La historia de dos familias ricas detrás del ataque en Sri Lanka

La historia de dos familias ricas detrás del ataque en Sri Lanka

6 de mayo del 2019

Un poco antes de las 9:00 horas del Domingo de Pascua, Anders Holch Povlsen, el hombre más rico de Dinamarca, desayunaba con su familia en el restaurante Table One, en el Hotel Shangri-La de Colombo, la capital de Sri Lanka.

Al mismo tiempo, Ilham Ibrahim, hijo de uno de los comerciantes de especias más ricos de Sri Lanka, bajaba al Table One en un elevador. Portaba una gorra y una mochila grande; entró al elevador con un amigo que llevaba lo mismo.

Justo antes de que se abrieran las puertas, el amigo de Ibrahim le esbozó una enorme sonrisa. Así lo registraron las cámaras de circuito cerrado.

Las dos familias, los Povlsen y los Ibrahim, estaban a punto de cruzar caminos.

Una de ellas era multimillonaria en dólares. La otra, multimillonaria en rupias. Una acumuló una fortuna mediante pantalones de mezclilla, suéteres de cuello de tortuga y todo tipo de prendas modernas. La otra, a través de pimienta blanca, pimienta negra y todo tipo de especias.

Ambas eran bien conocidas y admiradas, parte de familias empresariales enormemente exitosas de extremos opuestos del mundo y quizás extremos opuestos del espectro ideológico.

En un instante, cinco de sus hijos (Ilham, Inshaf, Alma, Agnes y Alfred) volaron en pedazos, un bando masacrado por el otro.

Dos de los hijos de la familia Ibrahim (Ilham y su hermano mayor, Inshaf) se contaban entre los dinamiteros suicidas detrás de la serie de ataques devastadores por todo el país. Los musulmanes ceilandeses se mostraron dolorosamente perplejos ante la interrogante de por qué harían esto dos de sus hijos más privilegiados.

Un par de semanas después de que 250 personas fueran asesinadas en los ataques por extremistas islámicos.

Un silencio antinatural invade zonas que deberían ser bulliciosas, como la Calle Old Moor en Colombo, donde los Ibrahim operaban su imperio de especias tras la fachada de un discreto local con reja gris.

El Hotel Shangri-La se erige como una torre elegante sobre el pintoresco paseo peatonal Galle Face, un rectángulo de 32 pisos de acero y cristal azulado con vista directa al Océano Índico.

Los Povlsen se hospedaban allí. Disfrutaban de unas vacaciones de playa en Sri Lanka, durante el receso escolar de sus hijos por la Pascua.

Eran Anders, el sumamente privado director general de una enorme compañía de modas familiar llamada Bestseller; su esposa, Anne; y los cuatro hijos de ambos, de entre 5 y 15 años.

Razones para evitar las redes sociales

Alma era la mayor. Había compartido algunas fotografías de su viaje en Instagram, pero era casi como si mantuviera sus publicaciones intencionalmente vagas: olas de una playa vacía, la copa de un árbol con un cielo tropical soleado como telón de fondo, un retrato de sus hermanos, tomado de espaldas.

Podría haber habido una razón detrás de ello. A fines de los 90, un extorsionador se introdujo a la propiedad de los padres de Anders y amenazó con matarlos si no le pagaban. Unos años después, secuestradores plagiaron a un hombre en India al confundirlo con Povlsen, exigiendo rescate.

Soren Jakobsen, un biógrafo que escribió sobre los Povlsen, dijo que la familia “ha considerado la seguridad su mayor prioridad durante 20 años”. A Anders, de 46 años, no le gustaba que nadie le tomara fotos y evitaba los medios sociales.

Los Povlsen viven en una mansión apartada de 600 años de antigüedad. También son propietarios de varios castillos y 89 mil hectáreas en Escocia, que Anders se ha comprometido a “resilvestrar”, como él lo llama. Su fortuna asciende a 8 mil millones de dólares, publica Forbes.
Jakobsen describió a Povlsen como un “empresario firme, honesto y visionario”.

Eso era casi lo mismo que mucha gente decía sobre los Ibrahim.

A Mohamed Ibrahim le encantaba contar la historia de su anillo.

Transcurrían los fines de los 60, y él era un adolescente sin estudios de Delthota, un pueblo en el centro de Sri Lanka. Vendió su anillo favorito para comprar un pasaje de autobús a Colombo, por sí solo. Nunca miró atrás.

En las entrañas del barrio musulmán de Colombo, trabajó como cocinero, luego como vendedor de cebollas. Después incursionó en la venta de ajonjolí y pimienta. Ascendió en las filas del comercio de especias, un costal a la vez.

El clima tropical y la tierra fértil de Sri Lanka producen algunas de las especias más preciadas del mundo. Hasta hace poco, Ibrahim operaba una de las compañías exportadoras de especias más importantes de la isla, enviando más de 9 mil toneladas de pimienta a India cada año.

También fungía como presidente de la Asociación de Comerciantes de Colombo, vivía en una mansión en las afueras de la Capital y tenía una flotilla de seis autos, entre ellos un BMW.

Sus familiares dijeron que Ibrahim, aún a sus 70 años, seguía siendo un trabajador incansable, al despertar a las 4:00 horas, asistir a la mezquita y luego tomar un desayuno sencillo en casa. Pasaba el resto del día en su fábrica de especias, frotando los granos de pimienta entre sus dedos, inspeccionando la calidad de sus productos.

Su hijo mayor, Inshaf, de unos 35 años, era más ostentoso. Conducía un flamante Toyota Landcruiser blanco y medía más que la mayoría de los varones ceilandeses, unos 1.80 metros de estatura, con una complexión musculosa.

Inshaf estaba siendo preparado para tomar control de la compañía, y su padre lo instaló en una fábrica de tubería de cobre. Una foto del 2016 muestra a Inshaf radiante mientras él y su padre aceptan un premio de un Ministro.

Ilham, el segundo hijo, de unos 31 años, era más retraído. Parece que su trabajo era supervisar una granja de pimienta que la familia tenía cerca de Matale, una ciudad a unas horas de allí.

La noche antes de los ataques de Pascua, de acuerdo con un miembro de la familia, Inshaf le dijo a su esposa que viajaría a Zambia. Mientras se despedía, permaneció unos momentos afuera del auto y le pidió, “sé fuerte”.

Después se registró en el hotel Cinnamon Grand en Colombo. Su hermano Ilham se registró en el Shangri-La. Inshaf utilizó una identificación falsa, pero Ilham usó su identificación real.

¿Quién es el presunto autor intelectual?

El video de seguridad del Shangri-La muestra a Ilham subiendo al elevador y luego entrando al restaurante Table One con otro hombre que ahora ha sido identificado como Zaharan Hashim, el presunto autor intelectual de los atentados.

Las autoridades informan que Zaharan era un predicador musulmán extremista y reclutador para el Estado Islámico del este de Sri Lanka quien atrajo seguidores al subir videos enardecedores en YouTube.

No está claro cómo se conocieron Zaharan e Ilham, pero otros miembros de la familia Ibrahim aseguran que Ilham era más devoto que otros en su familia y que su esposa, Fatima, cubría su rostro entero con un velo, algo inusual en Sri Lanka.

Si Ilham buscaba orientación espiritual, Zaharan podría haber ofrecido eso. Y si Zaharan tenía planes homicidas, entonces la fortuna de los Ibrahim podría ayudar a financiarlos.

El Domingo de Pascua, el cielo sobre Colombo estaba despejado. El Sol caía a plomo. Todos los hoteles —e iglesias— importantes estaban abarrotados. El Table One se estaba llenando de comensales.

Ilham y Zaharan entraron al restaurante por accesos distintos. Alrededor de las 8:50 de la mañana, se hicieron estallar.

El ataque cobró las vidas de 33 personas en el Shangri-La, entre ellas tres de los cuatro hijos de Povlsen.

En una foto tomada unas horas después en el Hospital Nacional de Sri Lanka, en Colombo, un hombre que parece ser Povlsen sostiene un celular contra su oreja, con su camisa manchada de sangre y el ojo izquierdo tan hinchado que casi no podía abrirlo.

En el Cinnamon Grand, las cámaras de circuito cerrado muestran a Inshaf, portando mochila y gorra, entrando al comedor del buffet. Pero luego se detiene. Da unos pasos adelante y luego hacia atrás, varias veces, con el cuerpo tenso.

“Claramente estaba renuente”, aseguró un pariente. “Él siempre estuvo más conectado a la gente que Ilham”.

Sin embargo, a pesar de cualquier duda que pudiera haber sentido, Inshaf la superó. Acabó con su propia vida junto con otras 20.

Con minutos de diferencia, siete dinamiteros suicidas por todo Sri Lanka detonaron mochilas repletas de explosivos potentes. Gente presentes en tres hoteles y tres iglesias,  volaron en mil pedazos

Ya que Ilham utilizó su tarjeta de identificación al registrarse en el Shangri-La, la Policía averiguó quién era. En cuestión de horas, oficiales hicieron una redada en la mansión de los Ibrahim.

Fueron recibidos en la puerta por una mujer quien después se dio la vuelta y subió corriendo las escaleras. Era Fatima.

En lo alto de las escaleras, frente a sus tres hijos, Fatima se hizo estallar, matando a tres policías y a todos los niños, de 9 meses, 4 y 5 años. Los oficiales dijeron que también podría haber estado embarazada.

Ibrahim, el patriarca de la familia, fue esposado a un oficial y retirado de la casa.

El 25 de abril, más de mil personas en Stavtrup, el pueblo de los Povlsen, marcharon en una vigilia a la luz de antorchas hasta el hogar de la familia.
Ibrahim permanece bajo custodia: la mayoría de sus allegados dicen que no estaba enterado del complot suicida.

Hilmy Ahmed, vicepresidente del Consejo Musulmán de Sri Lanka, dijo que es probable que Ibrahim sea torturado.

“Si necesitan hacerlo, lo harán”, aseveró. “Estoy seguro de ello”.

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