Extremistas aún asolan a Nigeria

23 de septiembre del 2019

Reportes indican que el Ejército nigeriano está desmoralizado y a la defensiva.

Extremistas aún asolan a Nigeria

Una cicatriz nueva se extendía verticalmente sobre el estómago de Abdul, de 10 años, resultado de un bombazo suicida de Boko Haram en junio que lanzó metralla que rasgó su vientre.

Una media docena de otros niños se arremolinaron a su alrededor y se levantaron las camisas. Todos tenían cicatrices similares del ataque que cobró 30 vidas.

Se supone que la guerra de Nigeria contra el grupo extremista islamista Boko Haram debía haber concluido para ahora. El Presidente Muhammadu Buhari, un exgobernante militar, fue reelecto a principios de año tras hacer alarde de sus avances en el combate a Boko Haram.

Ha declarado una y otra vez que el grupo ha sido “técnicamente derrotado”. El 10 de septiembre, el Presidente admitió que “sus miembros aún son un fastidio”.

Sin embargo, tras una década de haber iniciado la guerra, los milicianos de Boko Haram aún rondan por el campo con impunidad. Sus combatientes ahora tienen drones más sofisticados que el Ejército y están bien armados tras incursiones exitosas a brigadas militares, dijeron políticos locales y analistas de seguridad.

Los milicianos controlan cuatro de las 10 zonas en el Estado de Borno, en el norte del país, cerca del Lago Chad, de acuerdo con analistas de seguridad y un funcionario federal. Están perpetrando ataques casi a diario. Para la gente en aldeas como Konduga, la derrota de Boko Haram parece estar lejana.

Muchos reportes indican que el Ejército nigeriano está desmoralizado y a la defensiva. Algunos soldados se han quejado de que no han obtenido licencia para volver a casa en tres años. Sus armas y vehículos están en mal estado.

El Ejército anunció en agosto que estaba retirando sus tropas de puestos de avanzada lejanos y concentrándolas en asentamientos fortificados que llama “súper campamentos”.

Los súper campamentos se hallan dentro de pueblos resguardados donde, en años recientes, el Ejército nigeriano asentó a decenas de miles de civiles —después de que Boko Haram los ahuyentó o que los soldados incendiaron sus aldeas y los reunireron allí afirmando que eso aseguraría la zona rural.
Los pueblos resguardados están rodeados de trincheras para frenar las invasiones de milicianos, pero la retirada les ha dado a los combatientes de Boko Haram rienda suelta en el campo desolado.

Hace sólo unos años, la situación lucía más optimista. En el 2015, luego de que Buhari fue electo por primera vez, el Ejército nigeriano logro un gran avance en hacer retroceder a Boko Haram. Expulsó a combatientes de Maiduguri, la Capital estatal, y de ciudades pequeñas que Boko Haram había capturado, siguiéndolos hasta sus escondites en el bosque.

Sin embargo, en años recientes, a medida que se ha alargado la guerra, la atención de Nigeria ha sido desviada por problemas de seguridad en otros sitios.

Los comandantes militares, enfrentando quejas de que su estrategia es vieja e infructuosa, afirman que los súper campamentos son una forma nueva y más eficaz de lidiar con una insurgencia que ahora puede lanzar ataques más complejos contra el Ejército.

No obstante, algunos funcionarios llaman a los súper campamentos una retirada hecha y derecha. Un funcionario federal, quien pidió el anonimato por temor a que criticar al Ejército pusiera en riesgo su seguridad, dijo que los soldados simplemente se estaban atrincherando dentro de los súper campamentos.

El funcionario reveló que los combatientes de Boko Haram están saqueando el equipo que los soldados dejan atrás al tiempo que abandonan sus puestos para ir a los súper campamentos.
Algunos soldados han huido ante los ataques en vez de quedarse a pelear, según relatos de los residentes.

En algunas zonas fuera del alcance del Ejército, la gente dice que ahora simplemente toleran la presencia de los milicianos. Los residentes locales han vuelto a sus granjas para ganarse la vida, prefiriendo eso en lugar de ser arreados a campamentos atestados propensos al cólera y otras enfermedades.

Maiduguri, un importante centro de actividad comercial para el norte de Nigeria, no ha sido atacado en meses, pero los funcionarios aseguran que la Ciudad está rodeada de milicianos. A fines de agosto, Boko Haram saqueó comida y ropa de una comunidad en las afueras de Maiduguri, de acuerdo con miembros de una fuerza de combatientes justicieros que asiste al Ejército.

Desde un puesto de avanzada con vista al territorio, los justicieros señalaron a la distancia, hacia dos campamentos conocidos de Boko Haram a menos de 8 kilómetros de allí.

Un justiciero apodado Loco tomó su escopeta de doble cañón y trepó a lo alto de una valla de metal para fungir como vigía, la última línea de defensa para el flanco sureste de la Ciudad contra Boko Haram.

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