Migrantes que huyen del cambio climático

5 de junio del 2019

Los obstáculos han reducido la producción de cultivos.

Migrantes que huyen del cambio climático

¡El campesino estaba en su parcela de tristes plantas de café, cuyas hojas enfermas y marchitas ponían en duda la próxima cosecha!

El año pasado, dos de sus hermanos y una hermana, desesperados por encontrar una mejor manera de sobrevivir, abandonaron sus pequeñas fincas de café ubicadas en esta parte montañosa de Honduras y emigraron al norte, logrando con el tiempo entrar a escondidas a Estados Unidos.

Luego, en febrero, el hijo de 16 años del granjero también se marchó al norte, ignorando las súplicas de su familia para que se quedara.
Los retos de la vida agrícola en Honduras siempre han sido enormes, desde la pobreza y la negligencia del Gobierno hasta los cambios en los precios internacionales de los productos básicos.

Pero los campesinos, expertos agrícolas y funcionarios de la industria dicen que una nueva amenaza ahora arruina las cosechas, altera vidas y suma al número de familias que migran a Estados Unidos: el cambio climático.

Las temperaturas que aumentan gradualmente, los fenómenos meteorológicos más extremos y los patrones cada vez más impredecibles —como la lluvia que no llega cuando se espera y diluviando cuando no debe— han trastocado los ciclos de crecimiento y promovido la propagación implacable de las plagas.

Los obstáculos han reducido la producción de cultivos o han eliminado cosechas enteras, dejando en la ruina a familias de por sí pobres.

Los científicos afirman que Centroamérica figura entre las regiones más vulnerables al cambio climático. Y como la agricultura emplea a gran parte de la fuerza laboral —alrededor del 28 por ciento en Honduras, de acuerdo con el Banco Mundial— el sustento de millones de personas está en juego.

El año pasado, el Banco Mundial reportó que el cambio climático podría llevar a por lo menos 1.4 millones de personas a huir de sus hogares en México y América Central y emigrar en las próximas tres décadas.

En los últimos años, Estados Unidos ha destinado decenas de millones de dólares en ayuda para los agricultores de Centroamérica, incluyendo esfuerzos para ayudarlos a adaptarse al cambio en clima.

Pero el Presidente Donald Trump ha prometido suspender toda la ayuda de su País a Honduras, Guatemala y El Salvador debido a lo que él define como su incapacidad para frenar el flujo de migrantes al norte.

“Si Donald Trump retira todos los fondos para Honduras generará más desempleo y eso causará más migración”, dijo María Esperanza López, gerente general de Copranil, una cooperativa de productores de café en el oeste de Honduras. “Y eso va a resultar en más granjas abandonadas”.

Los cafetaleros corren un riesgo particular porque el cultivo es sumamente sensible a las variaciones climáticas.
Fredi Onan Vicen Peña, de 41 años, el productor de café cuyos hermanos, hermana e hijo adolescente ya se dieron por vencidos y se unieron al éxodo hacia el norte, se inclinó y arrancó una hoja de sus plantas.

Tenía manchas amarillas y marrones: signos de la roya del café, una enfermedad cuya propagación ha sido influida por la variabilidad del clima. El agricultor calculó que el 70 por ciento de su cosecha, sembrada en dos hectáreas, está afectada. Y algunas de sus plantas más sanas habían empezado a florecer casi dos meses antes de lo previsto, poniendo en riesgo todo el ciclo de crecimiento.

“Esto no es algo que podíamos predecir”, dijo Vicen.

Las temperaturas promedio han aumentado en un grado centígrado en Centroamérica en el curso de las últimas décadas, dificultando el cultivo de café en altitudes más bajas que antes eran adecuadas. Eso ha obligado a algunos agricultores a buscar tierras a mayor altura, cambiar a otros cultivos, cambiar de profesión —o migrar.

Algunos científicos del clima dicen que, ante la ausencia de datos meteorológicos a largo plazo, es difícil decir con certeza si la variabilidad se debe a cambios a largo plazo en el clima de la región. Sin embargo, se inclinan en esa dirección.

