Niños jockeys, tradición polémica en Indonesia

30 de agosto del 2019

Los pequeños, que no superan los 10 años, ganan no más de 7 dólares.

Niños jockeys, tradición polémica en Indonesia

El niño montó al caballo descalzo, con sólo un casco que no le quedaba bien para proteger su cabeza y un talismán debajo de su ropa para darle la valentía de sus ancestros.

Lo último que el niño, Firmansyah, de 8 años, recordó de la carrera que siguió fue quedar acorralado entre dos caballos competidores. Se le soltó de las manos la crin de su montura y cayó.

Firmansyah no recuerda haberse golpeado la cabeza en la cerca de madera destartalada que bordea la pista ni haber caído sobre su hombro mientras los tres caballos en el grupo rezagado pasaron con estruendo. Tampoco recuerda haber sido levantado por un oficial de policía que lo llevó a toda prisa en motocicleta a una clínica rudimentaria. Pero cuando se despertó la mañana siguiente, declaró, con tono poco convencido, que se “sentía fuerte” y estaba “listo para competir hoy”.

Unas horas después, estaba de vuelta en las puertas de salida en otra carrera de la ronda preliminar de la Copa del Jefe de Policía Regional 2019.

En la ciudad de Bima en la isla de Sumbawa, el uso de niños jockeys, algunos de apenas 5 años, en carreras de caballos profesionales es parte de una vieja tradición en muchas familias.

“A fines de los años 90, los jockeys usualmente tenían de unos 10 a 14 años de edad, pero luego hallamos que los jockeys más ligeros eran más veloces, y ahora tienen de unos 6 a 10 años”, dijo Fahrir H. M. Noer, vicepresidente de la carrera.

Los defensores de los derechos de los niños creen que la práctica constituye abuso infantil y debería prohibirse, pero los funcionarios del Gobierno afirman que no viola la ley de explotación indonesia.

Pese al llamado a vetar las carreras, no muestran señales de detenerse, y la semana de competencia en Bima es un evento destacado en el calendario de la urbe.

El ingreso que ganan los niños de Sumbawa por una carrera puede ser significativo para una familia pobre. Para cada una de las más de 300 carreras durante la semana, los propietarios de caballos escogen entre unos 30 niños jockeys y les pagan de 50 mil a 100 mil rupias por carrera en las rondas iniciales, o de 3.50 a 7 dólares. Al progresar a las finales, pueden ganar lo doble de eso, con bonificaciones de hasta un millón de rupias, o 70 dólares, en un lugar donde el salario mínimo mensual es un poco más del doble de eso.

Los dueños de caballos compiten por su parte de la bolsa de premios de 482 millones de rupias, o unos 34 mil dólares.

El primer premio por ganar la final de cada categoría es una bicimoto con un valor de mil 200 dólares. El segundo premio es una vaca que vale 500 dólares.

Uno de los jockeys, Imam Dudu, de 8 años, va a la primaria, pero a veces falta a clases para competir, dijo su padre.

Su madre, Tiara, señaló que “cabalgar en las carreras es dinero fácil para la familia”.
Asikin Bin H. Mansur es un entrenador de caballos cuyos dos hijos adultos fueron jockeys. Su niño Adi, de 7 años, competía en la Copa del Jefe de Policía de este año.

“Me preocupa que se caiga y se lastime, pero es una tradición aquí en la isla y en mi familia”, dijo Asikin.

Adi clasificó para una final en Bima y terminó en cuarto lugar, ganando un refrigerador para el dueño.

El padre de Adi parecía contento con lo que su hijo ganó por la semana, unos 162 dólares. “Fue un regalo de Alá”, afirmó.

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