Legado chileno de desigualdad incita protestas masivas

7 de noviembre del 2019

Lo repentino de la ira que se derramaba a las calles todos los días podría haber sido sorprendente en cualquier parte.

Legado chileno de desigualdad incita protestas masivas

Lo repentino de la ira que se derramaba a las calles todos los días podría haber sido sorprendente en cualquier parte. Pero en el país a menudo elogiado como la gran historia de éxito económico de América Latina, ha conmocionado al mundo. Durante más de tres semanas, Chile ha estado en zozobra. En un solo día, más de un millón de personas tomaron las calles de Santiago, la Capital.

Quizá las únicas personas que no están impactadas son los chilenos. En el caos, ven un ajuste de cuentas. La promesa que durante décadas han hecho los líderes políticos de izquierda, así como de derecha —que los libres mercados llevarían a la prosperidad, y la prosperidad se encargaría de otros problemas— les ha fallado. “Chile despertó”, corearon miles de manifestantes una tarde reciente en el Parque O’Higgins de Santiago.

Durante un tiempo, la promesa parecía estar funcionando. El País pasó de la dictadura a la democracia en 1990, y décadas de crecimiento económico y democracia le siguieron, con un gobierno reemplazando pacíficamente a otro. Sin embargo, ese crecimiento no llegó a todos los chilenos.

La desigualdad aún está profundamente arraigada. La clase media de Chile batalla con precios altos, salarios bajos y un sistema privatizado de pensiones que deja a muchas personas mayores en una amarga pobreza. Y una serie de escándalos de corrupción y evasión fiscal ha erosionado la fe en la élite política y corporativa del País.

“Esto es como una crisis de legitimidad”, dijo Cristóbal Rovira Kaltwasser, politólogo en la Universidad Diego Portales, en Santiago. “La gente empieza a decir, ‘OK, ¿por qué tenemos que pagar eso, y los más ricos no pagan lo que les corresponde?’. “Y al mismo tiempo, tenemos una clase política que está totalmente desconectada de la realidad”, añadió.

El Presidente Sebastián Piñera eliminó el incremento de 30 pesos a la tarifa del metro que desató las manifestaciones iniciales. Entonces desplegó al Ejército en las calles de Chile por primera vez desde la transición del País a la democracia. Luego Piñera apareció en televisión para disculparse y prometer mayores pensiones, mejor cobertura de salud, impuestos más altos para los ricos y recortes de sueldos para los políticos. Más tarde, pidió la renuncia de su Gabinete. Pero los manifestantes no quedaron convencidos.

En la protesta en el Parque O’Higgins, ésa definitivamente era la opinión de Luis Ochoa Pérez, quien vendía banderas cerca de la entrada. “Los abusos no han cesado, así que tenemos que ir a las calles”, dijo. La bandera de mayores ventas, que él mismo diseñó, exigía la renuncia de Piñera. Minutos más tarde, se agotó.

El fin de la dictadura de Pinochet, en 1990, llegó con una advertencia implícita: el gobierno militar terminaría, pero las políticas socialistas de Salvador Allende, el Presidente izquierdista al que había depuesto el General Augusto Pinochet en un golpe de Estado, no regresarían. Los gobiernos subsecuentes preservaron el extremo sistema económico “laissez-faire” (de no interferencia) impuesto en los 70 y 80.

Pero hoy, el generalizado enojo público por la desigualdad y precariedad económica que muchos chilenos ven como consecuencia de ese sistema significa que las políticas económicas conservadoras podrían ser más una amenaza a la estabilidad económica que un medio para garantizarla.

“No son 30 pesos, son 30 años” se ha vuelto uno de los slogans de las protestas —en referencia al propuesto incremento a la tarifa del metro que desató la crisis y a las tres décadas transcurridas desde que terminó el Gobierno militar.

El sueldo medio del País es de aproximadamente 540 dólares mensuales, abajo de la línea de pobreza para una familia de cuatro integrantes, dijo Marco Kremerman, economista en la Fundación Sol, organización de expertos de inclinación izquierdista. Los pagos promedio en el programa nacional de pensiones privadas, la única red de seguridad para los jubilados, son de unos 200 dólares al mes. Hay un consenso de que el País necesita reformas estructurales.

“Somos la generación para la que nunca llegó la alegría”, dijo Nicole Martínez, una líder estudiantil de la Universidad de Chile. Sus palabras eran un amargo giro a la frase “la alegría ya viene”, el slogan de la campaña que puso fin al mandato militar. Pero la crisis chilena tiene ecos de un problema que está al centro del conflicto político en todo el mundo desarrollado. Han surgido divisiones políticas entre quienes ganan con el actual sistema y aquellos que no.

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