Olvidar no es tan malo, de hecho hay beneficios en hacerlo

13 de octubre del 2019

Investigadores dicen que olvidar ayuda a hacer espacio para el pensamiento creativo

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Paula Span es la típica abuelita consentidora. Pasa un día a la semana con su nieta Bartola, de 3 años, y juntas cantan, leen, juegan en el parque y van a la playa.

Pero por más que ese tiempo es preciado, Span, quien escribe en The New York Times sobre el proceso de envejecer, comprende una realidad que molesta a muchos abuelos como ella: Bartola, escribió, “prácticamente no recordará nada de ello”.

Y así inicia el trayecto de toda la vida de hacer, absorber y olvidar. La memoria de Bartola se volverá más fuerte y muchas experiencias más se guardarán, pero luego muchas otras quedarán en el olvido. Con el tiempo, llegará a esa etapa en que podrá recordar un momento particularmente bueno (o malo) vivido 30 años antes, pero no recordará qué desayunó.

Eso no es algo malo. Los investigadores dicen que olvidar cosas hace espacio en nuestros cerebros para información nueva que es más importante.

“Estamos inundados con tanta información todos los días, y gran parte de esa información es convertida en recuerdos en el cerebro”, dijo Ronald Davis, neurobiólogo en Jupiter, Florida, a The Times. “Simplemente no podemos lidiar con todo ello”.

Algunos investigadores dicen que olvidar ayuda a hacer espacio para el pensamiento creativo.

Cómo sucede el olvido es un tema que fascina a los científicos. Un estudio realizado por la Universidad Nagoya, en Japón, sugiere un papel para células llamadas neuronas de hormona concentradora de melanina, que están más activas durante la etapa de sueño de movimientos oculares rápidos. “Las neuronas podrían estar depurando recursos de memoria para el siguiente día”, dijo Akihiro Yamanaka, quien encabezó el equipo.

Algunos aspectos de la pérdida de memoria desafían explicaciones. Ese es el caso de la condición conocida como amnesia global transitoria, un lapso donde el cerebro simplemente parece dejar de grabar. Es temporal, pero aterradora.

Jane Brody, de The Times, cree que podría haber sufrido un episodio así hace dos años. En algún momento en una laguna de memoria de 30 minutos, aparentemente cayó de su bicicleta, la llevó caminando a casa y caminó hasta el hospital con su hijo para atenderse una cortada en la barbilla.

“Sin haber tenido síntomas residuales, lo que más me inquietó —y aún me inquieta— es que no tengo idea de por qué o cómo tuve la caída y, por lo tanto, no tengo manera de evitarlo en el futuro”, escribió.

Cualesquiera que sean las causas de esas lagunas en la edad avanzada, seguramente difieren mucho de lo que ocurre en la mente de una niña de 3 años como Bartola. Los niños a esa edad están trabajando con una tabula rasa —una que constantemente se autoborra.

“Los niños pequeños fácilmente forman recuerdos”, dijo Patricia Bauer, psicóloga de desarrollo cognitivo en la Universidad Emory, en Atlanta, a The Times. “Pero los olvidan muy rápidamente, con mucha mayor rapidez que los adultos”.

Los científicos cognitivos tienen estrategias para ayudar a los niños a retener recuerdos que uno quiere que guarden: impulsándolos a hablar repetidamente de los detalles del día o reuniendo fotos de una aventura. Pero Span sabe que hay límites a lo que puede ser retenido, y eso no le molesta, siempre y cuando Bartola pueda retener en general.

“Sí quiero que me recuerde, no tanto eventos específicos, sino mi presencia”, escribió. “Quiero que sepa que ayudé a cuidarla, reconfortarla y celebrarla. Que estuve allí, que fui parte de su vida, y que la amé con todo mi corazón”.

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