Farmacéuticas presumen de ayudar países pobres

20 de julio del 2019

Compiten en el Índice de Acceso a los Medicamentos, que califica sus esfuerzos caritativos.

Farmacéuticas presumen de ayudar países pobres

Hace veinte años, miles de africanos morían de sida todos los días mientras las empresas farmacéuticas se quedaban de brazos cruzados, murmurando su conmiseración, pero afirmando que no podían darse el lujo de reducir los precios de sus medicamentos de 15 mil dólares al año para tratar el VIH.

La industria farmacéutica ha visto enormes cambios en el curso de las últimas dos décadas. Medicinas potentes antes disponibles sólo en los países ricos ahora se distribuyen en las regiones más remotas del mundo, salvando millones de vidas al año.

Casi 20 millones de africanos actualmente reciben tratamiento para el VIH, por menos de 100 dólares al año. Fármacos de primera calidad para la malaria, tuberculosis, hepatitis C y algunos cánceres ahora se venden a precios bajos en países de escasos recursos.

Muchas de las 20 farmacéuticas más grandes del mundo ahora presumen de cómo ayudan a los países pobres. Compiten en el Índice de Acceso a los Medicamentos, que califica sus esfuerzos caritativos.
Varias de ellas incluso cooperan con las empresas indias de fármacos genéricos que alguna vez tacharon de “piratas” al otorgarles licencias de patentes para que los fabricantes de genéricos puedan producir medicamentos baratos para África, Asia y Latinoamérica.

Pero aún hay oportunidades de crecimiento. La mayor parte del progreso de la industria se limita a unas cuantas compañías y sus esfuerzos dependen demasiado de donadores, de acuerdo con un reporte emitido el mes pasado por la Fundación Acceso a los Medicamentos, que publica el índice, y entrevistas con expertos.

A medida que aumenta la expectativa de vida en los países en vías de desarrollo, están incrementando las muertes a causa del cáncer, la diabetes y los problemas cardiacos. Las farmacéuticas no han sido tan veloces a la hora de proporcionar tratamientos para padecimientos crónicos.

“La situación aún es frágil”, dijo Jayasree K. Iyer, directora ejecutiva de la fundación. “Si alguna de las empresas da marcha atrás o se reducen las inversiones en el sector de la salud, el progreso logrado hasta ahora correrá peligro”.

El índice ahora califica a las 20 empresas estadounidenses, europeas y japonesas más grandes en cuanto a sus esfuerzos por distribuir medicamentos a los pobres del mundo. GSK, antes GlaxoSmithKline, ha ganado todos los años.

Johnson & Johnson, Novartis, Sanofi y Merck KGaA, con sede en Alemania, han tenido puntuaciones altas de manera habitual.

La Fundación Acceso a los Medicamentos publicó hace poco una retrospectiva de lo que ha cambiado desde que fue creada en el 2005 por Wim Leereveld, un holandés.

En 1998, con 250 mil de sus ciudadanos muriendo de sida cada año, el Parlamento de Sudáfrica legalizó la suspensión de patentes farmacéuticas para que el Gobierno pudiera importar medicamentos genéricos.

Casi de inmediato, 39 empresas interpusieron una demanda para revocar la ley. Tras enfrentar la condena internacional, desistieron en el 2001.

“Quedé horrorizado”, dijo Tadataka Yamada, que trabajaba en GlaxoSmithKline. “Pasó de ser una de las industrias más respetadas del mundo a una que apenas estaba por encima de la tabacalera”.

Un punto de inflexión ocurrió en el 2001, cuando Cipla, una empresa india, ofreció medicamentos para el VIH a Médicos Sin Fronteras a un costo de 350 dólares por paciente al año. La oferta reveló los enormes márgenes de ganancia que habían estado manejando las empresas farmacéuticas.

Cuando Leereveld comenzó a emitir su clasificación en el 2008, dijo, las empresas ignoraban sus solicitudes de datos. Tuvo que recurrir a fuentes públicas.

Luego cambiaron las cosas.

Antes de la publicación de la primera clasificación, les comunicó a las 20 empresas cómo serían retratadas.

“Ocho de ellas dijeron que algunas de nuestras respuestas eran erróneas, así que participaron”, dijo.

“Dos años más tarde, las 20 respondieron”.

Yo Takatsuki, ejecutivo en Axa Investment Managers en Londres, dijo que las empresas farmacéuticas han comenzado a ver un nuevo motivo para la distribución de sus medicinas en países pobres: las ganancias a futuro.

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