“Se está volviendo tan inusual, que es casi seguro que se trata del cambio climático”, dijo Edwin J. Castellanos, rector del Instituto de Investigación de la Universidad del Valle de Guatemala, uno de los científicos centroamericanos más destacados en materia de cambio climático.

El cambio climático rara vez es el único factor en la decisión de migrar. La violencia y la pobreza son los principales impulsores, pero el cambio climático puede ser un punto de inflexión, dicen los agricultores y los expertos.

“Los pequeños agricultores ya viven en la pobreza; ya están en el umbral de no poder sobrevivir”, dijo Castellanos. “Así que cualquier cambio en la situación puede obligarlos a irse”.

Las perspectivas para la región parecen sombrías. La caída en rendimientos de café y cultivos de subsistencia, como el maíz y el frijol, podría aumentar significativamente la inseguridad alimentaria y la malnutrición. De acuerdo con algunas predicciones, la cantidad de tierra adecuada para el cultivo de café en Centroamérica podría disminuir en más del 40 por ciento para el 2050.

El número de productores de café en el área donde vive Vicen ha disminuido en la última década de 12 mil a unos 9 mil, en parte debido a la presión del cambio climático, dijo Marlon Danilo Mejía, coordinador regional del Instituto Hondureño del Café, un grupo de la industria. La gran mayoría son pequeños productores que trabajan menos de 4 hectáreas, dijo.

José Edgardo Vicen, de 37 años, uno de los hermanos de Fredi Onan Vicen, trabajó en los campos de café desde que era un niño. En esta parte de Honduras, el café es un cultivo importante, con crecientes exportaciones a América del Norte, Europa y Asia.

Pero después de un brote de la roya y otras presiones en los últimos años, incluyendo los precios desplomados de los productos básicos, José Edgardo dijo que ya no podía ganar lo suficiente de su cosecha para cubrir los costos de producción.

Se dirigió al norte con su hijo de 14 años en agosto, cruzó la frontera de manera ilegal y se instaló en Texas. Un hermano y una hermana, impulsados por circunstancias similares, salieron de Honduras poco después y también llegaron a Estados Unidos.

“Le prometo que no hay forma de salir adelante para el pequeño productor”, dijo Vicen, quien ahora trabaja en la construcción y envía remesas a casa para mantener a su esposa e hija.

Cuando era más joven, la época de la cosecha “era como una fiesta”, recordó. Ahora “solo hay pérdidas, no hay ganancias”.

Quince productores de la cooperativa de café a la que pertenece la familia Vicen —más del 10 por ciento de sus miembros— emigraron a Estados Unidos en el año pasado, dijo Esperanza López, gerente general de la cooperativa.

Stephanie Leutert, directora de la Iniciativa de Seguridad de México en la Universidad de Texas, en Austin, dijo que las estadísticas del Gobierno sobre la detención de migrantes en la frontera suroeste de EU reflejan un gran aumento de personas del oeste de Honduras.

Luego de que grandes caravanas de migrantes llegaron el otoño pasado a Tijuana, México, un sondeo de las Naciones Unidas reveló que el 72 por ciento era de Honduras, y el 28 por ciento había trabajado en el sector agrícola.

Los cafetaleros han luchado para adaptarse a los cambios, aprendiendo qué especies son más resistentes a las plagas y la sequía, y se están extendiendo a otros cultivos —como el cacao, los aguacates o árboles que producen madera de construcción.

Algunos agricultores han recibido el respaldo de los vendedores de café más grandes del mundo como Starbucks, Tim Hortons y Lavazza, que intentan asegurar sus suministros futuros.

Sin embargo, incluso la aplicación de las mejores prácticas no es garantía de que todo vaya a marchar bien.

“El clima está loco”, dijo Carlos Peña Orellana, de 58 años, agricultor y miembro de una cooperativa local de café. “Todo está fuera de control”.

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