Madrugan y se refrescan como cavernícolas

25 de agosto del 2019

Son alternativas, frente a otras, como el uso de aire acondicionado, que contribuyen con el calentamiento global.

Madrugan y se refrescan como cavernícolas

Al tiempo que los meses más calurosos en el Hemisferio Norte transcurren lentamente y las temperaturas alcanzan máximos históricos, la gente batalla para mantenerse fresca.

En Europa, donde una fuerte ola de calor azotó el mes pasado, “se podía ver a los parisinos echándose un chapuzón con todo y ropa en las fuentes del Trocadéro, los vieneses refrescándose en atomizadores municipales y los residentes de Ámsterdam metiendo los pies en una alberca inflable en un café”, reportó The New York Times.

Y en Estados Unidos, como es común, los estadounidenses encienden sus amados aires acondicionados a toda potencia.
“Casi el 90 por ciento de los hogares estadounidenses hoy tiene alguna forma de aire acondicionado, más que cualquier otro país del mundo, salvo Japón”, reportó Penelope Green, en The Times.

Ese es un problema. Los aires acondicionados, que descargan aire caliente y consumen mucha energía, contribuyen al cambio climático, un culpable de estas temperaturas extremas en primer lugar.

“Al enfriar el interior y calentar el exterior, alimentamos un círculo vicioso desastroso”, comentó Brice Tréméac, director del Laboratorio de Frío y Sistemas Energéticos y Térmicos, en París.

En Europa, menos del 10 por ciento de los hogares tiene aire acondicionado. En su lugar, la gente depende de arquitectura de siglos de antigüedad como un remedio para el calor.

“Calles estrechas junto con edificios altos les daban sombra, mientras que construcciones de paredes gruesas y ventanas abiertas permitían que el interior se mantuviera fresco”, apunta Cécile de Munck, del servicio meteorológico nacional francés.

Al tiempo que la infraestructura moderna lucha para mantenerse al día con las temperaturas, algunos creen que hay alternativas aún mejores al AC. “Aprovechar al máximo los lugares frescos y naturales es una solución más inteligente”, dijo Sadio Kante, quien se refrescaba en las aguas del Trocadéro, a The Times.

Esa fue la estrategia de Erica Rex cuando halló su hogar perfecto, arropado en el Valle del Loira, unos 240 kilómetros al suroeste de París y varios metros bajo tierra.

Su “casa troglodita”, un grupo de cuevas interconectadas, mide unos 158 metros cuadrados. La residencia de piedra caliza tiene todas las comodidades de un hogar moderno, con aire acondicionado “integrado a la geología”, escribió en The Times.
El verano pasado, la temperatura de la cueva no rebasó los 22 grados centígrados, indicó Rex.

Christophe Léotot, un geólogo y experto forense, estima que hay 2 mil cuevas habitadas por humanos en el Valle del Loira. A medida que siguen subiendo las temperaturas, las cuevas se convertirán en una opción residencial más popular, predijo Rex.

Esa no es opción para todos. Phoenix, Arizona, en el suroeste desértico de Estados Unidos, es una de las ciudades más calurosas y de más rápido calentamiento en ese país, con 128 días rebasando los 37 grados centígrados el año pasado. Los residentes han aprendido un enfoque sencillo para lidiar con ello: hacer lo más posible antes de que salga el sol.

Trabajadores de la construcción, cuidadores de zoológico y excursionistas -todos inician su jornada muy temprano.
“Dicen que siempre está más obscuro antes del amanecer”, dijo un residente, Jerod W. Teller. “Aquí, siempre está más fresco antes del amanecer”.

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