Buscan resurgir el socialismo en Alemania aunque fracasó

Buscan resurgir el socialismo en Alemania aunque fracasó

19 de mayo del 2019

En los 80, un primo del lado de mi padre me dio una lección memorable sobre socialismo.

El primo Werner era un ingeniero en una fábrica de vehículos en Alemania Oriental.

Igual que muchos otros bajo el régimen comunista, independientemente de sus aptitudes y preparación académica, él y su esposa vivían en uno de los departamentos típicamente pequeños de un complejo de viviendas de bloques de concreto.

Estos llamados Plattenbauten eran elogiados como un símbolo de la sociedad presuntamente igualitaria del Este bajo Erich Honecker.

Durante una de las visitas de mi familia desde nuestro hogar en Alemania Occidental, Werner nos llevó al sótano de su edificio y abrió la puerta a una pequeña bodega.

Dentro se hallaba una colección de herramientas finas que nos sorprendió incluso a nosotros los del Oeste: martillos y llaves de todo tipo, taladros y un torno para un taller profesional.

Cuando le preguntamos cómo había obtenido todo este equipo en una economía que era tristemente célebre por la escasez, Werner se encogió de hombros. “Bueno, Honecker nos dijo que sacáramos lo que pudiéramos de nuestras fábricas, ¿no es así?”, comentó.

El socialismo no funcionó para todos

El socialismo, la idea de que la colectivización de los medios de producción satisface mejor las necesidades de los trabajadores, no funcionó para Werner.

La planeación central no fue capaz de satisfacer las demandas individuales de la gente y, por lo tanto, florecieron los mercados negros y la falta de respeto por las reglas.

El hurto menor de Werner quedaba eclipsado por la corrupción que debilitó a Alemania Oriental desde su fundación. Con el tiempo fracasó el socialismo en Alemania, como sucedió en todas partes.

Es por eso que, en el 2019, resulta extraño ver que el socialismo vuelva a la política tradicional alemana: Kevin Kühnert, líder de la organización juvenil de los Demócratas Sociales, lo ha convertido en su tarjeta de presentación.

El socialismo significa control democrático sobre la economía, señala Kühnert. Quiere reemplazar el capitalismo como tal, no simplemente recalibrarlo.

El neosocialismo alemán es profundamente distinto al capitalismo.

El socialismo de Kühnert pone las necesidades antes de las aptitudes, y el bienestar colectivo por encima de la recompensa individual. Algunas compañías como BMW serían colectivizadas, lo que significa que pasarían a ser propiedad de los trabajadores.

El mismo principio sería aplicado a los bienes raíces. “No creo que sea un modelo de negocios legítimo, el ganarse la vida con el espacio que habitan otras personas”, dijo.

“A lo mucho, todos deben ser dueños del espacio que uno mismo habita”, egregó.

Todo lo demás sería propiedad colectiva.

¿Por qué está floreciendo la idea del socialismo?

Más que nada, es la tentación de contrarrestar una reacción exagerada con su opuesto.

La primera reacción desmedida fue la llamada época neoliberal que dio inicio después de 1989.

La victoria sobre “el verdadero socialismo existente”, como lo llamaban en Alemania Oriental y otros lados, además de la globalización y la digitalización, le dio a la economía de libre mercado un impulso a su ego.

Pero ese impulso fue distorsionador: las ganancias económicas fueron canalizadas cada vez más hacia arriba, mientras que la creciente lista de riesgos sociales fue canalizada hacia abajo.

Los ataques del 11 de septiembre fueron otra distorsión: enfocadas en la amenaza del terrorismo, las naciones de Occidente no lograron ver un riesgo mayor.

“Carne de cañón” para el capitalismo desmedio

Como argumenta Kishore Mahbubani en su libro “Has the West Lost It?”, el hecho más decisivo del 2001 no fueron los ataques, sino el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio.

Al esencialmente dar el visto bueno a las prácticas comerciales injustas de Beijing, Occidente destruyó la seguridad económica que había afianzado su contrato social capitalista.

El capitalismo incontrolado evidentemente no era lo que los fundadores de la República de Alemania Occidental tenían en mente.

“El sistema económico capitalista no sirvió a los intereses del pueblo alemán”, declararon los Demócratas Cristianos en 1947.

Alemania del Oeste fue construida sobre la idea de la economía social de mercado. La competencia individual era valorada, pero también lo era la obligación de los ricos de ayudar a los menos afortunados.

Sin embargo, hoy los más acaudalados a menudo son los que tienen los recursos y la habilidad para evadir impuestos y enviar empleos a China.

Como resultado, algunos alemanes, como Kühnert, reaccionan no con llamados a corregir estos errores, sino condenando por completo el capitalismo.

Lo que no logran ver es que el socialismo no traerá el cambio que buscan. Por el contrario, ofrecer recetas fallidas del pasado sólo hará que sea más fácil para los especuladores del capitalismo desmedido condenarlas.

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