Sufrir amputaciones no le impide ser campeona

8 de agosto del 2019

Najla tenía 3 años cuando estalló una bomba colocada en el auto de su padre.

Sufrir amputaciones no le impide ser campeona

La adolescente iraquí no parece una atleta tradicional: tiene la pierna derecha amputada a la altura del muslo, la izquierda a la altura de la rodilla, y su brazo derecho termina en el bíceps.

Pero cuando Najla Imad Lafta, de 14 años, juega tenis de mesa, su torso se dobla con tanta facilidad como el de una bailarina para encontrarse con la pelota.

Acaba de llevar a casa su cuarta medalla de plata y la cuarta de bronce de un torneo deportivo internacional para discapacitados celebrado en Egipto, en junio.

“En cuarto año de primaria me di cuenta de que era diferente a las otras niñas”, dijo Najla, sentada en el hogar familiar en Baquba, una capital provincial en Irak. “Veía que mis amigas corrían en la escuela, caminaban y jugaban, y pensaban en lo que harían en el futuro”.

Najla tenía 3 años cuando estalló una bomba colocada en el auto de su padre. Es muy probable que el ataque haya sido obra de Al Qaeda en Irak, que tenía en la mira a su padre porque trabajaba en la base militar local con soldados estadounidenses.

La menor es una de un creciente número de atletas iraquíes que compiten en deportes de alto nivel tras perder extremidades.

Desde el 2003 ha habido un aumento de alrededor del 70 por ciento en el número de iraquíes que participan en los Juegos Paralímpicos cuyas lesiones están relacionadas con el terrorismo, de acuerdo con Mohammed Abbas al-Salami, del Comité Paralímpico iraquí.

Tras el bombazo, su padre la llevó de prisa al hospital.

“Cuando me di cuenta de que había perdido mis piernas y brazo, lloré y lloré y me enojé porque sabía que había perdido todo”, comentó.

Fue esta depresión lo que llevó a Najla al tenis de mesa.

Hace cinco años, triste porque no podía correr como sus compañeros de clase, compró una raqueta de ping-pong para tener algo que hacer cuando terminara su tarea.

Su padre pidió a un amigo que era entrenador de tenis de mesa y buscaba talentos para el equipo paralímpico de Irak que fuera a su casa y le diera algunas clases a la niña.

Najla recuerda el día en que Hossam Hussein al-Bayat llegó a la casa familiar. “Me dijo, ‘quiero que tomes la raqueta y empieces a entrenar todos los días’”, recordó.

Empezó a trabajar en sus golpes. Una vez a la semana, él la llevaba a su casa para practicar, entrenándola hasta que estuvo lista para competir contra jugadoras discapacitadas de otras provincias.

Tenía sólo 12 años cuando se ganó un lugar en el equipo paralímpico del país.

Najla, una de ocho hermanos, practica dos o tres horas diarias en casa en una mesa de juego que compró su familia.

“Para ser sincera, nada se compara con tener piernas y brazos”, admitió Najla. “Pero al menos estoy feliz con lo que he logrado”.

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