Zimbabue tiene sed y muchos problemas más

11 de agosto del 2019

Años de administración deficiente han dejado a la economía en la ruina.

Zimbabue tiene sed y muchos problemas más

Habían pasado cinco días desde que el agua había dejado de salir de los grifos en el bungaló de Eneres Kaitano, en el sur de Harare, la moderna y ordenada capital de Zimbabue. Cinco días desde que había lavado ropa. Cinco días desde que les prohibió a sus hijos usar el inodoro más de una vez al día.

El sexto día, se levantó a las 3:00 horas para recolectar agua de un pozo comunal. En las primeras horas de la tarde y aún aguardaba su turno al grifo. La mayor parte de la ciudad tenía la misma idea. Hoy, más de la mitad de los 4.5 millones de habitantes del área metropolitana de Harare tienen agua corriente sólo una vez a la semana, de acuerdo con el Alcalde de la ciudad, lo que los obliga a hacer filas de espera en los pozos comunales y arroyos.

“Nos está ocasionando graves problemas”, afirmó Kaitano, una vendedora mayorista de pantalones de mezclilla de 29 años.

La severa escasez de agua en Zimbabue es resultado de una sequía particularmente grave este año, un síntoma del cambio climático. El manejo deficiente del agua ha causado el desperdicio de gran parte de la que queda. Dos de los cuatro embalses de Harare están vacíos por la falta de lluvia, pero entre el 45 y el 60 por ciento del agua que queda se pierde debido a fugas y robos, afirmó Herbert Gomba, Alcalde de Harare.

Pero la crisis del agua es sólo un microcosmos de los malestares de Harare. Años de administración deficiente bajo Robert Mugabe, quien gobernó Zimbabue durante 37 años hasta que finalmente fue depuesto en el 2017, han dejado a la economía en la ruina. Los habitantes batallan a diario con apagones que duran entre 15 y 18 horas; desabasto de medicinas, combustible y billetes; y una inflación de más del 175 por ciento.

Zimbabue se ha convertido en un país de filas. En semanas recientes, los conductores típicamente han hecho fila durante tres horas para reabastecerse de gasolina que ha sido diluida con etanol, que se quema con mayor rapidez.

Los trabajadores esperan horas en largas filas afuera de los bancos para recibir su pago en efectivo debido a una escasez de dólares zimbabuenses.

El precio del pan ha aumentado 700 por ciento en el último año y algunos medicamentos ahora son diez veces más caros, al tiempo que los salarios se mantienen estancados.

“Es una pesadilla”, dijo Norman Matara, un médico. Algunos de sus pacientes ya no pueden costear sus medicamentos, mientras que otros los toman “una vez cada tercer día en lugar de una vez al día”, comentó.

El nivel de precipitación pluvial este año ha sido 25 por ciento menor que el promedio anual, de acuerdo con Washington Zhakata, director del Departamento de Manejo del Cambio Climático del gobierno zimbabuense.

Harare, una ciudad de suburbios con conjuntos de edificios tipo vecindad para personas de bajos recursos, todos alrededor de un compacto distrito comercial central, ha sido afectada severamente.

“Se pierde mucho tiempo esperando, afecta la parte productiva de la economía”, dijo Gomba. “Afecta todo el ciclo de la vida”.

Emmerson Mnangagwa, el Presidente de Zimbabue, asumió el mando del país después de encabezar el golpe de estado que depuso a Mugabe. Su Gobierno asegura que está en un proceso de mejora de la economía zimbabuense, señalando a medidas de austeridad que provocaron un inusual superávit presupuestal en el primer trimestre del año.

Pero el Gobierno hasta ahora ha sido incapaz de detener la inflación creciente, la devaluación de la moneda y los costos de importación.

Mnangagwa niega que los errores se deban a su Administración. Culpó de los errores en el manejo del agua a los políticos de los partidos de Oposición en los gobiernos locales, como Gomba. El Gobierno nacional está en proceso de asegurar un préstamo de 71 millones de dólares del Gobierno chino para renovar el sistema hidráulico de Zimbabue, dijo.

“Cuando se concrete, comenzarán los trabajos”, dijo. No obstante, el historial de las autoridades no es muy prometedor.

En un manantial entre los matorrales de la periferia del sur de Harare, el agua a fines de julio se había reducido a un hilo, obligando a los habitantes a esperar unas tres horas para llenar sus baldes.

Muchos residentes faltan a sus empleos para asegurarse de que sus familias tengan suficiente agua.

Kaitano sólo había podido llevar su ropa al mercado una vez desde que dejó de salir agua, perdiendo los ingresos de una semana. Su amiga, Susan Chinoda le permitía a sus hijos sólo una taza de agua al día y una sola ida al baño.

“Estamos seriamente restringidos de vivir nuestras vidas”, dijo Chinoda, de 32 años. “El agua es vida”.

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