Investigación desacreditada aviva temor a 5G

24 de julio del 2019

Pero los científicos siguen sin ver evidencia del daño causado por las ondas de radio de teléfonos celulares.

NYT

En el 2000, las escuelas públicas del condado de Broward, en Florida, recibieron un reporte alarmante.

El condado contemplaba el uso de laptops y redes inalámbricas para sus 250 mil estudiantes. ¿Había algún riesgo de salud?

El distrito pidió a Bill P. Curry, físico y consultor, que estudiara el asunto. La tecnología, reportó Curry, “probablemente sería un peligro grave de salud”. Resumió su evidencia más perturbadora en una enorme gráfica etiquetada “Absorción de Microondas en Tejido Cerebral (Materia Gris)”.

La gráfica mostraba que la dosis de radiación recibida por el cerebro aumentaba de izquierda a derecha, al incrementarse la frecuencia de la señal inalámbrica.

La pendiente era leve al principio, pero cuando la línea alcanzaba las frecuencias inalámbricas asociadas con las redes computacionales, se disparaba verticalmente, indicando un nivel peligroso de exposición.

El cuerpo del reporte de Curry detallaba cómo es que las ondas de radio podrían causar cáncer cerebral.
A través de los años, su advertencia se difundió. En gran medida, el origen de la creciente ansiedad en torno a los presuntos riesgos de salud de la tecnología 5G puede ser rastreado a un solo científico y una sola gráfica.

Excepto que Curry se equivocó.

De acuerdo con expertos, las ondas de radio se vuelven más seguras a una mayor frecuencia, no más peligrosas.

En su investigación, Curry analizó estudios sobre la forma en que las ondas de radio afectan tejido aislado en el laboratorio y malinterpretó los resultados como que se aplicaban a células situadas en lo profundo del cuerpo humano. Su análisis no reconocía el efecto protector de la piel humana. A mayores radiofrecuencias, la piel actúa como barrera y protege los órganos internos, entre ellos el cerebro, de la exposición.

Pese a la evaluación benigna del establishment médico, los reportes defectuosos de Curry fueron amplificados por sitios de internet alarmistas y sirvieron como evidencia en demandas. Lo que comenzó como una simple gráfica se convirtió en un caso de estudio sobre cómo se puede afianzar la ciencia mal realizada.

Los reportes de Curry, envió dos al distrito escolar en el 2000, retratan al tema de la tecnología inalámbrica como crucial para la salud pública. Advirtió que los niños eran particularmente vulnerables al riesgo de cáncer de la tecnología inalámbrica. “Sus cerebros están en desarrollo”, señaló.

Curry pertenecía a un grupo nacional de detractores de la tecnología inalámbrica y sus dos reportes pronto empezaron a circular entre enemigos de la industria. Uno de ellos llegó a David O. Carpenter.
A fines del 2011, Carpenter presentó la gráfica de Curry en una demanda que buscaba obligar a las escuelas públicas de Portland, Oregon, a abandonar sus redes computacionales inalámbricas. El juez en el caso dijo que el tribunal no tenía jurisdicción sobre asuntos de regulación federal y declaró improcedente la demanda.

A pesar del revés, el testimonio de Carpenter siguió atrayendo atención. En el 2012, lo presentó como parte de su testimonio ante una junta escolar estatal en Michigan que evaluaba los peligros inalámbricos, y pronto comenzó a circular en línea.

Y vio un peligro nuevo. Entre el 2010 y el 2012, las frecuencias de la generación más nueva de teléfonos celulares, 4G, aumentaron para superar a las típicas de las redes inalámbricas del momento.

Su BioInitiative Report, publicado en el 2012, llamó la atención a nivel mundial. Pero la ciencia tradicional ha rechazado sus conclusiones. Dos investigadores de la Universidad de Oxford la describieron como “científicamente desacreditada”.

Hace poco, Carpenter dijo a RT America, una cadena de televisión rusa que ha presentado una serie de segmentos que critican a la tecnología 5G, que los teléfonos celulares más nuevos representaban una amenaza de salud extrema. “El lanzamiento de 5G es muy atemorizante”, dijo. “Nadie va a poder escapar de la radiación”.

Pero los científicos siguen sin ver evidencia del daño causado por las ondas de radio de teléfonos celulares.

“Sí los teléfonos están vinculados al cáncer, esperaríamos ver un repunte marcado”, escribió David Robert Grimes, investigador del cáncer en la Universidad de Oxford, hace poco en el periódico británico The Guardian. “No obstante, no es así”.

En una entrevista, Carpenter defendió su opinión, pero admitió que las frecuencias cada vez más altas podrían tener dificultad para entrar al cuerpo humano. Señaló que los edificios, la lluvia, las hojas de árboles y otros objetos puede bloquear las señales de alta frecuencia.

Si la piel humana también bloque las señales de 5G, dijo, “tal vez no sea tan relevante”.

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