Y entonces llegó el fin de una era en Latinoamérica

8 de julio del 2019

Le proporcionó a Chávez el marco teórico de lo que él llamó el “socialismo del siglo 21”.

Y entonces llegó el fin de una era en Latinoamérica

La socióloga, politóloga y activista chilena Marta Harnecker, una de las expertas en teoría marxista más influyentes de la izquierda latinoamericana, murió el 15 de junio a los 82 años.

Uno de sus muchos libros, “Los Conceptos Elementales del Materialismo Histórico”, publicado en 1969, tuvo un enorme impacto.

Ese libro de texto sobre marxismo ha vendido casi un millón de copias en español y portugués, y se le considera uno de los libros de no ficción de mayores ventas en América Latina.

El manual de Harnecker apareció en un momento en el que muchos latinoamericanos buscaban una forma de oponerse a un status quo que consideraban inaceptable. Era una alternativa teórica a las opciones dogmáticas y arriesgadas planteadas por los partidos comunistas tradicionales de la región o por Ernesto “Che” Guevara. Harnecker ofreció un modelo distinto: procubano, ni violento ni radical, y una alternativa a la socialdemocracia.

Después de la Revolución cubana, la izquierda en Latinoamérica evolucionó en dos direcciones. La que llamo la “derecha” de la izquierda, que nació de la teoría marxista y el comunismo, se tornó moderada, globalizada y democrática y con el tiempo derivó en los partidos socialdemócratas de Chile, Brasil, Uruguay y El Salvador.

La izquierda “dura” tuvo sus orígenes en el catolicismo, el populismo y la Revolución cubana. Harnecker pertenecía al último campo.

Harnecker estudió con el filósofo marxista Louis Althusser en París en la década de los 60. Ella logró sintetizar ideas complejas empleando los métodos que aprendió de él, junto con muchos otros discípulos de Althusser, como Régis Debray.

México continúa receptivo a las ideas que Harnecker

“¿Revolución en la Revolución?”, el influyente libro de Debray escrito en 1967, se convirtió en el modelo adoptado por Fidel Castro y definió nuevas tácticas de la guerrilla latinoamericana.

Debray vivió en Chile durante la época de Salvador Allende, al igual que Harnecker, quien trabajó como periodista con el cabecilla de espionaje cubano que más tarde se convirtió en su esposo, Manuel Piñeiro.

Aunque la izquierda marxista perdió ímpetu ideológico a mediados de la década de los 80, Harnecker, sin embargo, mantuvo una gran influencia en la región. Piñeiro dirigió los servicios de seguridad de Cuba y dirigió el apoyo cubano a los grupos guerrilleros en toda América Latina durante décadas. A través de él, Harnecker mantuvo el dedo en el pulso de La Habana y estuvo en sintonía con todos los grupos de izquierda del hemisferio.

Se volvió una partidaria de Hugo Chávez en 1999 y le proporcionó el marco teórico de lo que él llamó el “socialismo del siglo 21”.

Al tiempo que se desvanece la vieja guardia de Cuba y el experimento venezolano se convierte en una crisis humanitaria, sólo

México continúa receptivo a las ideas que Harnecker desarrolló y promovió. Será recordada por quienes siguieron la evolución de la izquierda intelectual latinoamericana en los últimos 50 años.

Esa evolución siguió varios caminos, pero destacan dos.

Uno fue el patrocinado por los elementos de la izquierda dura de la región: Cuba, los sandinistas en Nicaragua, Chávez, Evo Morales en Bolivia (aunque a menor medida), facciones más pequeñas en otros países y una gran parte de la izquierda mexicana. Esta “izquierda” era autoritaria, estatista, nacionalista y antiimperialista, con predilección por la lucha armada y totalmente subordinada a La Habana. Nunca pasó por el proceso de modernización que experimentaron la izquierda europea y algunos sectores de la izquierda latinoamericana.

Este fue el caso de muchos intelectuales de la región, y escritores y activistas como yo.

Cuando publiqué “La Utopía Desarmada” en 1992, la izquierda armada prácticamente había desaparecido y gran parte de los líderes y partidos progresistas de la región transicionaban a otra estrategia. Eso involucró una ruta electoral al poder, la aceptación del mercado, una democracia representativa, la globalización, las libertades individuales y un modus vivendi con Estados Unidos.

Para principios de la década de 2000, la “mejor mitad” de la izquierda latinoamericana llegó al poder en países tan variados como Chile y Uruguay, Brasil y, un poco más tarde, El Salvador.

Tuvo un gran éxito y fue popular en su primer momento. Desafortunadamente, terminó por caer presa de muchos de los flagelos tradicionales de la región: corrupción, mala administración económica y ambición excesiva.

Con todo, sentó las bases para una alternancia en el poder, recurrente y democrática, entre la derecha y la izquierda, algo que en América Latina nunca había ocurrido durante un periodo de tiempo sostenido. Es la base del experimento actual en México que quizá algún día se realice en Cuba, Venezuela y Colombia.

El descenso de la llamada “marea rosada”, que comenzó hace unos cinco años, y el fallecimiento de Fidel Castro (y de casi toda la generación de la década de los sesenta) marcaron el fin de una era.

La muerte de  lo confirma.

Opinión / Por Jorge G. Castañeda

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