El dolor de un director que se refleja en las pantallas de cine

16 de octubre del 2019

Pedro Almodóvar es divertido en las fiestas, pero las fiestas no siempre son divertidas para él.

El dolor de un director que se refleja en las pantallas de cine

Pedro Almodóvar es divertido en las fiestas, pero las fiestas no siempre son divertidas para él.
“Socializar realmente me ha agotado a medida que ha pasado el tiempo”, dijo Almodóvar en septiembre en el Festival Internacional de Cine de Toronto, donde estaba para presentar su película más reciente, “Dolor y Gloria”.

Era algo sorprendente de escuchar de un director cuyas primeras cintas, incluyendo “La Ley del Deseo” y “Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios”, a menudo tenía el espíritu de que todo se vale.

Cuando regresó a su hogar en Madrid, Almodóvar dijo que ha empezado a aislarse a medida que ha envejecido —cumplió 70 años el 25 de septiembre.“Las personas han dejado de sorprenderme mucho, han dejado de emocionarme mucho. Y en segundo lugar, está el dolor”. Hizo una pausa. “El dolor no es algo que puedas compartir con otra gente”.

La sorprendentemente personal “Dolor y Gloria” cambiará eso para él: tras probar suerte con un par de adaptaciones en “Julieta” (2016) y “La Piel que Habito” (2011), así como una farsa efervescente (“Los Amantes Pasajeros” del 2013), Almodóvar ha volteado a su interior. “Dolor y Gloria” es una discreta obra maestra que corona una trayectoria, un vistazo a los deseos y sentimientos profundos que lo han moldeado, todo surgido de un cuerpo que ha empezado a volverse contra él a medida que deja atrás la mediana edad.

Antonio Banderas estelariza la cinta en el papel de Salvador Mallo, un cineasta al molde de Almodóvar. Mallo se hizo famoso con sensacionales comedias sexuales españolas, pero ahora está tan doblado por el dolor de hacerse viejo que ya no tiene la energía para crear.

Esos dolores asumen muchas formas, tanto físicas como espirituales. Mallo está debilitado por frecuentes migrañas y espasmos en la espalda, y también es acosado por una relación pasada hecha pedazos por las drogas, así como una madre a la que siente que le ha fallado. Todas estas afecciones fueron tomadas de la propia vida de Almodóvar.

Durante mucho tiempo, Almodóvar ha mantenido uno de los puntos de vista más provocadores en el cine. Sin miedo a abordar tabúes, por lo general atiborra su filmes con un exceso de corazón, comedia, lujuria y color.

Sin embargo, “Dolor y Gloria” era diferente. Pese a todo su entusiasmo, aún había cosas que Almodóvar había mantenido ocultas, especialmente el grado al que debe sortear el dolor como una humillación diaria. “Pero el personaje no se queja por sus achaques, y yo tampoco soy una persona quejumbrosa”, destacó el cineasta.

Resulta fácil ver lo que cautivó a Banderas hace mucho tiempo cuando conoció a Almodóvar en un café madrileño. “Apareció con este portafolio de plástico rojo, y habló —mucho— en un hermoso monólogo”, recordó Banderas. “Después de 20 minutos, se puso de pie, me miró y dijo, ‘deberías hacer cine. Tienes un rostro muy romántico’. Y se marchó”.

Antes de que pasara mucho tiempo, Almodóvar le ofreció a Banderas un papel en su siguiente película, “Laberinto de Pasión”, lo que dio inicio a una colaboración que se extendería varias décadas y les traería a ambos fama internacional.

Años después, cuando Almodóvar empezó a escribir “Pasión y Gloria”, no tenía en mente a Banderas para interpretar al protagonista: ¿qué uso tendría la vitalidad del actor en un papel silencioso como ése?
“El dolor es pasivo”, explicó Almodóvar. “No es fácil filmar a alguien que sufre de dolor, no es nada cinematográfico”.

Luego, se topó por casualidad con una foto de Banderas cuando se recuperaba tras un infarto en el 2017. “Vi la experiencia del dolor en su rostro, y eso era algo muy importante para el personaje”, afirmó el director.

Almodóvar se sintió tan sorprendido como todos cuando estalló en llanto al abrazar a su actor el último día de rodaje. A pesar de que gran parte de la película estaba inspirada en su vida, cuando estaba en el set había intentado tratar a Mallo como alguien distinto de sí mismo. Pero cuando abrazó a Banderas, todo eso desapareció y no podía parar de llorar.

En lugar de permanecer estoico a los 70 años, entonces, “creo que necesito alejarme de eso”, dijo. “Necesito abrirme más”. Es cierto que Almodóvar ha encontrado difícil compartir su dolor. Pero también es cierto que, en ese momento, encontró más difícil no hacerlo.

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