¿Quién responde por suicidio de taxistas en Nueva York?

31 de mayo del 2019

La culpa es del ‘medallón”.

¿Quién responde por suicidio de taxistas en Nueva York?

La llamada telefónica que arruinó la vida de Mohammed Hoque llegó en abril del 2014 mientras iniciaba otro largo día manejando un taxi en la Ciudad de Nueva York, un empleo que había tenido desde que emigró de Bangladesh nueve años antes.

La llamada era de un empresario que vendía un medallón, el codiciado permiso municipal que permite que un conductor sea dueño de un taxi amarillo. Si Hoque, ahora de 48 años, le daba 50 mil dólares ese día, le prometía arreglar un préstamo.

Tras años de trabajar bajo las órdenes de jefes a los que odiaba, Hoque pensó que sus sueños de riqueza e independencia estaban a punto de volverse realidad. Vació su cuenta bancaria, pidió préstamos a amigos y se apresuró a la oficina del hombre en el barrio neoyorquino de Queens.

Hoque entregó un cheque y recibió una pila de papeles, firmó con su nombre y se fue.

Ganó alrededor de 30 mil dólares ese año. No tenía idea, dijo después, que acababa de firmar un contrato que le exigía pagar 1.7 millones de dólares.

Ni Uber ni Lyft

Una avalancha de suicidios de taxistas de la Ciudad de Nueva York, ocho el año pasado, resaltaron en términos brutales la situación financiera de los dueños de medallones.

Y durante todo ese tiempo, las autoridades han culpado de la crisis a la competencia de compañías de traslados, como Uber y Lyft.

Pero una investigación de The New York Times descubrió que el origen de gran parte de la devastación puede rastrearse a poderosos líderes de la industria que elevaron artificialmente el precio de los medallones de taxis, lo que creó una burbuja que estalló.

Durante más de una década, canalizaron a miles de taxistas hacia créditos imprudentes y extrajeron cientos de millones de dólares antes de que el mercado se colapsara.

Estas prácticas empresariales generaron enormes ganancias para banqueros, agentes, abogados, inversionistas, dueños de flotillas y cobradores de deudas.

Los líderes de uniones de crédito sin fines de lucro se convirtieron en multimillonarios.

Los agentes que vendían medallones se volvieron lo bastante ricos para comprar yates y propiedades frente al mar. Uno de los banqueros más exitosos contrató a la estrella del rap Nicki Minaj para una fiesta familiar.

Inmigrantes, las grande víctimas

Pero los métodos despojaron a familias inmigrantes de sus ahorros y aplastaron a los choferes bajo deuda. Más de 950 dueños de medallones se han declarado en quiebra. Miles más apenas se las arreglan.

Las prácticas fueron sorprendentemente similares a las que estuvieron detrás del colapso del mercado de la vivienda que llevó a la crisis económica global del 2008: bancos y prestamistas poco regulados otorgaron préstamos arriesgados y alentaron al refinanciamiento frecuente.

Entre el 2002 y el 2014, el precio de un medallón aumentó de 200 mil dólares a más de un millón de dólares aun cuando los ingresos de los taxistas apenas cambiaron.

Alrededor de 4 mil taxistas compraron medallones en ese período. Se vieron persuadidos por una premisa dudosa.

“Todo el asunto era como un esquema Ponzi porque dependía totalmente de que el valor aumentara”, dijo Haywood Miller, especialista en deuda.

“La parte injusta fue que el sujeto que compra es un inmigrante”.

“Fueron estafados”, añadió.

Los argumentos de los prestatarios

La investigación encontró un ejemplo tras otro de taxistas atrapados en préstamos explotadores, entre ellos cientos que firmaron préstamos en que pagaban sólo intereses, que exigían que pagaran comisiones exorbitantes, renunciaran a sus derechos legales y cedieran casi todo su ingreso mensual, de forma indefinida.

En entrevistas, los prestamistas negaron proceder de forma indebida.

Señalaron que los reguladores aprobaban sus prácticas y dijeron que algunos prestatarios tomaron malas decisiones. Dijeron que algunos taxistas estaban felices de usar los valores al alza de los medallones como garantía para préstamos de efectivo y que aquellos que vendieron sus medallones en el apogeo del mercado ganaron dinero.

Tan antiguos como el Emire State

Todos los días, alrededor de 250 mil personas toman un taxi amarillo en la ciudad de Nueva York. Es muy probable que no sepan que participan en un sistema económico poco convencional casi tan antiguo como el Edificio Empire State.

