Islandia llora pérdida de glaciares por cambio climático

27 de agosto del 2019

Los glaciares ocupan más de una décima parte de esta isla, y todos se están derritiendo.

Islandia llora pérdida de glaciares por cambio climático

Desde las oficinas del negocio pesquero fundado por su familia hace dos generaciones, Adalsteinn Ingólfsson ha visto al enorme glaciar Vatnajökull encogerse año tras año. El aumento en las temperaturas ya ha reducido los tipos de peces que puede pescar. Pero esta masa de hielo, la más grande de Islandia, es un extraño nuevo reto para el negocio.

“El glaciar se está derritiendo tanto que la tierra está emergiendo del mar”, dijo Ingólfsson, director ejecutivo de Skinney-Thinganes, una de las compañías pesqueras más grandes de Islandia. “Dificulta la entrada y salida del puerto para nuestros barcos de arrastre más grandes”.

El clima más cálido no sólo afecta a Höfn. A medida que las temperaturas aumentan en el Ártico, toda Islandia se enfrenta a la perspectiva de un futuro sin hielo.

Los productores de energía están renovando las plantas hidroeléctricas y experimentando con enterrar dióxido de carbono en roca. Se están haciendo propuestas para un nuevo puerto en el fiordo Finnafjord para aprovechar el tráfico de carga al tiempo que las navieras compiten por abrir rutas a través del hielo en derretimiento.

El 18 de agosto, Islandia lloró a Okjokull, su primer glaciar perdido por el cambio climático.

Los glaciares ocupan más de una décima parte de esta isla, y todos se están derritiendo. Islandia considera al cambio climático como un asunto de urgencia nacional. Su economía está al borde de una recesión, en parte porque una exportación importante, el pez capelán, desapareció este año en busca de aguas más frías.

“El cambio climático ya no es algo de lo que se pueda bromear en Islandia ni en ningún otro lugar”, dijo Gudni Jóhannesson, Presidente de Islandia. “Estamos asumiendo la responsabilidad de buscar soluciones prácticas”, agregó.

El país eligió a una ambientalista, Katrín Jakobsdóttir, como Primera Ministra en el 2017. Su gobierno está presupuestando 55 millones de dólares en el curso de 5 años para proyectos de reforestación, conservación de la tierra y transporte libre de carbono para reducir las emisiones de gases invernadero.

Para el 2040, Islandia espera que las empresas, las organizaciones y las personas estén eliminando tanto dióxido de carbono de la atmósfera como el que liberan.

Los activistas dicen que eso no es suficiente para Islandia, una nación rica de 350 mil habitantes. El turismo se ha sumado a los problemas climáticos, con los aviones que transportan a millones de visitantes empujando las emisiones de dióxido de carbono per cápita por encima de las de todos los países de Europa.

Prevén una era sin hielo

En un día soleado, Ólafur Eggertsson señaló hacia un glaciar sobre el volcán Eyjafjallajökull en el borde sur de Islandia. Eyjafjallajökull hizo erupción en el 2010. Incluso antes de eso, el glaciar había estado retrocediendo visiblemente. Eso lo alarma, dijo, porque los glaciares mantienen frescos los volcanes.

Eggertsson está trabajando para que su granja sea neutral en carbono. “A veces lo que hago se siente como una gota en el océano”, dijo. “Pero los humanos están contribuyendo al calentamiento. No tengo más opción que actuar”.

Se anticipa que el derretimiento de los glaciares sobresature las cuencas en el próximo siglo, y los científicos predicen que luego se secarán. Landsvirkjun, la compañía de energía estatal, está planeando turbinas de agua adicionales en las presas. También está planeando turbinas eólicas para que operen cuando los glaciares mueran. “Desde una perspectiva de diseño, estamos tomando en cuenta lo que sucederá en los próximos 50 a 100 años”, dijo Óli Grétar Blondal Sveinsson, funcionario de la compañía. “No habrá glaciares”, dijo contundentemente.

Esa perspectiva ha llevado a algunos a darse cuenta de que están presenciando la desaparición de un tesoro. Steinthór Arnarson renunció a su trabajo de abogado para abrir un negocio de recorridos en la laguna Fjallsárlón. Muchos de los 200 turistas que lo visitan a diario quieren ver Vatnajökull antes de que desaparezca.

“La gente se queda atónita ante la belleza del glaciar”, dijo Arnarson. “Es bonito ver cuando un pedazo se desprende. Pero es muy triste”.

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