Hacer tareas por encargo es un negocio antiético pero lucrativo

15 de septiembre del 2019

Hay estudiantes que se gradúan sin haber hecho tareas.

Hacer tareas por encargo es un negocio antiético pero lucrativo

El pago de la colegiatura se había vencido, al igual que el de la renta. Así que Mary Mbugua, una estudiante universitaria en Nyeri, Kenia, buscó empleo. Primero intentó vender pólizas de seguros. Luego trabajó en la recepción de un hotel, pero éste se topó con problemas financieros.

Finalmente, una amiga le ofreció ayudarla a entrar en la “redacción académica”, una industria lucrativa en Kenia que implica hacer tareas escolares en línea para estudiantes universitarios en Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia. Mbugua entró en conflicto.

“Esto es hacer trampa”, dijo. “Pero, ¿tiene uno opción? Tenemos que ganar dinero. Tenemos que ganarnos la vida”.

Desde que fiscales en Estados Unidos acusaron este año a un grupo de orientadores y padres ricos en un gran esquema de fraude y sobornos, las ventajas que gozan los estudiantes ricos estadounidenses en las admisiones universitarias han sido objeto escrutinio. Menos atención se ha puesto a las tretas que utilizan algunos estudiantes una vez inscritos.

Hacer trampa en la universidad no es nada nuevo, pero la internet ahora lo hace posible a una escala global e industrial. Han aparecido sitios en internet impecables —con nombres como Ace-MyHomework y EssayShark— que permiten a la gente de países en desarrollo ofrecerse a cumplir con tareas escolares.

Si bien negocios así han existido desde hace más de una década, los expertos dicen que la demanda ha crecido a medida que los sitios se han vuelto más sofisticados, con líneas directas de servicio al cliente y garantías de devolución del dinero. ¿El resultado? Millones de ensayos ordenados anualmente en una enorme industria mundial que proporciona ingresos suficientes para que algunos redactores lo conviertan en un empleo de tiempo completo.

La industria de ensayos por encargo ha crecido de manera significativa en los países en desarrollo con muchos angloparlantes, conexiones veloces a internet y más graduados universitarios que empleos, especialmente Kenia, India y Ucrania. Un grupo en Facebook para escritores académicos en Kenia cuenta con más de 50 mil miembros.

Tras un mes de capacitación, Mbugua empezó a producir ensayos sobre todo, desde si los humanos deberían colonizar el espacio hasta la eutanasia. Durante su mejor mes, ganó 320 dólares, más dinero que el que había ganado en toda su vida.

Un estudio del 2005 de estudiantes en norteamérica encontró que el 7 por ciento de los universitarios admitieron haber entregado trabajos escritos por alguien más, mientras que el 3 por ciento reconoció haber obtenido ensayos de plataformas en línea. Cath Ellis, una investigadora del tema, dijo que millones de ensayos son ordenados en línea cada año en todo el mundo.

“Es un enorme problema”, dijo Tricia Bertram Gallant, directora de la Oficina de Integridad Académica en la Universidad de California, en San Diego. “Si no hacemos nada al respecto, convertiremos a todas las universidades acreditadas en fábricas de títulos universitarios”.

Cuando surgieron estos sitios en internet hace más de una década, incluían referencias veladas a tutorías y servicios de edición, dijo Bertram Gallant, que también es miembro del consejo del Centro Internacional para Integridad Académica. Ahora los sitios son descarados.

“Puedes estar tranquilo sabiendo que nuestros escritores expertos y confiables producirán un ensayo de alta calidad y 100 por ciento libre de plagios escrito sólo para ti”, reza la publicidad de Academized, que cobra 15 dólares por página por un ensayo para un estudiante de primer año de universidad entregado en dos semanas, y 42 dólares por página por un ensayo entregado en tres horas.

“No importa qué clase de trabajo académico necesites, es sencillo y seguro contratar a un redactor de ensayos por un precio accesible”, promete EssayShark.com. “Ahórrate el tiempo”.

Vía email, EssayShark señaló que la compañía no consideraba que sus servicios equivalieran a hacer trampa, y que advertía a los estudiantes que los ensayos son para “propósitos de investigación y referencia únicamente” y no para hacerlos pasar como el propio trabajo de un estudiante.
Bill Loller, vicepresidente de administración de productos para Turnitin, compañía que desarrolla software para detectar plagios, dijo que algunas universidades tienen estudiantes que nunca han completado una sola tarea. “Todo lo han contratado”, indicó.

Hacer trampa por contrato es más difícil de detectar que los plagios porque los ensayos de escritores fantasma no serán identificados cuando se comparan con una base de datos de ensayos previamente presentados; por lo general son trabajos originales.

Sin embargo, este año Turnitin tiene un nuevo producto llamado Authorship Investigate, que utiliza un sinfin de pistas para intentar determinar si un trabajo fue escrito por el estudiante.

En Kenia, país con un ingreso anual per cápita de unos mil 700 dólares, los redactores pueden ganar hasta 2 mil dólares al mes, de acuerdo con Roynorris Ndiritu, de 28 años, que dijo haber prosperado escribiendo ensayos.

Muchas personas en Kenia dijeron que no consideraban que la práctica fuera poco ética.

En un extraño giro a la globalización y el outsourcing, algunos sitios han empezado a anunciar sus lazos estadounidenses, a medida que más escritores extranjeros se han unido a la industria. Un sitio enumera “regresar empleos a Estados Unidos” como un objetivo clave.

Redactores estadounidenses, que cobran hasta 30 dólares por página, dicen ofrecer un servicio de más alta calidad, sin ortografía británica o modismos que pudieran despertar sospechas sobre la autoría de un ensayo.

Mbugua, de 25 años, se halla en una encrucijada. Se graduó en el 2018 y ha enviado su currículum a docenas de patrones. Últimamente ha estado vendiendo utensilios de cocina.

Dijo que nunca se sintió bien respecto al trabajo.

“La gente dice que el sistema de educación en Estados Unidos, Reino Unido y otros países es de excelencia”, comentó. “Yo no diría que esos estudiantes son mejores que nosotros”, añadió. “Nosotros hemos estudiado. Hemos hecho las tareas”.

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