Cuando hay amor entre un policía y una manifestante

12 de septiembre del 2019

Es la historia de Sunny, de 26 años, y su esposo, un policía de bajo rango en Hong Kong.

Cuando hay amor entre un policía y una manifestante

Al tiempo que semanas de protestas han transformado a Hong Kong en un campo de batalla entre manifestantes y la Policía, pocas familias han sentido los efectos polarizantes más que la de una joven mujer llamada Sunny.

Sunny, de 26 años, es una manifestante que se lanza a las calles a denunciar lo que ella ve como las políticas opresivas del Gobierno central en Beijing.

Su esposo es un oficial de la Policía de bajo rango, quien trabaja turnos nocturnos de 12 horas para hacer frente a las manifestaciones que su esposa apoya.

Desde junio, han coexistido así: parados en lados opuestos de las barricadas de noche y luego criando juntos a sus dos hijas al día siguiente.

Han presenciado la brecha que crece en las calles que ahora define la lucha por el alma de Hong Kong. Esa lucha ahora abre una grieta en su hogar y en los de familias como la suya, e incluso en las filas de la misma fuerza policíaca.

A medida que el Gobierno de Hong Kong ha intensificado la presión y los arrestos, enfrentamientos cada vez más violentos entre manifestantes y la Policía han vuelto más tensas las calles. La división entre ambos bandos ha crecido.

Los funcionarios han acusado a los manifestantes de acosar a los policías y en ocasiones a sus familiares, en línea o en persona.

El trato que dan los manifestantes ha enfurecido a muchos oficiales, quienes ahora enfrentan críticas habituales en las calles donde hace apenas unos meses eran ampliamente respetados.

Sunny y su esposo se conocen desde niños, y se casaron hace cinco años. Ella pidió que no se publicara su nombre completo por temor a represalias.

Recuerda cómo lloró con orgullo su esposo el día que se graduó de la academia de Policía.
Ahora, cada día que su esposo regresa a casa, Sunny intenta apaciguar la tensión que él absorbe en las líneas del frente.

“Las conversaciones no siempre son pacíficas”, dijo.

El esposo de Sunny rehusó hablar en persona o proporcionar su nombre, pero enfatizó la brecha entre las exigencias del Gobierno y los agravios de los manifestantes.

“Coloca tanta presión sobre mí y mi familia”, dijo vía mensaje de texto, y añadió que la Policía “no tiene más opción” que arrestar a quienes violan la ley.

Sin embargo, dijo que las autoridades podrían mejorar la forma en que manejan las protestas y que su esposa le recuerda eso.

A través de las negociaciones entre ambos, Sunny ha llegado a entender cómo es que, en la calle, la Policía se ha convertido en representante de un Gobierno que es cada vez más detestado por el público.

“Se siente como que tenemos un enemigo en común”, dijo.

Para evitar enfrentamientos en el hogar, Sunny ya no ve televisión y se guarda los debates políticos con sus hijas para fuera de casa, dijo.

De los policías que se sienten ambivalentes en sus puestos, pocos se atreven a expresarse.
Cathy Yau, de 36 años, tenía 11 años de ser oficial de la Policía antes de renunciar en julio y decidir arriesgarse a criticar a la institución.

Recuerda una marcha en junio cuando manifestantes le corearon “policía corrupta” mientras pasaban a su lado. Se identificó con su enojo y en ese momento comenzó a sentir que podría estar en el bando equivocado de un conflicto.

“Sabía que lo que hacían no era totalmente legal”, dijo Yau. “Pero aprecié la forma en que entendían que en el peor de los casos, estaban dispuestos a hacer sacrificios —de sus posibilidades futuras o incluso sus vidas”.

De pie en su diminuto departamento, Yau desenrolló el certificado que recibió cuando se convirtió en policía. Sostenerlo se siente ahora agridulce.

“Sí me molesta”, dijo, en referencia al uso de fuerza por parte de los oficiales contra los manifestantes. “Quizás es difícil para ellos no seguir órdenes, pero pueden elegir actuar de manera diferente”.

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