Mujeres retan la cultura empresarial de Corea del Sur

18 de septiembre del 2019

Es una de una nueva oleada de mujeres coreanas que fundan sus propias compañías,

Mujeres retan la cultura empresarial de Corea del Sur

Energy Nomad parece ser una compañía surcoreana típica: prácticamente todas las personas que trabajan ahí son hombres. Ingenieros recorren las líneas de producción en una fábrica a las afueras de Seúl. La única excepción inclina respetuosamente la cabeza mientras un gerente senior la guía hacia una sala de juntas.

Las apariencias engañan.

La mujer, Park Hye-rin, de 33 años, fundó Energy Nomad en el 2014. “Tal vez pueda alentar a la siguiente generación de mujeres”, dijo. “Más mujeres jóvenes podrían unírseme en esta comunidad del futuro”.

Es una de una nueva oleada de mujeres coreanas que fundan sus propias compañías, frustradas por su ascenso en la jerarquía corporativa en una cultura empresarial dominada por hombres.

En el 2018, más del 12 por ciento de las mujeres en edad de trabajar en Corea del Sur estaban involucradas en iniciar o administrar compañías nuevas, un drástico aumento en comparación con el 5 por ciento de apenas dos años antes, de acuerdo con Global Entrepreneurship Monitor.

Un reporte de Mastercard sobre 57 economías globales el año pasado señaló que Corea del Sur mostraba el mayor progreso en alentar a mujeres emprendedoras. La tendencia podría transformar un mundo corporativo donde la discriminación contra las mujeres está profundamente arraigada.

Corea del Sur ha sido una maravilla de progreso económico durante los últimos 50 años. Pero las nociones del papel de la mujer en la sociedad a menudo las han atrapado en empleos mal remunerados con pocas posibilidades de avance.

Desarrollar una iniciativa nueva es un esfuerzo arriesgado en cualquier circunstancia, pero las mujeres surcoreanas a menudo no son tomadas en serio por banqueros, ejecutivos o incluso empleados.
“Tienes que poner esfuerzo adicional para ser una mujer emprendedora”, dijo Kim Min-kyung, de 35 años, fundadora de la compañía de lencería personalizada Luxbelle.

Bajo los estándares habituales de éxito en Corea del Sur, ella ya había triunfado, al conseguir empleos en filiales del grupo empresarial Samsung, entre los puestos más codiciados en el País. Aunque nunca enfrentó discriminación abierta ahí, dijo, “pensé que no conseguiría un puesto de alto nivel”.

Kim renunció en el 2014 y fundó Luxbelle un año después. Su sitio en internet guía a las mujeres para elegir y ajustar lencería, que entonces compran en línea. Ella ha atendido la mayoría de los aspectos del negocio —diseñar lencería, manejar el sitio en internet y recaudar capital.

Este tipo de actitud emprendedora alguna vez fue inusitada en Corea del Sur. Familias conservadoras suelen presionar a hijos e hijas para que busquen empleos predecibles dentro del Gobierno o grandes empresas. El capital de riesgo era escaso en un sistema creado para canalizar fondos a los enormes conglomerados que dominan la economía. La situación comenzó a relajarse a fines de los 90.

Ser emprendedor se volvió más aceptable y hubo más dinero disponible.

También están cambiando las actitudes sociales hacia las mujeres, si bien lentamente. Todavía es común esperar que las esposas lleven la carga de la crianza de los hijos y las responsabilidades del hogar.

El Gobierno quiere que más mujeres ingresen a la fuerza laboral al tiempo que la población envejece y busca formas de mantener su economía en crecimiento. De acuerdo con el Ministerio para empresas de arranque, se destinaron 470 millones de dólares a apoyar compañías dirigidas por mujeres en el 2019, 18 veces el total del 2015. Instituciones públicas también presupuestaron 7.6 mil millones de dólares para hacer compras a firmas de mujeres este año.

Las mujeres emprendedoras aún enfrentan obstáculos. Kim se vio hablando de la lencería de Luxbelle con hombres inversionistas de capital de riesgo. “Ni siquiera entienden que el ajuste de un brasier puede ser un negocio”, dijo.

Manejar empleados también puede ser complicado, como descubrió Jihae Jenna Lee, de 39 años. Tras una década en Wall Street, regresó a Corea del Sur y en el 2015 fundó AIM, para ofrecer asesoría financiera impulsada por computadora. Lee y su equipo, que ahora administran 40 millones de dólares, operan desde una oficina de WeWork en el norte de Seúl.

En el 2016, contrató a un gerente senior de una firma de corretaje en Seúl. Sin embargo, contó, él tenía problemas para aceptar que su jefe era mujer. Al poco tiempo se fue.

Muchos hombres en Corea del Sur “no están acostumbrados a ver mujeres en el poder, mujeres que toman decisiones o mujeres como socias”, dijo Lee. “Probablemente sólo han visto una mujer ejecutiva en toda su vida”.

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