Ve obstáculos proyecto portuario en Georgia

19 de julio del 2019

TIFLIS, Georgia — Bidzina Ivanishvili, el ciudadano más rico de la república de Georgia, es un constructor nato. Es dueño de lo que fácilmente es la estructura privada más llamativa de Tiflis, un castillo futurista de acero y cristal de 50 millones de dólares en una colina que se eleva sobre la Ciudad.

Ve obstáculos proyecto portuario en Georgia

Bidzina Ivanishvili, el ciudadano más rico de la república de Georgia, es un constructor nato. Es dueño de lo que fácilmente es la estructura privada más llamativa de Tiflis, un castillo futurista de acero y cristal de 50 millones de dólares en una colina que se eleva sobre la Ciudad. Es una oficina personal de 10 mil metros cuadrados, con todo y helipuerto, una colección de arte moderno y un tanque de tiburones.

Ivanishvili, de 63 años, también es el hombre más poderoso en la política georgiana y, cuando se trata de construir algo de alto perfil, su bendición es esencial, sobre todo cuando involucra dinero de los contribuyentes. Ningún proyecto actual tiene un perfil más prominente que el puerto de aguas profundas de 2.5 mil millones de dólares que podría, o no, edificarse en Anaklia, un poblado en el Mar Negro.

Promocionado por inversionistas como una oportunidad para captar una mayor participación del tráfico de embarques marinos entre Asia Central y Occidente, el proyecto portuario es respaldado por un consorcio que incluye a un grupo de inversión de Georgia y compañías de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Por desgracia para esos patrocinadores, el proyecto no deja de toparse con obstáculos. Uno de ellos al parecer es Ivanishvili. En público, ha apoyado el puerto. Pero el consorcio de Anaklia, y diversos detractores, dicen que ha librado una campaña apenas disimulada en su contra.

Esto equivaldría a poco más que intriga política local salvo que para Georgia hay mucho más en juego de lo que podría parecer en un principio. Durante años, el País ha batallado para cortar sus raíces de república soviética y salir de la sombra de Rusia, su vecino y antagonista eterno. Con éxito esporádico, ha buscado una independencia auténtica y la oportunidad de proyectarse ahora como un lugar amigable para los inversionistas occidentales, uno que está estratégicamente situado en la intersección de Europa y Asia. El puerto tiene como objetivo ser un salto gigantesco en esa dirección.

Mas no es fácil deshacerse de la historia aquí. En junio, hubo varias noches de protestas anti Moscú en Tiflis, desencadenadas por un incidente diplomático y sostenidas por la furia que causa la continua ocupación de Rusia de 20 por ciento de territorio georgiano perdido en una breve guerra en el 2008.

El proyecto del puerto se topó inexplicablemente con problemas. En enero, el principal fiscal del País, quien antes fue abogado de Ivanishvili, anunció una investigación de lavado de dinero que involucraba a dos de los banqueros del consorcio de Anaklia, al citar transacciones de hace más de una década. No está claro qué podría obtenerse con descarrilar el proyecto, si es que de hecho ese era el objetivo. Pero los líderes empresariales dicen que los cargos tenían poco que ver con justicia.

“El objetivo era desacreditar el proyecto”, dijo Fady Asly, de la Cámara Internacional de Comercio en Georgia. “Dame dos fiscales, 48 horas y una orden de escudriñar los últimos 20 años y, créanme, puedo meter a cualquiera a la cárcel”.

El dragado ha iniciado en Anaklia, pero el proyecto está demorado.

Georgia, nominalmente una democracia parlamentaria, tiene muchos de los elementos de un gobierno occidental, entre ellos elecciones libres. Pero durante años ha estado firmemente bajo control de Ivanishvili, un oligarca introvertido que nació en la pobreza en Georgia y quien, dicen los críticos, está ahora interesado principalmente en aumentar su fortuna. Calculada en 5 mil millones de dólares, esa fortuna equivale a alrededor de un tercio del PIB de Georgia. La ganó en Rusia durante su era de privatización desenfrenada, vendiendo teléfonos de botones y computadoras, con lo que generó suficiente capital para formar uno de los primeros bancos privados del País. Más tarde se dieron iniciativas oportunas en banca, bienes raíces y metales.

Ivanishvili siempre ha mantenido un perfil bajo. Pocos georgianos conocían su rostro cuando fundó el Partido Sueño Georgiano, en el 2011.
Fue Primer Ministro del País durante un año tras las elecciones del 2012, pero su único título público ahora es líder del Partido. Prefiere ejercer su poder a través de subordinados. El fiscal principal no es el único servidor público influyente que alguna vez estuvo en su nómina. El director del aparato de seguridad del Estado fue alguna vez su guardaespaldas y, hasta fines de junio, el Ministro de Salud era su médico personal.

Transparency International, un grupo anticorrupcióin en Tiflis, publicó un estudio el año pasado que documenta docenas de funcionarios públicos de alto rango, en el poder judicial, legislativo y ejecutivo, que alguna vez trabajaron para compañías vinculadas a Ivanishvili.

“Ya no tenemos corrupción en pequeño, como que la Policía pida sobornos”, dijo Eka Gigauri, de la organización anticorrupción. “Tenemos corrupción de élite”.

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