Granjeros de EE.UU. apuestan a Trump en guerra con China

Granjeros de EE.UU. apuestan a Trump en guerra con China

12 de junio del 2019

Desde el inicio, la estrategia comercial combativa del Presidente Donald J. Trump respecto a China ha conllevado la promesa de que las molestias a corto plazo infligidas a los granjeros valdrían la pena por las ganancias a más largo plazo para los productores de Estados Unikdoi, desde agricultura hasta tecnología.

A medida que se intensifica la guerra comercial, la fe en esa propuesta entre los partidarios rurales más incondicionales del Presidente está siendo puesta a prueba más que nunca.

“¿Qué tanto tiempo es corto plazo?”, se preguntó Shane Goplin, un agricultor de sexta generación que cultiva soya y maíz en el área centro-oeste de Wisconsin, mientras manejaba su sembradora de 16 surcos.

China era el comprador más grande de soya de Estados Unidos hasta que los aranceles de represalia prácticamente detuvieron el flujo.

Enfrentan la caía de los precios

En mayo, las mermadas probabilidades de llegar a un acuerdo comercial llevaron de nuevo a una caída en los precios. Trump respondió anunciando un paquete de 16 mil millones de dólares para ayudar a los afectados por la disputa.

La estrategia podría ayudar a apuntalar el apoyo de los granjeros a Trump, pero los deja con una interrogante: a final de cuentas, ¿cómo luce el éxito?

A pesar de los estragos a la cuenta bancaria y la tranquilidad de Goplin, apoya las tácticas del Presidente. “Entiendo por qué lo está haciendo”, afirmó.

“Han abusado de Estados Unidos”. Y si persistía la guerra comercial hasta las elecciones del año entrante, agregó, “estaría conforme con ello”.

El anterior paquete de ayuda de emergencia de 12 mil millones de dólares de la Administración significó la diferencia entre ganancias y pérdidas en la soya de Goplin.

Sin embargo, determinar si un acuerdo valdrá la pena el costo es más difícil de calcular. Varios agricultores dijeron que si Trump declaraba que había llegado a un buen acuerdo con China, creerían en su palabra.

“No creo que vaya a ceder hasta que no obtenga lo que quiere”, dijo Lorenda Overman, una agricultora y criadora de cerdos en Carolina del Norte.

Otros productores sugirieron que un aumento en los precios de la soya o una disminución en el déficit comercial del país con China sería señal de una victoria. No obstante, a Goplin le preocupa que, a medida que continúa el impasse con China, productores de soya como Brasil y Argentina puedan desplazar permanentemente a proveedores de Estados Unidos.

Ese es un riesgo, dijo, igual que el clima extremo, la restricción crediticia y los precios volátiles que han cimbrado la suerte de los agricultores en la última década.

Y con las ganancias a la baja, cargas de deuda más pesadas de lo normal y el alza de la quiebra de granjas, Goplin, de 45 años, entiende que para algunos productores, ya es demasiado tarde.

Había terminado de sembrar 200 hectáreas de soya en mayo, unos días después de que el Presidente anunció en Twitter que impondría más aranceles a China. Ahora, Goplin estaba pasando entre 16 y 18 horas diarias sembrando maíz en 810 hectáreas.

Para él, una medida de éxito sería una reducción marcada en el excedente de soya del País, conocido como remanente. En abril, el Departamento de Agricultura pronosticó que el remanente de soya alcanzaría 3.2 millones de metros cúbicos en septiembre, más del doble que en el 2018.

Granjeros de Estados Unidos son víctimas de su propio éxito

Estàn produciendo más granos y alimento de lo que puede absorber el mercado mundial. Los agricultores en otros países, en ocasiones ayudados por subsidios gubernamentales o cuotas de importación, están peleando por una participación del mercado, llevando los precios a la baja.

Goplin habló sobre el embrollo del comercio y el excedente en la oferta con su amigo Joe Bragger, de 53 años, un productor lechero de sexta generación en el cercano Condado de Buffalo. “Llevamos con esto dos años”, comentó Bragger sobre la disputa comercial de la Administración. “Puedo tolerar algunos más”.

Goplin soltó una carcajada. “El tuit del otro domingo costó caro”. Hizo una pausa, al recordar que el día después de que Trump advirtió en Twitter que aplicaría más aranceles a productos chinos, el precio del metro cúbico de soya cayó más de 10 centavos de dólar.

“¿Cuánto te costó a ti?”, preguntó Bragger.

“Fue un tuit de 40 mil dólares”, respondió Goplin.

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