Relacionan tiroteos masivos en EE.UU. con misoginia

17 de agosto del 2019

Un hilo en común que conecta a muchos de los tiradores es un historial de odio contra las mujeres.

Relacionan tiroteos masivos en EE.UU. con misoginia

El hombre que asesinó a tiros a nueve personas a principios de agosto en Dayton, Ohio, les tenía rabia a sus compañeras de clase y las amenazó con violencia. El individuo que masacró a 49 personas en un antro en Orlando en el 2016 golpeó a su esposa mientras estaba embarazada, reveló ella a las autoridades. El sujeto que mató a 26 personas en una iglesia en Sutherland Springs, Texas, en el 2017 había sido hallado culpable de violencia doméstica.

Los motivos de los varones que perpetran tiroteos masivos a menudo son confusos, complejos o desconocidos. Pero un hilo en común que conecta a muchos de ellos es un historial de odio contra las mujeres, ataques a esposas, novias y familiares mujeres u opiniones misóginas expresadas en línea, declaran algunos investigadores.

Al tiempo que Estados Unidos lidia con los tiroteos masivos de este mes y de nueva cuenta debate las restricciones a la propiedad de armas, algunos defensores del control de armas señalan que el papel de la misoginia en estos ataques debería ser considerado en los esfuerzos por evitarlos.

El hecho de que los tiroteos son perpetrados casi exclusivamente por varones “está ausente de la conversación nacional”, dijo Gavin Newsom, el Gobernador de California.

Aunque ha surgido un posible motivo del tirador que asesinó a 22 personas en El Paso (subió un manifiesto racista en línea diciendo que el ataque era en respuesta a “una invasión hispana de Texas”) las autoridades están tratando de averiguar qué llevó a Connor Betts, de 24 años, a acabar con las vidas de nueve personas en Ohio, entre ellas su hermana.

Desde la matanza, la gente que conocía a Betts lo describió como un hombre extraño; otros recordaban sus arrebatos de furia y su obsesión con las armas.

Esos arrebatos a menudo iban dirigidos a mujeres que conocía. En la preparatoria, Betts hizo una lista amenazando con violencia o violencia sexual a sus blancos, en su mayoría chicas, han revelado compañeros de clase.

Sus amenazas eran lo suficientemente atemorizantes como para que algunas chicas alteraran su conducta: trata de no llamar su atención, pero tampoco lo antagonices.

Shannon Watts, fundadora de Moms Demand Action for Gun Sense in America (Madres Exigen Acción por un Buen Juicio en el Uso de Armas), citó una estadística que contradice la noción de que los tiroteos masivos por lo común son aleatorios: en más de la mitad de los tiroteos masivos en Estados Unidos entre el 2009 y el 2017, una pareja íntima o un familiar del atacante se contó entre las víctimas.

(El estudio, realizado por el grupo activista en pro del control de armas Everytown for Gun Safety, definió los tiroteos masivos como aquéllos en los que murieron cuatro o más personas, sin incluir el atacante).

“La mayoría de los tiroteos masivos tiene sus raíces en la violencia familiar. Es una señal de alarma importante”, señaló Watts.

La ley federal de Estados Unidos prohíbe que las personas halladas culpables de cierta clase de violencia doméstica, y algunos agresores sujetos a medidas cautelares, adquieran o tengan armas.

No obstante, hay muchas lagunas legales, y las mujeres en relaciones que no están casadas, no tienen hijos o no viven con sus agresores no reciben protección. La ley federal tampoco brinda un mecanismo para, de hecho, quitarles sus armas a los abusadores.

Allison Anderman, consejera titular del Centro Jurídico Giffords para la Prevención de Violencia con Armas, dijo que las medidas que faciliten el retiro de armas a los agresores “son un paso crucial para salvar la vida de sobrevivientes de abuso”.

Y dado el vínculo entre abuso doméstico y tiroteos masivos, estas leyes también podrían ayudar a evitar masacres, apuntó.

Los flagelos de la violencia doméstica y los tiroteos masivos en Estados Unidos están estrechamente entrelazados. La masacre en la torre de la Universidad de Texas en 1966, generalmente considerada el inicio de la era de los tiroteos masivos modernos en Estados Unidos, comenzó cuando el tirador mató a su madre y su esposa la noche anterior.

Un odio declarado a las mujeres es frecuente entre los sospechosos en el largo historial de tiroteos masivos en Estados Unidos.
Un ejemplo es la masacre ocurrida en 1991, cuando un hombre entró a una cafetería Luby’s en Killeen, Texas, y mató a tiros a 22 personas. El sujeto había escrito recientemente una carta a sus vecinos llamando a las mujeres en el área “víboras”, y algunos testigos narraron que había pasado de largo a algunos hombres en la cafetería para disparar contra mujeres.

En años recientes, un buen número de estos hombres se han identificado como incels, o célibes involuntarios, una subcultura de varones que expresan furia contra las mujeres por negarles sexo, y que a menudo fantasean con violencia y celebran a los tiradores masivos en grupos de discusión en línea.

En estos sitios en internet, se guarda especial reverencia por Elliot O. Rodger, quien en el 2014 mató a seis personas en Isla Vista, California, un día luego de subir un video titulado “La Represalia de Elliot Rodger”. En la grabación, se describe a sí mismo como torturado por privación sexual y promete castigar a las mujeres por rechazarlo. Varios asesinos masivos lo han citado como una inspiración.

Alek Minassian, quien condujo una van sobre una banqueta en Toronto en el 2018, matando a 10 personas, había publicado un mensaje en Facebook minutos antes del ataque elogiando a Rodger. “¡Ha iniciado la rebelión Incel!”, escribió. “¡Salve el Caballero Supremo Elliot Rodger!”.

Y Scott P. Beierle, quien el año pasado asesinó a tiros a dos mujeres en un estudio de yoga en Tallahassee, Florida, también había expresado simpatía por Rodger en videos en línea en los que arremetió contra mujeres y minorías y contó historias de desamor.

Beierle había sido acusado dos veces de agresión luego de que mujeres lo denunciaron por hacerles tocamientos.

Algunos expertos indican que los mismos patrones que llevan a la radicalización de los supremacistas blancos y otros terroristas se pueden aplicar a los misóginos que recurren a la violencia masiva: un individuo solitario y atormentado que encuentra en línea una comunidad con puntos de vista afines, y un desahogo para su furia.

“Están furibundos, son suicidas, han tenido una niñez traumática y vidas difíciles, y llegan a un cierto punto y hallan algo o alguien a quien culpar”, explicó Jillian Peterson, cofundadora de Violence Project, un grupo de investigación que estudia los tiroteos masivos.

“Para algunas personas, son las mujeres, y como que estamos viendo que eso está tomando fuerza”.

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