Melides, un paraíso inmaculado en Portugal

5 de septiembre del 2019

Es un pequeño pueblo en la ladera de una colina en la región rural de Portugal.

Melides, un paraíso inmaculado en Portugal

El carnicero local, con su hija parada a su lado, vendía pollos rostizados y trozos de carne de res recién cortada, a clientes que sólo tenían que asomarse a la tienda y señalar con la cabeza para hacer sus pedidos, como se ha hecho durante décadas en Melides, este pequeño pueblo en la ladera de una colina en la región rural de Portugal.

A sólo una cuadra de distancia, visitantes de habla francesa incursionaban en la hilera de boutiques recién abiertas que venden bikinis y vestidos de diseñador, junto al sitio donde el diseñador francés de calzado Christian Louboutin se prepara para construir el primer hotel de este poblado. Es un indicio de los dos mundos que se han unido en este pueblo junto al mar.

Melides y el resto de la costa de Alentejo se hallan en medio de una transformación al tiempo que una oleada de europeos súper ricos -artistas, banqueros, actores y estrellas del deporte- ha descubierto este bello lugar, que se ubica en la parte media de un tramo de 65 kilómetros de playas casi vírgenes del Océano Atlántico, y a la orilla de cientos de kilómetros cuadrados de campos de alcornoque, viñedos y arrozales.

La región tiene el último tramo inmaculado de costa del Atlántico en todo el sur de Europa.
“He viajado toda mi vida y nunca he visto un lugar tan prístino como éste en Europa”, dijo Noemi Marone Cinzano, una condesa

Melides no tiene nada ostentoso, los residentes se reúnen en la plaza principal durante horas jugando cartas o inmersos en conversaciones.

Desde hace mucho tiempo, la región de Alentejo ha sido conocida como una de la zonas más pobres de Europa Occidental, aunque su suelo arenoso es fértil. Uvas, arroz, trigo, centeno, avena, aceitunas, miel, espárragos, nueces, bayas, trufas, champiñones y otros tipos de verduras se cultivan o producen en la región, conocida como la canasta de pan de Portugal.

Las partes tierra adentro de Alentejo -que incluyen pueblos históricos y viñedos- tienen tiempo de atraer a fuereños. Pero la costa de Alentejo es una adición más reciente en el mapa de los turistas internacionales, atrayendo a visitantes adinerados a partir más o menos del año 2000, cuando muchos de ellos se dirigieron al pueblo costero llamado Comporta, al norte por el camino de Melides.

Melides es un pueblo sencillo de alrededor de mil 500 habitantes, unos cuatro restaurantes, una iglesia, unas cuantas tiendas pequeñas y un supermercado. La plaza principal de Melides cuenta con una oficina de correos, un pequeño café, un puesto de periódicos, una funeraria y una carnicería, junto con una colección de mesas pequeñas donde los lugareños se reúnen para pasar las horas.

Hay muchas casas del área disponibles para rentas a corto plazo y un sitio para campamentos que tiene en renta búngalos pequeños, pero cómodos, cerca de la playa.

Las playas no tienen igual. A Praia da Galé, a unos 15 minutos en las afueras de Melides, se accede por una serie de escaleras construidas en el acantilado de arenisca y rodeadas por una deslumbrante colección de areniscas rojizas y desgastadas. Estas formaciones, de alrededor de 5 millones de años, se elevan 40 metros hacia al cielo. Una vez a nivel del mar, no hay nada más que una enorme playa vacía y el pescador ocasional.

Largos tramos de esta costa están permanentemente protegidos como parques nacionales, y en otras áreas hay restricciones que prohíben cualquier construcción nueva cerca de la playa. Incluso tierra adentro, cualquiera que compre cierta tierra de cultivo debe estar de acuerdo en continuar con algún tipo de agricultura, aun si son sólo uvas para vino.

Hay toda clase de actividades al aire libre. La más sencilla es la enorme red de senderos de pescadores que se extiende 450 kilómetros tierra adentro y a lo largo del Atlántico, llamada Rota Vicentina.

Los visitantes también pueden dar paseos a caballo, tomar clases de surfing, pasear en bicicleta, ver delfines e ir a pescar, remar en kayak o volar en globo aerostático. Varias de las playas, incluida un área llamada Santo André, tienen lagunas naturales, que ofrecen aguas tranquilas y poco profundas sin peligro para los niños pequeños. El área de Santo André también es una reserva natural; presume más de 240 especies de aves y cientos de tipos de mariposas.

Portugal es un lugar tranquilo, comparado con gran parte de Europa, afirmó Jason Martin, el pintor británico abstracto que tomó un anterior centro nocturno como su estudio y construyó una casa en la ladera cercana.

“No parece encajar en el mundo contemporáneo al que estamos acostumbrados. Cuando regreso a Londres, necesito un casco protector”, comentó.

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