‘Soltar’ al estilo de Annie Lennox

6 de junio del 2019

La vida es sueño y lo llevamos en la memoria.

‘Soltar’ al estilo de Annie Lennox

Annie Lennox está hablando sobre la muerte. No es algo mórbido ni vanidoso, al no ser la preocupación de una celebridad respecto a su legado. En lugar de eso, la exvocalista de Eurythmics es muy realista respecto a ser una mujer de cierta edad, 64 años, y por ende alguien que ha comenzado a mirar hacia su pasado, más que hacia su futuro.

“¿Cuál es la única cosa que tenemos garantizada?”, pregunta. “Que vamos a morir”.

Desde la disolución de Eurythmics, el exitosísimo dueto de música pop que integró en los 90 con Dave Stewart, las preocupaciones de Lennox se han vuelto más aterrizadas y existenciales. En las décadas desde entonces ha lanzado sólo álbumes esporádicos y se tomó un receso para criar a sus dos hijas.

Inspirada por sus experiencias con la campaña 46664 de Nelson Mandela, afirmó, se volvió activista en materia del sida, enfocándose específicamente en la situación de las mujeres y niñas en África. Dejó atrás la fama para una oportunidad de vivir y, quizá, hacer una diferencia en el mundo.

“En mi época, siempre pensé que la fama era el resultado de algo importante que has hecho musical o artísticamente. Es sólo un síntoma”, dijo. “Me he sumergido y he emergido. Y es el emerger lo que me ha mantenido humana”.

Del verbo, soltar

Su humanidad es el tema de su proyecto más reciente, que revela un lado más personal de la cantautora que sus fans no han tenido la oportunidad de ver, en un medio diferente: una instalación de arte.

El mes pasado, Lennox develó en el Museo de Arte Contemporáneo (MASS MoCA) de North Adams, Massachusetts, un montículo de tierra de unos 2.50 metros de alto por 20 metros de largo que contiene casi 250 objetos que Lennox ha adquirido a lo largo de su vida: el maletín de maquillaje que utilizó durante sus giras, la máquina de coser de su mamá, una máscara que le regaló un novio, figuras alusivas a la festividad mexicana del Día de los Muertos, docenas de pares de zapatos de sus hijas, y más.

Los artículos están dispuestos de tal manera que sugieren asociaciones e historias, y están incrustados en todo el montón de tierra manchada de brillantina que está delimitado con cuerdas de terciopelo.

En la cima del montículo está un piano. Está parcialmente iluminado por un reflector.

“El piano ha sido tan, tan significativo a lo largo de mi vida. Desde que tenía 3 años y me regalaron un piano de juguete”, relata.

La exhibición, titulada “Now I Let You Go…” (Ahora te suelto) es como una depuración, tanto física como emocional.

“Estaba confundida respecto a lo que debía mostrar, qué era relevante y qué no. Pero es hermoso poder hacer esto, porque en Occidente no tenemos un ritual así. No sabemos qué hacer con lo que queda atrás”, afirmó.

En una visita reciente, el ánimo en la galería era de quietud, con una iluminación baja. Sonaban melodías lentas y tranquilas en el piano —canciones improvisadas por Lennox, quien las llama “música de mariposas” por su efecto tranquilizador. La montaña de tierra evoca antiguos túmulos y fosas comunes, además de un sitio de excavación arqueológico. Algunos de sus videos musicales se proyectan en la pared de fondo, sin volumen y en reversa de manera que su rostro expresivo y sus ojos penetrantes con frecuencia dominan todo el espacio.

Sobre los sueños

Lennox dijo que espera que la instalación, a la vista hasta la próxima primavera, inspire una reflexión sobre “nuestra humanidad en común”.
Dejando atrás los personajes que pasó años creando para videos musicales y sesiones fotográficas, se ha deconstruido para un autorretrato cautivador.

“Un aspecto de mí hubiera querido ser una verdadera artista visual convencional”, dijo, al explicar que había estudiado arte brevemente en la escuela.

Pero la cantautora, que ahora divide su tiempo entre Londres y Los Ángeles, no tiene ninguna intención de iniciar una trayectoria nueva tarde en la vida, y adjudica gran parte del éxito de la instalación a Joseph Thompson, director del MASS MoCA, quien tomó seriamente su propuesta del montículo, y al personal técnico y curatorial que la convirtió en realidad.

“Es mi sueño y ellos me ayudaron a hacerlo realidad”.

Lennox dice que se ha vuelto más sintonizada con la cualidad tipo sueño de la vida, pero como compositora siempre la ha capturado hábilmente, está allí en “Sweet Dreams” de 1982, y en la balada “Dark Road” del 2007 y en muchas otras canciones. Ahora le ha dado a esa sensibilidad una forma física que es, a final de cuentas, más efímera que su música.

“Si me hubieras conocido en los 80, estaba en mi juventud, experimentando y tratando de descifrar todo. He comenzado a darme más y más cuenta de que la vida no es sino un sueño y lo llevamos en la memoria”.

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