El fuego que hace huir a los habitantes de California, EE.UU.

3 de noviembre del 2019

“Cuando no es agua, es fuego”, comentó un habitante.

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El ulular de las sirenas llegó alrededor de la medianoche el 24 de octubre, acompañado de las voces enfáticas de policías en altavoces ordenando a todos los residentes a evacuar sus hogares en los cañones al norte de Los Ángeles.
Cindy y Frank Cruz no estaban seguros de que hubiera una amenaza inmediata, pero ellos y muchos otros no titubearon para huir.

“La gente no se está arriesgando”, dijo Cindy Cruz, quien tiene siete meses de embarazo y pasó la noche en el auto de la pareja en el estacionamiento de un restaurante. Se contaban entre 50 mil personas a las que se les ordenó abandonar sus hogares.

El trauma de incendios catastróficos en los últimos dos años ha marcado a California, que ha visto más de mil 300 incendios forestales estallar tan sólo en las últimas semanas.

El incendio de Paradise, en el norte de California, cobró más de 80 vidas el año pasado, y el incendio de Woolsey dejó una senda de destrucción por Malibú y sus alrededores. Como resultado, este año, todos —compañías de luz, cuerpos de bomberos y agencias de imposición de la ley y residentes— son extra cautelosos.

“La realidad de las condiciones que enfrentamos es que definitivamente no podemos subestimar el potencial de la rapidez con la que estos incendios pueden entrar a las comunidades”, dijo Ken Pimlott, bombero de profesión quien hasta el año pasado era jefe de Cal Fire, el cuerpo de bomberos más grande de California.

Al 29 de octubre, los incendios en Santa Clarita, al norte de Los Ángeles, se extendían mil 870 hectáreas, habían destruido al menos 20 hogares y estaban contenidos al 70 por ciento.

En el norte de California, los bomberos seguían combatiendo el incendio de Kincade, que había arrasado con más de 30 mil hectáreas al 29 de octubre y persistía aún al tiempo que los residentes se preparaban para otro apagón generalizado que la compañía de luz más grande del Estado esperaba que previniera el inicio de más incendios.

El corte en el suministro eléctrico afectó a otros 600 mil usuarios de Pacific Gas and Electric, anticipando lo que la compañía dijo que serían algunas de las condiciones más peligrosas este año.

Siempre hay quienes se rehúsan a evacuar al tiempo que los incendios forestales acechan sus comunidades, indican bomberos y policías, pero muchos residentes parecen haberse resignado a una nueva realidad en California de un estado constante de preparación para el próximo desastre.

En zonas vulnerables, los residentes mantienen llenos los tanques de gasolina de sus autos, olfatean el aire seco de otoño para detectar humo y observan con recelo las colinas secas y barridas por el viento en busca de señales de ignición.

“Creo que la gente está poniendo más atención”, dijo Mary Lindsey, de 64 años, quien el 25 de octubre desayunaba en un centro de la Cruz Roja, en un gimnasio en el College of the Canyons, en Santa Clarita.

“Antes, se daba la orden de evacuación y la gente los mandaba por un tubo. Después del año pasado, ya no hacen eso”.

El incendio, que se inició en un cañón sobre Santa Clarita el 24 de octubre, se propagó a miles de hectáreas en cuestión de horas.

El esposo de Lindsey, Charles, dijo que el incendio, conocido como el incendio de Tick, inició cerca del hogar de la pareja y avanzó rápidamente por los matorrales.

“Con los vientos soplando, se movió rápido”, narró el hombre, de 68 años. “En medio de la noche, si te dicen que te vayas, te vas”.

Para el 25 de octubre, no había incendios activos en las colinas de Santa Clarita, sólo los restos humeantes de incendios que perdieron fuerza. Se levantaron las órdenes de evacuación, pero las autoridades advirtieron a los residentes que estuvieran alertas a peligros. Se esperaba que fuertes vientos soplaran por la zona nuevamente, planteando inquietudes de que se pudieran reavivar los incendios.

Unas 156 mil personas fueron evacuadas en el norte de California mientras avanzaba el incendio de Kincade, destruyendo más de 120 estructuras y amenazando a cientos más. Aunque el incendio estaba contenido al 15 por ciento al 29 de octubre, Pimlott dijo que las autoridades estaban en lo correcto al ser agresivas en sus planes de evacuación.

Los incendios están avanzando más rápido que antes, a menudo dejando a la gente sin tiempo suficiente para reaccionar, indicó. “Una vez que un incendio llega a una comunidad, es demasiado tarde”, afirmó.

Mientras tanto, las compañías de luz por todo el Estado advirtieron que el suministro podría ser cortado de manera preventiva. Los apagones, que a inicios de octubre dejaron a más de 2 millones de personas sin luz, están diseñados para prevenir la posibilidad de que cables de alta tensión desaten incendios durante ventarrones.

El Gobernador Gavin Newsom, quien declaró un estado de emergencia el 27 de octubre, anunció que el Estado desplegaría 75 millones de dólares para ayudar a gobiernos locales a seguir operando durante los apagones.
No obstante, a pesar de un enfoque cauteloso respecto a la amenaza de incendios, había señales de que el incendio de Kincade podría haber sido iniciado por equipo eléctrico que PG&E decidió no apagar. La compañía cortó el suministro a 200 mil usuarios, pero no interrumpió la energía a una línea de transmisión que la compañía dijo que presentó fallas justo antes de que comenzara el incendio.

Bill Johnson, director general de PG&E Corporation, explicó en una rueda de prensa el 24 de octubre que con base en el análisis de la compañía de servicios públicos, el pronóstico del viento no ameritaba cortar la energía a los cables de alta tensión en el área del incendio de Kincade.

Entre las muchas familias que huyeron del fuego se contaban Adalberto e Irma Silva, quienes dejaron su hogar en el pueblo vitivinícola de Geyserville luego de que la Policía fue de puerta en puerta ordenando evacuaciones.

La pareja tiene 11 años de vivir con sus hijos ahora adultos en el enclave tranquilo cerca del Río Ruso, un área que ve amenazas tanto de incendios como de inundaciones.

“Cuando no es agua, es fuego”, afirmó Irma Silva.

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