Bangladesí en EE.UU. sufre el peso de un matrimonio forzado

29 de mayo del 2019

Según la Unicef, 59 por ciento de las jóvenes se casa a los 18 años.

Bangladesí en EE.UU. sufre el peso de un matrimonio forzado

Carrie Zahan, que da clase de Teatro en escuelas públicas, por lo regular no anda en la calle hasta tarde, pero una noche templada en agosto pasado, decidió ir a caminar en su barrio en Brooklyn. En cuestión de minutos, se topó con una pelea.

Un hombre le impedía el paso a una mujer joven. Aunque Ellman-Larsen no entendía el idioma, estaba alarmada.

Unos hombres rodeaban a la pareja. “Deje que venga con nosotros”, le dijeron a Ellman-Larsen. “Esta es una cosa bengalí”.

Finalmente, la mujer le dijo, “matrimonio forzado. No estoy a salvo. Por favor, ayúdeme”.

Cuando llegaron unos policías, le dijeron a la mujer, que se negó a presentar cargos, que se fuera a casa.

No fue hasta más tarde esa noche que la mujer, una inmigrante de 20 años que pidió que se le llamara Zahan, su apellido de soltera, se sintió lo suficientemente cómoda para contar su historia.

Zahan llevaba tres meses en Nueva York. Salió de Dhaka, la capital de Bangladesh, donde había vivido con su familia y estudiaba ingeniería computacional.

En  2017, los padres de Zahan le informaron que venían unos invitados. Llegó una pareja mayor con su hijo, un ciudadano estadounidense de 30 años de origen bangladeshí. Se había decidido que ella y el desconocido se casaran. “Me puse a llorar”.

El matrimonio forzado es generalizado en Bangladesh, donde de acuerdo con la Unicef, 59 por ciento de las jóvenes se casa a los 18 años.

Su esposo regresó a EE.UU. para solicitar una visa de cónyuge

En Bangladesh, ella trató de persuadir a su familia de permitirle renunciar al matrimonio. Cuando sus padres descubrieron que había consultado con un abogado de divorcios, la tacharon de prostituta, la sacaron de la escuela, la encerraron bajo llave en la casa y se volvieron “violentos”, afirmó.

Después de alrededor de un año, su marido volvió. Partieron para Estados Unidos.

A Zahan le habían dicho que sería deportada si intentaba dejar a su esposo, señaló, agregando que le habían quitado el pasaporte.

Su esposo negó cualquier acto de violencia o abuso, y refutó que el matrimonio hubiera sido forzado. Pero esa noche en Brooklyn, Zahan decidió que ya no soportaba más. Se puso a correr, pero su marido la alcanzó.

Esta era la escena descubierta por Ellman-Larsen. Posteó un mensaje en Facebook: “necesito una abogada bengalí ya”. El mensaje llegó a Shahana Hanif, una feminista musulmana bangladeshí-estadounidense.

Hanif recordó una mezquita que había abierto un albergue seguro para inmigrantes musulmanas. Registraron a Zahan en el Refugio para Mujeres Asiyah a las 2:00 de la madrugada.

En una era de prohibiciones de viajes, sentimiento antiinmigrante y atentados terroristas contra mezquitas, hay un alto nivel de ansiedad entre los musulmanes. Si resulta que son sobrevivientes musulmanes de abuso, el temor puede ser paralizante.

También existe el miedo entre los inmigrantes , ya sean indocumentados o, como Zahan, los que temen perder su estatus migratorio, de comparecer en un tribunal.

Aunque la ciudad de Nueva York tiene una población de casi 800 mil musulmanes, Asiyah es el único albergue seguro dedicado a las musulmanas que huyen del abuso.

Por su afiliación religiosa, Asiyah no es elegible para recibir fondos públicos y ha batallado para operar solamente con donativos.

Zahan no hablaba inglés con fluidez, no estaba familiarizada con la cultura estadounidense y no sabía cómo andar en el metro o autobuses. No tenía amigos ni dinero y su estatus migratorio dependía de su esposo.

Ahora, ha logrado dar pasos para comenzar una nueva vida. Fue puesta en contacto con un abogado migratorio gratuito. Se ha mudado a un departamento. Encontró un empleo como cajera en una cadena de comida rápida.

Aunque Zahan ha decidido entablar una demanda de divorcio, aún teme que el proceso afecte su estatus migratorio. Pero una cosa tiene clara.

“Ahora conozco mis derechos”, afirmó. “Nadie me puede convencer de regresar con él”.

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