Se enfrían esperanzas de una ‘Primavera Balcánica’

Se enfrían esperanzas de una ‘Primavera Balcánica’

9 de junio del 2019

Varias docenas de manifestantes se habían reunido en el malecón del poblado costero de Tivat, en Montenegro. Detrás de ellas, como si fuera adrede, un yate de lujo arribaba al puerto.

“Quieren convertir este lugar en el siguiente Montecarlo”, dijo Antonela Rajcevic, una activista local, al grupo. “Es genial si eres multimillonario o millonario, pero no es un buen lugar para los ciudadanos de Montenegro”.

Rajcevic intentaba mantener vivas semanas de protesta contra el Gobierno del Presidente Milo Djukanovic. Pero al acercarse rápidamente el verano, es probable que quienes esperaban una “Primavera Balcánica” queden decepcionados en Montenegro, como ha sucedido en otras partes de la antigua Yugoslavia.

Los manifestantes son impulsados por la percepción de que sus gobiernos son dominados por cleptócratas con tendencias autoritarias que se han aprovechado de democracias jóvenes con controles débiles sobre el poder ejecutivo.

Djukanovic, de 57 años, es quizá el caso más destacado.

Durante tres décadas en el poder, guió al país para que se uniera a la OTAN en el 2017 y lo ha encaminado para unirse a la Unión Europea.

Al mismo tiempo, dicen sus detractores, ha convertido a Montenegro en un Estado unipartidista, un auténtico feudo, donde su control casi absoluto ha socavado el Estado de derecho y lo ha enriquecido a él y a su familia.

La hermana del Presidente es la principal abogada del país y ha ayudado a inversionistas extranjeros a unirse al auge de construcción que se extiende por la costa.

Su hermano es dueño de First Bank, la institución financiera más grande del país. Su hijo dirige la planta de energía más grande del país. Su sobrino está involucrado en los proyectos de turismo más grandes del país.

En su momento más álgido, las protestas en Montenegro atrajeron a 25 mil personas en el país de 620 mil habitantes.

En Bosnia y Herzegovina, las protestas contra el Gobierno durante el invierno se han atenuado y el país permanece dividido a lo largo de líneas étnicas.

En Albania, los manifestantes tienen meses de escenificar mítines exigiendo la renuncia del Primer Ministro Edi Rama. Aun así, Rama, respaldado tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea, parece seguro en el poder.

Y en Belgrado, la capital serbia, decenas de miles se manifiestan todos los sábados, pero lo que fue originalmente un movimiento comunitario es ahora impulsado en gran parte por políticos de oposición.

Muchos en los Balcanes habían tenido la esperanza de que la posibilidad de unirse a la Unión Europea pudiera reforzar democracias en ciernes.

Pero en vista de que los funcionarios en Bruselas están absortos en ahuyentar las amenazas de nacionalistas dentro del bloque, el interés principal de la Unión Europea en los Balcanes parece ser la estabilidad, incluso a costa de instituciones democráticas, dicen los detractores.

“Los cambios que ha hecho el Gobierno para tranquilizar a la Unión Europea han sido casi todos cosméticos”, dijo Tatjama Crepulja, de 44 años, política de Oposición en la ciudad costera de Kotor.

“Arrestarán a algunos peces pequeños, pero la corrupción importante, la corrupción al centro de este Gobierno, no hacen nada al respecto”.

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