Venezolanos resisten con poca comida y menos gasolina

13 de julio del 2019

La industria agrícola amenaza con acabar con lo que queda del suministro alimenticio.

Venezolanos resisten con poca comida y menos gasolina

En Venezuela, donde el hambre es desenfrenado, un agricultor recientemente pasó un arado de madera sobre su tierra y dejó al descubierto miles de zanahorias enjutas. Los camiones que recogerían su cosecha nunca llegaron, dijo.

La escasez de combustible se ha dejado sentir desde mayo, llevando a la industria agrícola de la nación al borde del colapso y amenazando con acabar con lo que queda del suministro alimenticio de un país donde casi la mitad de la población ya padece hambre y unos 4 millones de venezolanos han huido.

“Todo se perdió”, dijo el agricultor, Joandry Santiago.

Venezuela es una nación rica en petróleo, pero años de malos manejos y corrupción en la industria petrolera, empeorados por sanciones estadounidenses, han secado las bombas de gasolina.

El desabastecimiento de combustible evitó que agricultores como Santiago llevaran sus hortalizas al mercado. Ahora está dificultando la siembra de nuevos cultivos.

El municipio de Pueblo Llano, donde vive Santiago, ubicado en la región de los Andes en la parte oeste de Venezuela, ha representado alrededor del 60 por ciento de la producción total de papa y zanahoria de Venezuela. Pero la cosecha de este año es sólo la mitad de la producción del 2018.

En las llanuras más al este, la caña de azúcar se pudre y los campos de arroz están en barbecho por primera vez en 70 años porque los granjeros no tienen semillas y fertilizante para plantar nuevos cultivos ni combustible para transportar sus hortalizas a los centros de distribución.

“No puede ser posible que el país se esté quedando sin comida y aquí tengamos 6 mil hectáreas de vegetales, paralizados”, declaró Augusto Alarcón, director de la cooperativa campesina de Pueblo Llano.

La principal asociación agrícola de Venezuela, Fedeagro, calcula que el área plantada con los principales cultivos del país, maíz y arroz, se reducirá alrededor de un 50 por ciento este año. “El colapso es exponencial”, dijo Aquiles Hopkins, presidente de Fedeagro. “La única posible explicación es que al Gobierno simplemente no le importa”.

Un colapso de servicios bajo el Presidente Nicolás Maduro ha dejado a millones sin suministros confiables de electricidad, agua y gas butano. Cuando una crisis en la importación de combustible coincidió con apagones en refinerías a mediados de mayo, el país se sumió en el caos. Al menos dos personas murieron esperando en las filas de gasolina que se hicieron.

Maduro ha prometido 35 millones de dólares en nuevos créditos agrícolas para abordar la crisis, pero hay pocas existencias de combustible. En los estados del oeste, que cultivan la mayor cantidad de los vegetales del país, los residentes están limitados a 30 litros de gasolina al mes.

En una visita reciente a Pueblo Llano, 150 autos esperaban afuera de una gasolinera cerrada por sexto día consecutivo. Muchos de los conductores dormían en sus autos para evitar robos.

“Mientras estoy aquí sentado haciendo fila, mis hortalizas se pudren en los campos”, dijo el agricultor Richard Rondón. “No tengo con qué cosechar”, agregó.}

El precio de las zanahorias, papas y plátanos ha aumentado más del doble en Caracas.

Un saco de papas de 54 kilos ahora cuesta cinco veces el salario mínimo mensual.

En respuesta, los venezolanos han reducido su consumo de vegetales a favor de alimentos menos nutritivos como la pasta, el arroz y el maíz procesado, que muchos reciben en las despensas subsidiadas del Gobierno.

La escasez ha paralizado la cosecha de arroz y maíz. En mayo, impidió a los agricultores plantar un nuevo cultivo antes de las lluvias.

“Cuando sea hora de cosechar nuevamente en cuatro meses, veremos todo el costo de esta” escasez, dijo Víctor Sánchez, agricultor del pueblo de Turén.

Su vecino, Roberto Latini, dejó todos sus cultivos en barbecho por primera vez.

“Esta decisión ha cambiado mi vida, trae consigo temor y angustia”, confesó Latini, quien depende por completo de la agricultura y sólo tiene suficientes ahorros para sobrevivir hasta la próxima temporada de cultivo.

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