Recuperan historia saqueada del Museo de Irak

14 de junio del 2019

Estaba lleno de una colección extraordinaria.

Recuperan historia saqueada del Museo de Irak

Si la gente recuerda algo sobre el Museo de Irak, lo más probable es que sean las imágenes de cuando fue saqueado en el 2003 mientras tropas estadounidenses observaban desde sus tanques.

Las estatuas demasiado pesadas para moverlas fueron derribadas de sus pedestales, y sus hombros de entre 3 mil y 4 mil años de antigüedad fueron reducidos a polvo. Algunas perdieron sus ojos o un lado de su rostro. Los exhibidores de vidrio fueron hechos pedazos y su contenido desapareció o quedó tirado en el suelo.

Una de las obras de arte más preciadas del museo era el Jarrón de Uruk, con tallas de cinco milenios de antigüedad que mostraban que incluso entonces los antiguos mesopotámicos cultivaban trigo y frutas, tejían telas y hacían piezas de alfarería. Cuando alguien se lo llevó, se perdió un poco de la historia humana.

Lo mismo sucedió con la Lira Dorada de Ur, un instrumento musical de 4 mil 500 años de antigüedad con incrustaciones de oro, plata y cornalina.
Estuve allí en el 2003 en la segunda mañana de los saqueos y fui detenida a unos 50 metros de la entrada por multitudes de iraquíes que apresurados agarraban objetos de arcilla que no pude identificar. También llevaban artículos más prosaicos: archiveros, sillas y carretes de cables eléctricos.

Esta primavera, 16 años después, volví al museo. Fue reabierto en el 2015 después de que los conservacionistas habían reparado parte del daño y otros países habían ayudado a restaurar varias galerías. Aun así, esperaba ver salas vacías.

En cambio, descubrí que pese a la pérdida de 15 mil obras de arte, el Museo estaba lleno de una colección extraordinaria.

En una galería bien iluminada, observé dos majestuosas criaturas de alabastro de al menos 4 metros de altura, pero que lucían aún más altas porque estaban colocadas sobre pedestales.

Tenían rostros barbudos de hombre, cuatro o cinco patas, alas anchas de águilas y cuerpos y colas de toros. Conocidos como lamassu en el antiguo idioma sumerio, se pensaba que eran guardianes espirituales, por lo que eran colocados en las puertas de la ciudad, y en entradas de palacios y de salas de tronos.

Aquí, vigilaban dos salas de frisos que mostraban a antiguos mesopotámicos llevando tributos o caminando junto a sus caballos, que estaban finamente tallados. Los lamassus y los frisos sobrevivieron a los saqueadores porque eran demasiado pesados para ser arrastrados.

Historiadores de arte y arqueólogos saben lo excepcional que es la colección. Pero a pesar de la relativa seguridad de Bagdad hoy, ni la Ciudad ni el

Museo se han convertido aún en un destino principal para los iraquíes, mucho menos para turistas extranjeros.

“Hay cosas que no existen en ninguna otra parte del mundo, particularmente de la historia mesopotámica temprana”, dijo Christopher Woods, director del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, quien visitó Bagdad recientemente.

Además de tratar de recuperar las piezas que fueron saqueadas (se han recuperado unas 4 mil 300), el desafío ahora es hacer al Museo accesible a la mayor cantidad de iraquíes posible, indicó Abdulameer al-Hamdani, el Ministro de Cultura.

“He dado órdenes de que el Museo esté abierto todos los días y he pedido que se permita la entrada gratuita a estudiantes universitarios y de posgrado”, dijo Al-Hamdani, quien es arqueólogo.

Aún así es difícil hacer que los visitantes, en especial los más jóvenes, sientan que el arte del recinto es relevante para sus vidas, indicó.

Si bien muchos más grupos escolares vienen ahora que en el pasado, no hay mucho con qué guiarlos: no hay docentes ni guías en audio.

La colección del Museo es tan extensa que los historiadores de arte dicen que es abrumador intentar hablar de ella en su totalidad.

“Lo que es tan impresionante sobre el Museo de Irak es el espacio cronológico que cubre”, dijo Paolo Brusasco, arqueólogo e historiador del arte en la

Universidad de Génova, que ha trabajado extensamente en el norte de Irak. “Desde el periodo asirio hasta el otomano”.

Hoy, la ley iraquí estipula que cualquier cosa encontrada en Irak, permanece en Irak. Eso significa que la colección del Museo seguirá creciendo puesto que hay más de 13 mil sitios arqueológicos en Irak y varias excavaciones en curso, explicó Al-Hamdani.

No hay fin para el pasado en Iraq, dijo Ali al-Nashmi, profesor de Arqueología e Historia en la Universidad Mustansiriya, en Bagdad.

“En Irak, las ciudades están construidas encima de ciudades”, dijo.

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