Mamografías, entre el dolor y el glamour

20 de junio del 2019

Hay un argumento de salud pública a favor de hacer que las mamografías sean menos intimidantes.

Mamografías, entre el dolor y el glamour

Cuando Shawna Peters, reclutadora de ciberseguridad en Minnesota, se enteró de una noche especial que incluía masajes en silla y bolsitas de regalo con mentas, bálsamo para labios y accesorios de pedicure, se apuntó de inmediato. No importaba que tuviera que hacerse una mamografía para ganarse esos obsequios.

Las mamografías son tan latosas y dolorosas, a menos de que una sea la clase de persona a quien le guste tener su seno aplastado entre placas que lo aprietan, que Peters, de 44 años, afirmó que siempre pospone hacerse una. “Es como ir al dentista y que te limpien los dientes”, dijo. Pero con la clínica cercana Fairview ofreciendo extras, Peters terminó disfrutando su cita.

Las noches especiales de Fairview son parte de una nueva estrategia que muchas clínicas médicas están emprendiendo para hacer las mamografías más atractivas. Endulzar las citas con barras de bebidas y batas calientitas da un giro relajado a la experiencia, y también es una manera de vender el resto de la oferta de un hospital a las mujeres, que tienden a ser las tomadoras de decisiones médicas en sus familias.

Cuando Robert J. Min, presidente del consejo de radiología en el Hospital Weill Cornell Medicine y New York-Presbyterian, supervisó la apertura de una nueva clínica de toma de imágenes en el centro de Manhattan el año pasado, insistió en que el espacio fuera luminoso y alegre. Donde aguardan las mujeres cuando se han puesto las batas de hospital, hay una iluminación tenue y ajustable, casilleros personales, música relajante y una selección de batas tipo kimono y de baño que las pacientes pueden usar para cubrirse.

“Típicamente, en muchos centros de toma de imágenes de mama o de obstetricia y ginecología hay muchos colores pastel”, afirmó Min. “’Nenúfares’ por todas partes’”.

En lugar de eso, optó por una pared de acento audaz cubierta de enormes flores moradas.

“Trataba de agregar color pero, honestamente, quería inyectar un poquito de vida y positividad”, dijo. “Estamos muy conscientes de que nadie quiere estar allí”.

En Solis Mammography, una cadena de unas 50 clínicas en Estados Unidos, el ambiente es parecido al de un spa: pisos de madera, frases inspiradoras en las paredes, música tranquila y un esquema de color de grises, morados y verdes tenues.

Pure Mammography, afuera de Nueva York, tiene otra táctica. Trata de atraer a las mujeres donde ya podrían estar: en el centro comercial local.

La clínica incluso tiene un quiosco rosa donde empleadas interceptan a mujeres para platicar sobre mamografías. “A las personas les gusta socializar en un centro comercial, así que cuando ven algo dicen, ‘¿qué es esto?’”,  afirmó Felicia Telep, administradora de oficina de la clínica. “Luego ven Pure, y dicen, ‘¿hacen mamografías en el mol?’”.

Hay un argumento de salud pública a favor de hacer que las mamografías sean menos intimidantes. Aunque las directrices varían, muchos hospitales sugieren que las mujeres se hagan mamografías anuales a partir de los 40 años de edad. Sin embargo, sólo alrededor del 65 por ciento de las mujeres de más de 40 años en Estados Unidos se realizó una mamografía en los últimos dos años, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades.

Sydney Young, abogada en Texas que en fechas recientes acudió a una cita en Solis, afirmó que estos detalles considerados “hacen que se sienta que el consultorio del médico realmente estaba pensando en nosotras”.

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