Sus obras maestras tienen cuatro ruedas

8 de noviembre del 2019

Una defensa abollada es fácil de arreglar. Pero la tarea se vuelve más complicada cuando la defensa pertenece a una creación elegante con un nombre como Ferrari, Bugatti o Delahaye.

Sus obras maestras tienen cuatro ruedas

Una defensa abollada es fácil de arreglar. Pero la tarea se vuelve más complicada cuando la defensa pertenece a una creación elegante con un nombre como Ferrari, Bugatti o Delahaye.

Las carrocerías de esos autos fueron hechas a mano hace tanto tiempo que, por lo normal, ya no hay partes de repuesto disponibles. La línea, las hondonadas y el arco deben ser recreados con una exquisita coordinación entre ojos y manos.

Es allí cuando se requiere de un artesano moderno que los europeos llaman “golpeador de paneles”, un término que no le hace justicia a la delicadeza involucrada.“Se requiere de un buen ojo, mano firme y una sensibilidad artística altamente desarrollada”, dijo Leslie Kendall, historiador titular del Museo Automotriz Petersen, en Los Ángeles.

Bill Warner, fundador del evento Amelia Island Concours d’Elegance, en Florida, estima que sólo 30 personas en EU realizan este tipo de labor.

Un maestro tal es Mike Kleeves, de 62 años, quien tiene décadas de reparar Ferraris, Porsches, Delahayes, Jaguares y Bugattis. Su negocio Automobile Metal Shaping, en Morganton, Carolina del Norte, puede recrear un panel de carrocería —o la carrocería entera— de un auto fabricado hace mucho tiempo por compañías conocidas como “carroceras”.

Hasta los 30, la gente que quería un vehículo de lujo a menudo compraba el chasis, que es la totalidad de las piezas mecánicas que hacen que se mueva el vehículo, y luego decidían cómo querían que luciera. Un carrocero creaba la carrocería y la unía al chasis. Kleeves dijo que las reparaciones a esas carrocerías deberían respetar la manera en que el auto fue creado hasta hace 100 años.

Él inicia con una pieza plana de metal, a veces acero y otras, aluminio. Aunque se podría utilizar una computadora para ayudar a obtener las dimensiones correctas, la forma del panel es guiada en gran medida a mano, con lo que a final de cuentas se resume a una serie de golpecitos con un martillo.

La atención a los detalles históricos incluye soldar en el mismo lugar así como usar la “pieza apropiada” para rendir homenaje al trabajo original. Esa pieza puede tomar un año o más en construir y puede costar entre 300 mil y 500 mil dólares.

El empresario Peter Mullin escogió a Kleeves para un proyecto ambicioso que sería albergado en el museo automotriz de Mullin, en Oxnard, California.

Entre la colección de Mullin de autos franceses previos a la Segunda Guerra Mundial estaba el chasis de un Bugatti Type 64 Coupe 1939, construido por Jean Bugatti. Tenía todas las piezas mecánicas, mas no la carrocería. Bugatti pereció en un choque en 1939 antes de que pudiera crearlo. Sólo se llegaron a producir tres Type 64, y sólo se sabe de la existencia de dos.

Kleeves terminó la carrocería en el 2013, tras 14 meses y 5 mil 500 horas de trabajo. En el 2015, Kleeves recibió el primer galardón Phil Hill/Craftsman Award, bautizado en honor al campeón mundial de la F1 y ganador de las 24 horas de Le Mans. Para Kleeves, la recompensa es ser parte de preservar algunos de los mejores momentos de la historia automotriz.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO