales médicos y enviaban el material a organizadores de protestas.

Pero esto convirtió a los doctores y centros médicos en blancos de las fuerzas de seguridad del Gobierno. Cuando Al-Asam aceptó convertirse en el rostro del movimiento a principios de enero, dijo que sabía que sería arrestado. Fuerzas paramilitares lo localizaron y lo llevaron a Kober, la prisión principal del país.

El 6 de abril, la Asociación de Profesionales Sudaneses hizo un llamado para una marcha en los cuarteles del Ejército.

Ese día, en lugar de dispersar a los manifestantes, los soldados permitieron que los manifestantes realizaran un enorme plantón frente a la puerta. Al-Asam podía escuchar lo que coreaban desde Kober.

Cinco días después, Al-Bashir fue destituido en un golpe perpetrado por oficiales del Ejército que parecían actuar en respuesta a las manifestaciones.

Se le dijo a Al-Asam que podía irse. Se cambió de ropa y se cortó el cabello. Regresó a la multitud de manifestantes reunidos afuera de los cuarteles del Ejército.

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