Slime contribuye para que la crianza vuelva a sus orígenes

14 de julio del 2019

Está inspirado por imágenes de la pantalla, pero también es un escape de ellas.

Slime contribuye para que la crianza vuelva a sus orígenes

David Cardenas, Alcalde de Fowler, California, sabe que sus residentes quieren educación preescolar gratuita de alta calidad que dure todo el día. Pero hay pocas opciones.

Un programa subsidiado por el Gobierno se llena con rapidez, le dijo a The New York Times. Y las guarderías privadas no están al alcance del bolsillo para la mayoría de los 6 mil 500 residentes de Fowler, una comunidad predominantemente latina de trabajadores agrícolas en el Valle Central de California.

Así que Cardenas introdujo hace poco un “programa de preparación para kínder” en línea para niños de 4 años.

Llamado Waterford Upstart, los niños pasan en él 15 minutos al día, cinco días a la semana durante nueve meses, dando golpecitos en pantallas en lecciones sobre canciones infantiles y los sonidos de las letras.

No es de sorprender que muchos expertos en educación temprana se resistan a la idea de la educación preescolar en línea. Steve Barnett, experto en educación temprana en la Universidad Rutgers, en Nueva Jersey, dijo que un buen programa preescolar desarrollaba las habilidades sociales y emocionales de un niño, además de inculcar lecciones como pensar antes de actuar.

“No se puede hacer todo eso en línea”, dijo a The Times.

Pero los partidarios y Waterford argumentan que es mejor que nada.

El programa plantea la interrogante de quién tiene acceso a la interacción humana, que comienza a ser una línea divisoria entre ricos y pobres.

Algunos padres adinerados intentan criar a sus hijos sin teléfonos inteligentes o tablets, y contratan a profesionales en busca de consejo. Ha surgido una economía de consultores sobre la vida sin pantallas para satisfacer la demanda.

Rhonda Moskowitz, coach de crianza de hijos en Columbus, Ohio, dijo a The Times que las alternativas que da son  bastante simples.

Entre sus sugerencias: “¿Tiene un trozo de tela vieja que pueda ser usado como capa? ¡Genial!”.

“¿Hay una pelota por allí? Lancen la pelota”, dijo. “Pateen la pelota”.

Otras sugerencias de coaches para la crianza de los hijos, quienes cobran hasta 250 dólares la hora por entre ocho a 12 sesiones, incluyen saltar la cuerda, pintar o tener un perro.

Otra solución se halla en el slime, una sustancia popular entre los niños elaborada con materiales mundanos del hogar, detergente para ropa y pegamento.

El slime es inspirado por imágenes de la pantalla, pero también es un escape de ellas, uno no puede estar pegado a su teléfono cuando sus manos están cubiertas de pegamento.

Anaiya Shirodkar y Lily Lokoff, alumnas de sexto año en Filadelfia, preparan slime en las cocinas de sus padres como pasatiempo y han vendido baldes de la sustancia en la banqueta.

Pero jugar con slime también sencillamente se siente bien. Cuando se les pregunta cómo describirían la sensación del slime, Anaiya y Lily responden: “satisfactorio”.

Tal vez el slime sea la expiación de internet por el estrés que crea, una especie de limpia.

“No puedes ser una máquina”, dijo Gloria DeGaetano, coach de crianza de hijos en Seattle, a The Times. “Estamos pensando como máquinas porque vivimos en este entorno mecánico. No puedes criar hijos de forma óptima usando los principios de una mentalidad mecánica”.

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