Tailandeses luchan por proteger los ‘pulmones del país’

10 de julio del 2019

Cazadores furtivos están en busca del árbol perfecto.

Tailandeses luchan por proteger los ‘pulmones del país’

Los guardabosques caminaron durante horas a través del denso bosque tailandés, hablando sólo en susurros.

El explorador de adelante examinaba el paisaje en busca de señales de presencia criminal en un parque protegido —la huella de un tenis, una botella vieja de whisky, municiones abandonadas. Si detectaban un símbolo en forma de estrella tallado en un árbol, podían estar seguros: había cazadores furtivos cerca.

Las selvas del Parque Nacional de Ta Phraya, en el sureste de Tailandia, parte de un sitio que es patrimonio mundial de la UNESCO, albergan osos malayos, cocodrilos y elefantes. Pero estos cazadores furtivos están en busca del árbol perfecto. Cuando lo encuentran, lo cortan y lo rebanan en tablas de madera en cuestión de horas. Su objetivo, el palisandro, se utiliza para hacer muebles ornamentales para los ricos.

La mayoría de estos ladrones son camboyanos. Se escabullen por la frontera de la selva al interior del parque, durmiendo en los árboles y cargando sierras de banda y, a veces, rifles de asalto chinos.

Los alrededor de 60 guardabosques tailandeses que recorren los 600 kilómetros cuadrados del bosque en busca de pistas son superados en número y en armamento, y carecen de fondos suficientes. Algunos de los rifles de asalto y escopetas que cargan tienen 60 años. Deben comprar sus propios alimentos y suministros. Aun así, siguen en la lucha.

“Estos bosques son los pulmones del país”, dijo Kaew Kornkam, un entrenador de guardabosques de élite. “El Ejército protege al país, la policía protege a la sociedad y nosotros protegemos el aire que respiramos”.

El palisandro es denso, oscuro y fragante, y sus vetas son largas y profundas. El lento crecimiento del árbol hace que su madera roja sea valiosa. Un árbol pequeño tarda unos 60 años en crecer, mientras que los más maduros tienen unos 200 años.

Los tailandeses rara vez han cosechado el palisandro, pues creen que el espíritu del bosque reside en el árbol. Pero cuando la demanda china por esta madera comenzó a dispararse hace nueve años, algunos tailandeses guiaron a los cazadores furtivos camboyanos al bosque y les ayudaron a encontrar los preciados árboles.

Por lo general, los cazadores furtivos obtienen entre 150 y 200 dólares por un cargamento de madera que podría valer decenas de miles de dólares en China. Un árbol maduro puede valer hasta 300 mil dólares.

Un patrullaje reciente en el parque incluyó a nuevos reclutas, quienes recibieron diversos entrenamientos. Practicaron técnicas de arresto, rastreo y cómo identificar diferentes tipos de árboles. Algunos jamás habían sostenido un rifle.

Caminaron junto a arroyos, rellenando botellas de plástico con agua sucia y montando tiendas de campaña en campamentos de cazadores furtivos abandonados, a veces sólo horas después de que sus objetivos se habían ido.

Uno de los hombres en patrullaje, Maung, fue cazador furtivo. Después de ser arrestado y encarcelado durante seis meses, dijo que quería aplicar sus conocimientos de caza furtiva para mejorar las cosas.

También dirige un grupo de voluntarios que lleva a niños al bosque para enseñarles sobre los árboles.

“De ahora en adelante, nunca dejaré este trabajo, dijo Maung. “Lo haré hasta que muera. Quiero enseñar a la próxima generación a que aprenda a amar el bosque. Así sabrán que no deben destruirlo”.

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