Viaje al corazón de las tormentas

23 de julio del 2019

Un solo vuelo no resolvería el misterio de por qué una tormenta no se desarrolló como se esperaba.

Viaje al corazón de las tormentas

Desde 6 mil metros de altura, la tormenta era un remolino gris mullido con motas oscuras, sus desordenados mechones proyectándose sobre el agua en todas direcciones.

Los cazahuracanes habían llegado al corazón del huracán Barry, aún una tormenta tropical el 11 de julio, y el centro lucía sin terminar.

“Es un desastre”, declaró Paul D. Reasor, uno de los meteorólogos que se habían amontonado en la cabina de mando para echar un vistazo.

Ninguno de los que iban a bordo del avión esperaba estar volando ahora, no en julio, tan temprano en la temporada de seis meses de huracanes del Atlántico. Pero Barry se había formado de manera inusual, como una perturbación que se desplazaba desde el sur de Estados Unidos al Golfo de México, donde las cálidas aguas de verano habían propiciado su desarrollo.

Los cazahuracanes de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA en inglés), con sede en Florida, y sus socios fueron a obtener un panorama de las entrañas de la tormenta.

Aunque se pronosticó que Barry tocaría tierra a lo largo de la costa de Louisiana como una tormenta de Categoría 1 el 13 de julio, aún no era un huracán. Esto sólo hacía que fuera más crítico para los investigadores estudiarlo. Sus modelos habían pronosticado que la tormenta tropical se intensificaría más rápidamente, pero no lo hizo. El equipo quería saber por qué.

Los pilotos apuntaron la nariz de la aeronave directamente al caótico centro. Sonó una alarma: abróchense los cinturones.

“Amigos”, advirtió Mike Holmes, el director de vuelo, “vamos a atravesar por un poco de aire fuerte aquí”.

Los aviones que utiliza la NOAA son sofisticados laboratorios voladores de investigación que lanzan sondas y recopilan datos en tiempo real que son cruciales para comprender los huracanes de todo el mundo. Es particularmente importante recopilar datos de fenómenos meteorológicos como Barry que desafían las predicciones: las tormentas más extrañas a veces pueden producir la mejor ciencia.

“Para mí, éstos son más desafiantes que una tormenta tradicional”, dijo Holmes. “Cuando una tormenta se está armando o se debilita, es cuando se pone más interesante”.

Le tomaría ocho horas a la tripulación de 14 miembros del Vuelo 42 de NOAA investigar a Barry. Lo cruzarían en lo que se conoce como un patrón mariposa. Los tres pilotos y dos ingenieros de vuelo trabajaron en rotación, tomando descansos en la parte trasera del avión.

El equipo lanzó sondas de medición en puntos a lo largo del borde, puntos medios y centro de la tormenta.

Un solo vuelo no resolvería el misterio de por qué una tormenta no se desarrolló como se esperaba. Pero los datos en tiempo real fueron enviados al Centro Nacional de Huracanes antes de su próximo aviso de pronóstico. Una vez en tierra, los científicos podrían insertar los nuevos datos a sus modelos para hacerlos más precisos.

Por ahora, la conclusión era ésta: en el lado norte de Barry, el aire estaba seco y la tormenta batallaba para organizarse. En el lado sur se encontraba la mitad inferior de un sistema completo y muy húmedo.
Cuando el vuelo 42 se acercó al núcleo de la tormenta, había lluvia en todas partes.

Luego vino el viento. Zarandeó al avión a la izquierda y a la derecha. Empujó hacia arriba, haciendo que los pasajeros se sintieran pesados. Presionó hacia abajo, haciéndolos sentir ligeros.

En la radio, Holmes se disculpaba mientras examinaba el radar. “Ojalá pudiera ver el final, ¡pero simplemente se sigue formando!”, expresó.

Finalmente, unos inquietantes 90 minutos después, se dio una pausa. La señal del cinturón de seguridad se apagó. Los pasajeros exhalaron.

Durante unas horas, trabajaron en relativa calma, escudriñando los pequeños números y las rayas de color en los monitores computacionales que ayudarían a las ciudades abajo de ellos a prepararse para la arremetida. Luego llegó el momento de dirigirse de nuevo al sur, a lo desagradable. En la cabina, los pilotos sintieron una sacudida.

“Oye, Barry, no seas así”, dijo uno de ellos.

Y de nuevo entraron en él.

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