Santorini, el sueño griego de toda novia china

16 de agosto del 2019

Muchas parejas chinas que planean ceremonias tradicionales en su país optan primero por fotografías profesionales fuera de Asia.

NYT

La novia lucía una tiara centellante y un vaporoso vestido de novia rojo, su quinto atuendo del día. El novio llevaba puesto un esmoquin plateado.

Pero ya casi era el atardecer y la pareja todavía no había capturado esa imagen perfecta de Santorini para exhibirla en su boda en China el mes siguiente. Así que su fotógrafo, radicado en Shanghai, condujo a la pareja a través de los techos encalados y las estrechas veredas junto al acantilado de la isla, mientras los instruía en chino: recreen la propuesta matrimonial. Da vueltas con el vestido. Besa la mano de la novia.

“Santorini es famoso en China”, dijo Yao Kai, el novio, de 29 años, después del último clic de la cámara.
Las sesiones de fotos anteriores a las bodas se han convertido en un negocio de varios miles de millones de dólares en la era de Instagram, particularmente para las parejas asiáticas.

Muchas novias y novios chinos que planean ceremonias tradicionales en su país optan primero por fotografías profesionales bajo la Torre Eiffel en París, en el Big Ben en Londres y en la campiña inglesa. Pero los intensos tonos azules y blancos de Santorini tienen un atractivo particular.

El Gobierno, que ha buscado la inversión china, aprecia el repunte de visitantes. Luke Bellonias, un funcionario de la isla, dijo que los chinos habían alargado la temporada turística hasta ya entrado el otoño cuando la mayoría de los europeos y los estadounidenses se han ido a casa. “Sencillamente les encanta tomar fotografías”, dijo.

Aún así, reconoció, “esto se sale un poco de control”.

Para muchas parejas, los honorarios que ascienden a decenas de miles de euros son un precio pequeño qué pagar por una imagen que dicen encapsula tanto el romance verdadero como la movilidad social.

El realizar una sesión de fotos previa a la boda en Santorini parecía significarlo todo para Tzuchi Lin, de 26 años, y su prometida, Yingting Huang, una pareja de Taiwán.

“Ahora puede presumirles a sus amigas”, dijo Lin una mañana reciente.

Se reunieron con sus fotógrafos, Toto Kuo, una originaria de Taiwán, y su esposo, quienes los guiaron a Oia, el poblado en la punta de la isla.

Lucharon contra las multitudes, abriéndose paso a codazos hasta un sitio muy demandado con un domo azul como telón de fondo, pero una pareja estadounidense que posaba para sus fotografías de aniversario ya se había apropiado del lugar. En una iglesia por la misma calle, el vigilante los ahuyentó porque el sacerdote no aprobaba la toma de tantas fotografías.

Con el tiempo agotándose, las cosas comenzaron a ponerse a su favor. El sacerdote se fue y el encargado de la iglesia los introdujo a escondidas al patio central.

Después de un cambio de vestuario, la pareja consiguió su telón de fondo del domo azul y logró captar una fotografía recreando su propuesta matrimonial en una azotea.

“¿Te quieres casar conmigo?”, dijo Lin en inglés.

“Di que sí”, le indicó Kuo.

“Sí”, dijo la novia.

Una multitud reunida abajo aplaudió.

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