El Municipio creó los medallones de taxis en 1937. Los taxis no autorizados saturaban las calles de la ciudad, así que las autoridades diseñaron alrededor de 12 mil placas de hojalata especializadas e hicieron que fuera ilegal operar un taxi sin una de ellas atornillada al capote del auto.

La ciudad vendió cada medallón en 10 dólares.

La gente que compraba medallones podía venderlos, como cualquier otro activo. La única restricción: las autoridades designaron casi la mitad como “medallones independientes” y a la larga exigieron que esos siempre fueran propiedad de quienquiera que manejara ese taxi.

Con el tiempo, creció una industria despiadada en torno a ellos. Algunos emprendedores obtuvieron la mayoría de los medallones no independientes y construyeron flotillas que controlaban el mercado.

Manejar un taxi fue un camino hacia la clase media

Acusaciones de corrupción, racismo y explotación aquejaron a la industria.

Algunos jefes de flotillas fueron acusados de estafar a los taxistas. Algunos taxistas se negaban a salir de Manhattan o recoger a pasajeros de raza negra y latinos. Los choferes de flotillas de taxis por lo general trabajaban 60 horas a la semana, ganaban menos del salario mínimo y no recibían prestaciones, de acuerdo con estudios municipales.

De todos modos, manejar podía servir como un camino hacia la clase media. Los taxistas podían comprar un medallón independiente, lo que incrementaría sus ingresos y les daría un activo que podrían vender algún día para su jubilación.

Aquellos que pidieron préstamos para comprar un medallón tuvieron que dar un enganche cuantioso y pagar el préstamo en un plazo de 5 a 10 años.

La estrategia conservadora de préstamos produjo dividendos modestos. La ciudad no lanzó nuevos medallones durante casi 60 años y los valores aumentaron lentamente, llegando a un precio de 100 mil dólares en 1985 y de 200 mil en 1997.

Préstamos a larguísimo plazo

A principios de la década del 2000, una nueva generación asumió el poder en la industria de los taxis de NY. Eran los hijos de líderes veteranos de la industria, y tenían nuevas ideas para ganar dinero.

Los prestamistas comenzaron a aceptar enganches más pequeños. Para el 2013, muchos compradores de medallones no daban ningún enganche.

Los prestamistas también alentaron a prestatarios existentes a refinanciar sus préstamos y pedir más dinero cuando los precios de los medallones subieron.

Al tiempo que los prestamistas relajaban sus estándares, elevaban sus rendimientos. En vez de aumentar las tasas de interés, hacían que los prestatarios pagaran una diversidad de costos: comisión por apertura, costos legales, comisión por financiamiento y refinanciamiento.

Los prestamistas también prolongaron la vida de los préstamos. Desarrollaron tratos que duraban 50 años. Y algunos otorgaban préstamos que pagaban sólo intereses, que podían continuar para siempre.

Las uniones de crédito especializadas en la industria no dejaban de crear préstamos nuevos. Pero entre el 2010 y el 2014, les vendieron los préstamos a otras instituciones financieras con más frecuencia que en los cinco años anteriores.

Varios bancos usaron algo llamado “confesión de sentencia”. Era un documento poco conocido en que el prestatario admitía el incumplimiento de los pagos, incluso antes de recibir el dinero, y autorizaba al banco a hacer lo que quisiera para cobrar.

El día que estalló la burbuja de medallones

El Congreso de Estados Unidos ha prohibido esa práctica en los préstamos para el consumidor, pero no en préstamos empresariales, que es como los prestamistas clasificaban los tratos para los medallones.

Muchos estados lo han prohibido en préstamos empresariales, pero no Nueva York.

La burbuja de los medallones estalló a fines del 2014. Uber y Lyft quizás aceleraron la crisis, pero los precios inflados y las arriesgadas prácticas crediticias habrían causado un colapso aun si los traslados compartidos nunca se hubieran inventado.

Al caer los valores de los medallones, los prestatarios solicitaron tolerancia. Pero los prestamistas decidieron dejar el negocio y cobrar sus préstamos. Usaron las confesiones para obtener cientos de sentencias que les permitirían tomar dinero de cuentas bancarias. Algunos intentaron hacer que los prestatarios cedieran viviendas. Otros decomisaron los medallones y rápidamente los revendieron con ganancia.

A finales del 2018, Hoque llevó a su tercer hijo del hospital a la casa. Dio un vistazo a su alrededor. No podría creer que aún vivía en la misma habitación. En total, había pagado alrededor de 400 mil dólares para pagar el medallón a principios de este año. Pero todavía debía 915 mil dólares, más intereses. Creía que su única opción era seguir trabajando y pagando.

“Es una vida inhumana”, dijo Hoque. “Manejo, manejo y manejo. Pero no sé cuál es mi destino”.

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