Economía italiana está atrapada en un atolladero

20 de agosto del 2019

“La economía no se contrae, no crece. Italia es un país que es débil, viejo, donde no hay inversión en ideas nuevas”.

Economía italiana está atrapada en un atolladero

Cualquier esperanza de que un Gobierno radicalmente poco convencional pudiera sacudir a Italia para sacarla de su sopor económico ha cedido el paso en gran parte a una resignación amarga de que, en este país, nada parece cambiar jamás.

Más de un año después de que Italia entregó el poder a una coalición de dos socios combativos, La Liga, un partido populista de derecha, y el Movimiento 5 Estrellas, que es antiestablishment, la economía sufre la presión de una incesante aspereza política. Matteo Salvini, líder de La Liga, declaró hace poco diferencias irreconciliables con el Movimiento 5 Estrellas y llamó a elecciones anticipadas.

Las compañías están postergando expansiones y limitando la inversión en lugar de arriesgar efectivo en épocas de incertidumbre. La deuda pública se mantiene en más de 2 billones de euros (2.24 billones de dólares), o más de 130 por ciento de la producción económica anual.

Los bancos tienen préstamos incobrables en cartera, lo que los vuelve reacios a prestar. Una economía que no se ha expandido durante la última década se estancó entre abril y junio, de acuerdo con datos recientes, mientras que la inversión disminuyó. Eso hizo que Italia siguiera perfilándose a registrar cero crecimiento este año, al tiempo que refuerza su posición como la economía más débil de Europa.

A principios de este año, el Adler Pelzer Group, un fabricante italiano, aseguró un pedido para elaborar partes para aviones militares. Eso significaba 250 empleos nuevos en su fábrica a las afueras de Nápoles. “Era una gran oportunidad”, dijo Paolo Scudieri, presidente de la compañía. Pero en el creciente caos político, trasladó el trabajo a Polonia. “Los conflictos con el mundo han creado problemas de credibilidad para el Gobierno italiano”, dijo Scudieri. “Han creado problemas no sólo para mi compañía sino para todas las compañías italianas y, sobre todo, para la propia Italia”.

El mes pasado, Italia logró neutralizar su problema más inmediato, el riesgo de violar los límites de la Unión Europea para su deuda pública. Pero La Liga sigue decidida a adoptar un así llamado plan de impuesto uniforme para reducir impuestos. Pagar ese plan obligaría a Italia a recortar el gasto o a chocar de nuevo por los límites de deuda europeos. El problema es que recortar el gasto priva a la economía de combustible para crecer.

Ahora que el colapso del Gobierno es una posibilidad, la cuarta economía más grande de Europa se ve atrapada en un atolladero conocido. “Es estancamiento en serie”, dijo Nicola Borri, profesor de finanzas en Luiss, una universidad en Roma. “La economía no se contrae, no crece. Italia es un país que es débil, viejo, donde no hay inversión en ideas nuevas”.

El Movimiento 5 Estrellas se vio favorecido por sus promesas de pagar un ingreso básico —subvenciones en efectivo para personas de bajos recursos. La Liga, que es ahora la fuerza política dominante, capturó votos con promesas de detener el flujo de migrantes y reducir impuestos. Pero los resultados han demostrado ser decepcionantes, un sentimiento palpable en Nápoles.

A nivel nacional, la tasa de desempleo se sitúa cerca de 10 por ciento, más baja que hace un año, pero aproximadamente al mismo nivel que en el 2012, en la estela de una brutal crisis económica. Muchos dicen que la crisis nunca terminó.

Más o menos 60 kilómetros al este de Nápoles, en el poblado de Avellino, Sabino Basso ha detenido planes para contratar a 30 personas en la planta embotelladora de aceite de oliva que fundó su bisabuelo. La compañía compra aceite de oliva de productores en Italia, España y Grecia y exporta 80 por ciento de sus mercancías a todo el mundo.

El Movimiento 5 Estrellas endureció los requisitos legales para que las compañías contraten trabajadores con contratos temporales, lo que limita de hecho los periodos a un año. Todos menos cinco de los 100 trabajadores de Basso son permanentes, señaló. Los otros son aprendices.

“Para poder entender si quiero conservar gente durante toda su vida, tengo que ponerla a prueba”, indicó. Las nuevas reglas no le daban tiempo suficiente. “Sencillamente dejé de contratar”.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO