¿Cómo puede ser la ‘fusión’ una solución climática?

¿Cómo puede ser la ‘fusión’ una solución climática?

5 de junio del 2019

Un pequeño grupo de científicos se reunió frente a un panel de pantallas computacionales en una bodega cerca de la Universidad de Oxford.

Comenzó a sonar una sirena.

Un científico empezó a contar en voz alta, “10, 20, 30”, al tiempo que una voluminosa máquina detrás de gruesas paredes en la sala contigua era llenada con energía electromagnética.

El científico dio la orden: “¡disparen!”. Un estallido reverberó por el edificio. El equivalente a cientos de rayos cayendo al mismo tiempo acababa de explotar.

Los científicos habían dado un pequeño paso hacia aprovechar la energía del universo.

La promesa de la fusión parece fantástica e inaccesible: es la energía detrás del Sol y las estrellas. Cuando núcleos de hidrógeno se fusionan para convertirse en átomos más pesados, la transformación libera un estallido tremendo de energía, creando la luz solar. Sin ella, el universo sería frío, oscuro y carente de vida.

Desde los 30, los científicos han intentado explotar la fusión, al pensar que podría impulsar a las plantas de energía eléctrica del futuro.

La fusión de átomos de hidrógeno exige un calor y presión increíbles, y durante décadas la investigación sobre fusión había sido ámbito exclusivo de la ciencia a gran nivel.

Ahora, la fusión atrae a emprendedores de mentalidad científica dispuestos a realizar una apuesta a largo plazo. Consideran que las compañías pequeñas son más ágiles que los colosos financiados por el Gobierno. Son sensibles a las crecientes alarmas sobre el impacto del cambio climático y quieren crear una fuente de poder con millones de veces el potencial energético del petróleo y el gas, sin las emisiones de carbono.

Los proponentes de la fusión también dicen que carece de la mayoría de los riesgos de las plantas nucleares contemporáneas, que funcionan con base en dividir, no unir, átomos— y que tiene ventajas sobre las energías eólica y solar.

First Light Fusion fue fundada hace ocho años por Nick Hawker, en ese entonces estudiante de doctorado en la Universidad de Oxford, y Yiannis Ventikos, su asesor de tesis. Hawker, el director ejecutivo de la compañía, de 33 años, ve a la fusión como una forma de combatir el calentamiento del planeta. “Realmente necesitamos nuevas tecnologías o de lo contrario las cosas van a ser muy difíciles”, dijo.

Los experimentos de fusión por lo general involucran sobrecalentar una sopa en ebullición de átomos conocida como plasma dentro de un aparato en forma de dona llamado Tokamak, que exige cantidades enormes de energía y materiales que pueden resistir temperaturas de más de 100 millones de grados centígrados.

En lugar de eso, Hawker dispara balas en forma de discos de 1.5 centímetros de diámetro a velocidades de casi 80 mil kilómetros por hora contra una gota de isótopos de hidrógeno revestida de plástico transparente —un pellet de combustible— desde centímetros de distancia. La colisión comprime al pellet y su objetivo es crear las condiciones para fusionar átomos de hidrógeno para formar helio.

En los planes de Hawker, esa liberación de calor, escalada y repetida, a la larga impulsará a plantas que generan electricidad.

Machine 3, el primer reactor de fusión potencial de First Light, de casi 5 millones de dólares, dispara proyectiles con una descarga electromagnética que puede alcanzar 200 kilovoltios y más de 14 millones de amperes —imaginen 500 rayos simultáneos— en menos de 2 millonésimas de segundo.

First Light Fusion pertenece a la Asociación de la Industria de la Fusión, de 17 miembros, un grupo de la industria para compañías privadas que trabajan en la comercialización de la fusión.

Hawker espera lograr la fusión este año y entonces recaudar dinero para una máquina más avanzada.

Los escépticos sostienen que la fusión siempre podría estar más allá de nuestro alcance. Los creyentes ven una oportunidad para incursionar pronto.
IP Group, que invierte en empresas derivadas de universidades, es el accionista principal de First Light, con una participación de 11 millones de libras esterlinas, o alrededor de 14.3 millones de dólares.

“No se topa uno con frecuencia con una forma totalmente nueva de generar energía limpia”, dijo Robert Trezona, director de tecnología limpia en IP Group.

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