Abstencionismo: las razones por las que muchos no irán a votar

24 de mayo del 2014

Casi nunca en las elecciones ha participado más de la mitad de los potenciales votantes.

Abstencion elecciones

Hace cuatro años, 14 millones 781 mil colombianos participaron en la primera vuelta presidencial, que entonces enfrentó a Juan Manuel Santos, Antanas Mockus, Germán Vargas Lleras, Gustavo Petro, Noemí Sanín y Rafael Pardo. Acudió a las urnas el 49.2% de la población habilitada para votar, el más alto porcentaje de participación en más de una década.

No fueron a las urnas un poco más de la mitad de los ciudadanos que tenían derecho a hacerlo. Sin embargo la participación fue destacada, debido a que la campaña estuvo atravesada por constantes debates programáticos entre los aspirantes, garantías explícitas de parte de las autoridades electorales y  también se dijo que eran las elecciones más seguras del siglo XXI, en las que se esperaba en menor medida la influencia de grupos ilegales en la intención del votante, salvo algunos hechos de orden público que no dejaron de presentarse.

En la segunda vuelta, cuando se definía la presidencia entre Santos y Mockus, la participación fue mucho menor. Solo el 44.3% de los colombianos participaron; casi millón y medio menos de votantes.

El elevado nivel de abstencionismo es, casi siempre, el ganador con mayoría absoluta de los eventos electorales del país. En 2006, cuando Álvaro Uribe buscaba su reelección, el 55% de los ciudadanos se quedó en la casa. Un cuatrienio antes, en 2002, el mismo líder fue elegido en primera vuelta con una participación del 46% de ciudadanos.

Las presidenciales de 1998 ha sido de las más concurridas de la historia nacional. En la primera vuelta, por la que participaban Andrés Pastrana, Horacio Serpa, Noemí Sanín y Harold Bedoya, el 51.1% de potenciales votantes fueron a elegir. El balotaje entre Pastrana y Serpa consiguió la participación del 59% de colombianos, una cifra histórica.

Las elecciones en las que Ernesto Samper ascendió a la presidencia, en 1994, tuvieron una muy baja participación electoral. Solo el 33% de los colombianos salieron a las urnas, un desagradable porcentaje para los primeros comicios tras la aprobación de la Constitución de 1991.

Años anteriores no tuvieron una alta asistencia a los puestos electorales. En 1990 el 57% no salió a votar; en 1986 la abstención fue del 54% y en 1982 del 50.9%.

Una mirada mucho más atrás revela que solo en las elecciones de 1958, 1970 y 1974 más del 50% de los colombianos decidieron  participar en la decisión presidencial. Curiosamente esos resultados se produjeron al comienzo y durante el Frente Nacional.

Con el paso del tiempo, y la constante aparición de aspirantes provenientes de las mismas élites, el entusiasmo democrático ciudadano ha entrado en  una persistente decadencia dentro de la sociedad colombiana. Factores de violencia, el terco centralismo del poder nacional y la carente identificación que las personas encuentran con los candidatos, les llevan al desencanto que se manifiesta en las urnas. El voto en blanco, que podría ser una manifestación de protesta contra las opciones presentes en la baraja, tampoco ha conseguido la legitimidad que sí tiene en otras democracias globales.

El politólogo, jurista y experto en teoría democrática, José Fernando Flórez, recuerda que la reducida participación electoral no es nueva ni exclusiva de Colombia. “El abstencionismo es un fenómeno estructural, no solo en la democracia colombiana sino en prácticamente todas las democracias, incluso en las que tienen voto obligatorio (…) La posibilidad de abstenerse es una opción política legítima en la mayoría de las democracias. Es una posición aceptable que el ciudadano, cuando decide abstenerse, no participa porque no le satisface el catálogo de candidatos disponibles, o sencillamente porque no le interesa el juego democrático”.

Elecciones

“La posibilidad de abstenerse es una opción política legítima en la mayoría de las democracias”, dice el analista José Fernando Flórez.

El abstencionismo en Colombia tiene muchos costos. Además del valor que el poder electoral invierte para la realización logística de las elecciones -que este año supera los 570 mil millones de pesos-, la apatía electoral hace que las decisiones en las urnas no sean consideradas tan legítimas por la población en general. En términos prácticos, pocas veces la designación de un presidente cuenta con la participación de la mitad más uno de los ciudadanos habilitados para votar.

Este fenómeno estructural, del que habla el analista Flórez, es en mucho alentado por la falta de incentivos que reciben los ciudadanos para poder participar. “Para incentivar una mayor participación se deben modificar las dificultades de transporte el día de elecciones. Además aquí todavía no podemos votar a domicilio ni votar de manera anticipada, lo cual es inaceptable y ya existe en muchas democracias del mundo”.

Ese sistema, del voto anticipado, funciona en Estados Unidos; en varios estados del país la opción registra mayor participaron que el voto que se realiza en la elección oficial.

¿Saldrán este domingo más colombianos a votar?

No obstante el debate sobre la posibilidad de implementar el voto obligatorio se ha surtido varias veces, la opción es rápidamente rechazada por sectores políticos y académicos. En nuestro continente, Chile, Canadá, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Nicaragua y Venezuela tienen en sus sistemas el voto facultativo, como Colombia.

Los gobiernos han implementado estrategias para incentivar la participación, como descuentos en trámites burocráticos, días libres laborales y rebajas en los tiempos de prestación del servicio militar. A pesar de ello, siempre gana la posibilidad de quedarse en casa ese día feriado.

En Bolivia, México, Panamá, Paraguay, Argentina y Perú es obligatorio el voto. En algunos de esos países solo se permite decidir si quieren o no ir a votar a ciudadanos mayores de 70 años o electores adolescentes de 16 y 17 años. Incumplir la cita democrática puede acarrear multas o trabajos comunitarios.

Elecciones

En Bolivia, México, Panamá, Paraguay, Argentina y Perú el voto es obligatorio. En Colombia, es facultativo.

La Organización de Estados Americanos a través de su misión de veeduría electoral ha sugerido a las autoridades colombianas evaluar el uso del sufragio obligatorio en países de la región y sus resultados favorables respecto al nivel de abstencionismo. Para organismos internacionales, la pedagogía debe enfocarse en ampliar la opción de voto en blanco, como alternativa para los inconformes.

Respecto al escenario que se dibuja para las elecciones de este domingo, el analista Flórez estima que “el voto en blanco va a tener una importancia en primera vuelta, pero su peso tiende a reducirse a la segunda vuelta en la medida que muchos de los votantes en blanco empiezan a decidirse por uno u otro de los dos candidatos finales”.

El panorama que se espera para las elecciones del domingo 25 de mayo no suena muy alentador. Una campaña altamente polarizada, basada en la carencia de debates de ideas y en cambio mediada por la guerra sucia y los escándalos, podría desalentar a los electores para que decidan no participar. Sería un escenario lamentable para la democracia.

“Uno creería que (la polarización) genere más tendencia a que se vote por los candidatos punteros. Pero yo creo que el abstencionismo se va mantener estable, entre el 53% y 55% en primera vuelta”, añadió el columnista y docente.

Pero para otros analistas, la incertidumbre sobre los resultados de esta primera vuelta y el ambiente con el que intentan definir esta jornada (de catalogarla como referendo entre la paz y la guerra, entre el uribismo y santismo, entre la extrema derecha y otras visiones políticas, entre la continuidad y las terceras opciones), podría caldear los ánimos de varios sectores de opinión que probablemente quieran hacer sentir su voz a través del voto.

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