La ‘mejor vida’ prometida es la prostitución

13 de agosto del 2019

Algunas venezolanas viajan a Trinidad y Tobago bajo engaño, pero la mayoría sabe lo que les espera.

La ‘mejor vida’ prometida es la prostitución

Se escabulló de su casa cerca del atardecer, sin decirle a su madre. Con 16 años y hambrienta, siguió a los hombres que le habían prometido trabajo y comida. En lugar de ello, la sacaron ilegalmente de Venezuela por mar, planeando en secreto obligarla a trabajar en un prostíbulo en Trinidad.

Yoskeili Zurita fue subida a un bote pesquero junto con docenas de otras mujeres, incluyendo a una prima, y la embarcación zarpó a toda velocidad. Pero la nave sobrecargada comenzó a inundarse y una ola repentina la volteó.

“Mi prima no sabía nadar. Me miró y me dijo: ‘No puedo hacerlo’”, recordó Yoskeili, quien pasó dos días aferrándose a la cubierta del bote volcado en el estrecho entre Trinidad y Venezuela antes de que un grupo de pescadores la encontrara. Jamás volvió a ver a su prima.

La embarcación se hundió con 38 pasajeros a fines de abril. Sólo nueve personas sobrevivieron, entre ellas Yoskeili y otras mujeres que las autoridades ahora dicen eran víctimas de una red de tráfico de personas.

Yoskeili dijo que se le acercó un hombre llamado Nano, que después fue identificado por los fiscales venezolanos como Dayson Alexander Alleyne, un joven de 28 años arrestado en conexión con tráfico de personas. Le dio muy poco tiempo para decidir, pues el bote partía la noche siguiente a Trinidad.

“Dijeron que cuando llegáramos allá, habría mucha comida”, comentó.

Ya en el muelle del pueblo pesquero de Güiria, Yoskeili les preguntó a las otras mujeres qué tipo de trabajo iban a hacer en la isla. “Todas las chicas en el bote dijeron que íbamos a ser prostitutas”, recuerda.

Otras jóvenes estaban igual de sorprendidas. Yubreilis Merchán, una estilista, creía que la llevarían a ver a su madre en Trinidad. Pero seguían abordando más y más mujeres y chicas.

“Éramos demasiadas. Decíamos: ‘Está entrando agua al bote’, y el barquero sólo decía que era normal”, dijo Merchán, añadiendo que las mujeres intentaron sacar el agua de la embarcación.

Entonces dejó de funcionar el motor.

El agua llenó la embarcación y se hundió entre las olas antes de volcarse.

Salvador Díaz, un profesor cuya hija, Oriana, iba en el bote, recibió una llamada telefónica dándole la noticia. Oriana, madre soltera con dos hijos qué alimentar, había partido entre la escasez de comida

Dijo que iría a Trinidad para enviar dinero de regreso a la familia.

Díaz fue a la oficina del capitán del puerto. Docenas de familiares del resto de las jóvenes desaparecidas se habían reunido para obtener información sobre la búsqueda de sobrevivientes. Pero no se había emprendido ninguna búsqueda. “Dijeron que no tenían gasolina”, explicó Díaz.

Los pescadores usaron su propio dinero para iniciar la búsqueda. Un hombre que regresó de un intento de rescate dijo a Díaz que sólo habían encontrado cadáveres en el agua.

Merchán y otras sobrevivientes nadaron hasta la deshabitada Isla de Patos. Volvieron al agua para ser más visibles a los botes, y fueron rescatadas.

En otra parte del estrecho, Yoskeili dijo que había empezado a alucinar mientras flotaba en el agua; hubo un momento en que pensó que había tocado tierra. Finalmente perdió el conocimiento y siguió flotando cerca de otros pasajeros. Dos días después, un bote de rescate la arrastró a bordo.

De vuelta en tierra, Díaz estaba convencido de que su hija había muerto. Pero el mismo día en que las mujeres fueron halladas con vida en la Isla de Patos, una ambulancia con más sobrevivientes pasó volando. Un bote pesquero había encontrado a su hija, Oriana, en el agua, aún viva, cerca del naufragio.

En Puerto España, Trinidad, el propietario de un bar que había pagado para que una de las mujeres ahogadas trabajara para él como prostituta sigue con su negocio. Repasaba fotografías de chicas venezolanas menores de edad en su teléfono.

Explicó el arreglo que tenía con las venezolanas reclutadas para trabajar en su local: paga una cuota al barquero por su pasaje, confisca sus pasaportes y se los devuelve sólo cuando han pagado varias veces el monto que él gastó en traerlas.

El arreglo funcionaba con la ayuda de la policía de Puerto España y la Guardia Costera de Trinidad, las cuales recibían pagos, comentó.

“Teníamos grandes esperanzas en ella”, dijo Díaz sobre Oriana. “Iba a mantenernos a todos desde Trinidad.

“Pero la cura es peor que la enfermedad”, añadió.

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