No despega WOW Air ni economía de Islandia

26 de septiembre del 2019

La nación isleña padece una caída en turistas que amenaza con empujarla a la recesión.

No despega WOW Air ni economía de Islandia

En retrospectiva, probablemente no fue una idea fantástica dejar las fortunas económicas de Islandia atadas a una aerolínea llamada WOW.

Antes de que se derrumbara en marzo, WOW Air entregaba más de una cuarta parte de todos los visitantes internacionales a esta nación isleña de espectaculares terrenos accidentados. Sus tarifas que retan el límite de la credulidad —199 dólares el viaje redondo desde Nueva York y San Francisco— fueron elementos clave de una bonanza turística que sacó a Islandia de su catastrófica crisis financiera del 2008.

Ahora, seis meses después de que WOW dejó de volar, Islandia está padeciendo una caída en turistas que amenaza con empujarla a la recesión. La caída completa un ciclo que no es desconocido para las 350 mil personas que viven en esta isla propensa al auge y la decadencia.

WOW explotó la crisis financiera, que convirtió al país en un destino más al alcance del bolsillo. Entonces, WOW ayudó a convertir los glaciares de Islandia en el telón de fondo para infinidad de selfies, trayendo millones de visitantes e impulsando el crecimiento. Finalmente, WOW desapareció, enviando a Islandia nuevamente a terreno peligroso.

Compañías turísticas, hoteles y tiendas minoristas ahora resienten las cancelaciones y la caída en ventas, obligando a recortes de precios. El Banco Central de Islandia ha advertido que es probable que la economía se contraiga este año, impulsando a los gobernadores a bajar las tasas de interés.

“Lo sentimos”, dijo Solveig Ogmundsdottir, una bibliotecaria retirada que teje gorras adornadas con imágenes de aves conocidas como frailecillos y las vende cerca del puerto en Reikiavik, la capital. Sus ventas han bajado 20 por ciento este año, dijo, tendencia que atribuyó a la desaparición de WOW.

Lanzada en el 2011, WOW Air fue idea de Skúli Mogensen, cuyas proclamaciones ostentosas, mercadotecnia irreverente y gusto por la aventura han provocado comparaciones con Richard Branson, el emprendedor detrás de Virgin Atlantic.

Mogensen pretendía convertir a Reikiavik en un importante centro aéreo internacional, explotando su ubicación cerca de la cima del planeta para transportar pasajeros entre Norteamérica, Europa y Asia, recortando el tiempo de las rutas tradicionales. Islandia sería una escala tentadora, si no es que un destino final.

“Todo mundo pensaba que estaba loco”, dijo Mogensen. “Quizá tenían razón, y eso hizo que más deseara hacerlo. No sabía prácticamente nada sobre la industria de las aerolíneas”.

Durante un tiempo, pareció un prodigio.

Entre el 2011 y el 2015, el número de turistas que visitaban Islandia creció más del doble a 1.3 millones al año, reflejando la fuerza de las redes sociales en el impulso del turismo.

A medida que los fans de “Game of Thrones” se enteraban que la acción era grabada en Islandia, emprendedores iniciaron tours a locaciones clave. El video musical del 2015 de Justin Bieber de “I’ll Show You” mostró el impresionante cañón Fjadrárgljúfur de Islandia, provocando que decenas de miles llegaran a la zona.

Ese año, WOW extendió el servicio por Norteamérica. Para el 2018, llegaron unos 2.3 millones de turistas. Pero al extender el servicio a Los Ángeles y San Francisco, WOW agregó jets de fuselaje ancho. Las nuevas cabinas premium complicaron su negocio y se sumaron a sus costos, y la rentabilidad cedió el paso a las pérdidas. Este año, se agotó el dinero.

Se perfila que la cantidad de visitantes internacionales disminuya un 16 por ciento este año. “Está perjudicando a todo mundo”, dijo Stefan Gudjonsson, director de investigación en Arion Bank. “Estamos viendo la suspensión de proyectos”.

Los expertos expresan confianza en que una recesión no provocará un pánico financiero. No obstante, el turismo es la industria más grande de Islandia.

“Lo estamos resintiendo mucho”, dijo Gauja Helgudottir, que supervisa el mostrador en el Icelandic Seal Center, un centro de investigación y museo de focas en Hvammstangi, en el noroeste del País. El número de visitantes ha caído más de un tercio, indicó.

En Reikiavik, la disminución se detecta con menos facilidad. Los turistas llenas restaurantes que sirven ballena y frailecillo.

En Hestaland, una granja en las afueras del poblado de Borgarnes, que lleva a visitantes en paseos por veredas montados en caballos islandeses, y en el Lago Myvatn, donde los turistas se sumergen en manantiales de aguas termales naturales, la demanda de alojamiento se ha desplomado. Sin embargo, algunos albergan una sensación de que una baja en el turismo podría ser saludable; un respiro muy necesario para una isla abrumada.

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