Portsmouth, la ciudad desgarrada por los opioides

29 de julio del 2019

Es una ciudad ubicada en el condado de Scioto en el estado estadounidense de Ohio.

Portsmouth, la ciudad desgarrada por los opioides

La madre de Layla Kegg, de regreso en casa tras desaparecer durante tres semanas, dice que ya dejó la heroína, está lista para la rehabilitación y quiere ser parte de la vida de su hija. Pero Layla ha escuchado todo esto antes y no cree una sola palabra.

La confianza de Layla se ha roto después de años de ver a su madre entrar y salir de la adicción y rehabilitación. Y ahora este último descubrimiento: “Encontré una jeringa en tu bolso el otro día”, dice Layla, sentada en la mesa de la cocina de su abuela. “Y Abue encontró dos más en la secadora”.

Hubo una pausa, y luego un torrente de excusas de su mamá. Layla, de 17 años, mira hacia el cielo y suspira. Cinco días más tarde, la madre de Layla, Nikki Horr, se ha ido de nuevo.

Más de 20 años después de la introducción del OxyContin (oxicodona) -y después de casi 400 mil muertes por sobredosis de opioides- una generación crece en medio de una epidemia histórica: los hijos cuya familias están atrapadas en un implacable yugo de adicción, rehabilitación y prisión.

En el Condado de Scioto, en el sur de Ohio, donde todo mundo parece conocer a alguien que ha luchado con la dependencia, 51 personas murieron de sobredosis en el 2017. En una escuela, dijeron los directivos, cuatro alumnos de jardín de niños perdieron a una madre o padre debido a las drogas y un quinto debido a un homicidio relacionado con las drogas.

Casi dos docenas de jóvenes en todo el Condado describieron vidas familiares caóticas llenas de abandono y abuso. Contaron cómo suplicaban a sus padres que dejaran de consumir drogas. Y describieron haber encontrado familiares inconscientes o con espuma en la boca después de una sobredosis.

En muchas formas, la Preparatoria Portsmouth es como un hogar para muchos de estos estudiantes. Allí desayunan y comen, y los modernos salones de clase y laboratorios de computación están acompañados de lavanderías. Muchos estudiantes a menudo van a la escuela días seguidos con la misma ropa sin lavar, así que los estantes están llenos de ropa limpia, junto con champú, barras de jabón y desodorante.

Sin embargo, algunos de los adolescentes se vuelven a poner su ropa después de que suena el timbre y termina la última clase, “porque los padres tomarán la ropa nueva y la venderán para conseguir dinero para drogas”, dijo el subdirector Drew Applegate.

“No vivimos en un país del tercer mundo, pero algunos de estos chicos viven en condiciones tercermundistas”, comentó.

Al igual que muchos pueblos estadounidenses golpeados por los opioides, Portsmouth alguna vez fue una potencia económica. Hace casi un siglo, fue sede de prósperas industrias del calzado y el acero, y de un equipo de fútbol americano profesional. Partes del poblado están limpias y en buenas condiciones, pero gran parte de Portsmouth está desolado y en mal estado. El Centro de la localidad está salpicado de edificios de ladrillo vacíos.

En el Condado de Scioto se recetaron casi 9.7 millones de pastillas en el 2010. A medida que las recetas de opioides han disminuido, muchos usuarios de drogas han cambiado a la heroína y el fentanil.

Desgarradoras historias de la vida entre la adicción surgen durante las sesiones de terapia de juego en la escuela o en pláticas con un compasivo entrenador de basquetbol. Una tarde reciente, Christian Robinson, de 18 años, quien planea unirse a los Marines tras graduarse, dijo que su mamá fue a rehabilitación cuando él tenía 11 años, pero recayó el año pasado en las metanfetaminas y la heroína. Ahora vive a varias horas de distancia.

“Mamá ha dicho que ni siquiera nosotros, sus hijos, somos razón suficiente para mantenerse limpia”, dijo Christian.

Más de la mitad del equipo de softbol de la Preparatoria Portsmouth tiene un familiar cercano que se droga, y muchos viven con sus abuelos o vecinos, dijo Kristen Bradshaw, la entrenadora de softbol, que a menudo ofrece desayuno antes de los juegos de fin de semana.

Bradshaw se asombró de la fortaleza interna de Layla y de su habilidad para concentrarse en el campo.
Además de ser una de las mejores bateadoras de su equipo, también es miembro del equipo de basquetbol de la escuela. Sueña con llegar a ser enfermera.

Casi una semana después de desaparecer, Horr texteó a Layla durante la clase de matemáticas. Layla le suplicó que regresara a casa y entrara a rehabilitación.

Su madre se negó, diciendo que estaba sobria, pero que se iba por un tiempo. “Quiero ser inexistente”, texteó.

“Estás enferma”, replicó Layla. “Busca ayuda y vuelve a ser mi mamá”.

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