Lenguaje de Trump resuena en manifiesto de gatillero

8 de agosto del 2019

El lenguaje vil antiinmigrante ha aderezado a la política estadounidense durante generaciones.

NYT

En mítines de campaña antes de las elecciones de medio término del año pasado, el Presidente Donald J. Trump advirtió en repetidas ocasiones que Estados Unidos estaba bajo el ataque de inmigrantes que se dirigían a la frontera.

“¡Vean lo que está avanzando, eso es una invasión!”, declaró en un mitin. “¡Eso es una invasión!”.

Nueve meses después, un hombre blanco de 21 años está acusado de abrir fuego en un Walmart en El Paso, Texas, el 3 de agosto, matando a 22 personas e hiriendo a docenas más después de escribir un manifiesto que despotrica contra la inmigración y anuncia que “este ataque es una respuesta a la invasión hispana de Texas”.

El sospechoso escribió que sus opiniones “precedían a Trump”, como si anticipara el debate político que le seguiría al baño de sangre. Pero si Trump no inspiró al hombre armado, ha traído a la corriente principal ideas polarizantes y a personas otrora consignadas a los márgenes de la sociedad estadounidense.

Si bien otros líderes han expresado preocupación por la seguridad fronteriza y los costos de la inmigración ilegal, Trump ha llenado sus discursos públicos y comentarios en Twitter con lenguaje en ocasiones falso que aviva el miedo incluso cuando dio la bienvenida a la Casa Blanca a una serie de personas intransigentes, satanizadoras y conspiracionistas, repudiados por Presidentes anteriores. Por esta razón, Trump no está capacitado para proporcionar el tipo de fuerza unificadora y sanadora que otros mandatarios proyectaban en momentos de tragedia nacional.

El 5 de agosto, Trump condenó la supremacía blanca en la estela de los recientes tiroteos, citando la amenaza del “odio racista” y pidiendo unidad nacional para idear una respuesta.

“Nuestra nación debe condenar al unísono el racismo, la intolerancia y la supremacía blanca”, declaró Trump.

Pero los candidatos presidenciales demócratas apuntaron con el dedo a Trump, argumentando que él había alentado el extremismo con lo que ellos calificaron de lenguaje lleno de odio.

Vincular el discurso político, por acalorado que sea, con los actos específicos de asesinos en serie despiadados es un ejercicio peligroso, pero los expertos dijeron que los líderes podrían moldear un ambiente con sus palabras y actos, y tenían la responsabilidad especial de evitar enardecer a individuos o grupos, aunque fuera de manera involuntaria.

“Importantes líderes políticos y figuras partidarias de los medios fomentan el extremismo cuando endosan ideas de supremacistas blancos y juegan con el lenguaje violento”, dijo Nathan P. Kalmoe, profesor en la Universidad Estatal de Louisiana. “El que la persona más poderosa sobre la Tierra haga eco de sus opiniones llenas de odio podría incluso dar a los extremistas un sentido de impunidad”.

David Livingstone Smith, profesor de filosofía en la Universidad de Nueva Inglaterra y autor de un libro sobre deshumanización de categorías enteras de personas, dijo que Trump había envalentonado a los estadounidenses cuyas opiniones eran vistas como inaceptables en la sociedad cotidiana no hace mucho tiempo.

“Esto siempre ha sido parte de la vida estadounidense”, declaró. “Pero Trump ha dado permiso a la gente para que diga lo que piensa. Y eso es cocaína en crack. Eso es poderoso. Cuando alguien te permite ser auténtico, eso es algo muy potente. La gente ha salido de las sombras”.

El lenguaje vil antiinmigrante ha aderezado a la política estadounidense durante generaciones. Los políticos en los 1880s y en los 1920s ascendieron al poder explotando los temores a los italianos, japoneses, chinos y otros inmigrantes, avivando los temores sobre la pérdida de la “identidad estadounidense”.

Trump tiene años de acoger las conspiraciones racistas: él fue una de las principales voces que impulsaron la mentira que sostenía que el Presidente Barack Obama no nació en Estados Unidos. Y desde su campaña para la Presidencia, Trump ha llevado esas opiniones al centro de la política estadounidense.

Por su parte, otros republicanos claramente denunciaron, después de los tiroteos, el nacionalismo blanco.

“Ya ha habido muchos ataques de terroristas blancos autodeclarados aquí en EU en los últimos meses”, dijo George P. Bush, comisionado de tierras de Texas e hijo del ex Gobernador de Florida, Jeb Bush. “Ésta es una amenaza real y presente que todos debemos denunciar y vencer”.

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