¿Arrancó Carlos Holmes Trujillo la campaña presidencial?

6 de julio del 2016

“Tenemos nueva Constitución hecha a la medida de las Farc”

¿Arrancó Carlos Holmes Trujillo la campaña presidencial?

Por: Por: Jorge Emilio Sierra Montoya

“Muchos colombianos tememos por el desplome institucional que ya estamos viendo con los acuerdos entre el gobierno nacional y la guerrilla de las Farc”, declaró Carlos Holmes Trujillo, uno de los máximos dirigentes del Centro Democrático que lidera el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Esas fueron precisamente sus palabras de apertura en una reciente conferencia ante la Sociedad Bolivariana de Colombia, donde varios asistentes aseguraron que estaban ante el próximo candidato presidencial de su partido.

Holmes, por su lado, eludió el tema de las candidaturas (al que por cierto tampoco lo habían invitado), si bien al término de su charla, luego de insistir en que “las semillas de la inestabilidad están sembradas” y pueden afectarnos a todos mientras el futuro del país está en juego, dijo exaltado, como si estuviera en campaña: “¡Por esto debemos ganar las elecciones en 2018!”.

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Así cerraba su intervención en la que durante más de una hora abordó los temas centrales del proceso de paz, incluso hasta llegar al posconflicto. No dejó títere con cabeza, mejor dicho.

Ni tan nuevo, ni tan bueno

Según Holmes Trujillo, el acuerdo de paz no es tan novedoso como parece, ni como lo presentan las autoridades oficiales. No. De hecho, hubo negociaciones con la guerrilla en gobiernos anteriores, algunas con resultados positivos (en tácita alusión a la desmovilización del M-19) y otras con rotundos fracasos (en los mandatos de Belisario Betancur y Andrés Pastrana, por ejemplo).

Más aún, la Constitución de 1991, de la que él fue uno de sus autores como constituyente, fue en tal sentido “un tratado de paz para Colombia”, esta vez sí, a diferencia de hoy, con los mandatos constitucionales requeridos.

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Admitió, no obstante, que en las circunstancias actuales hay hechos novedosos: por primera vez se suscribe un acuerdo de paz después de adoptarse el Estatuto de Roma que creó la Corte Penal Internacional para garantizar, por encima incluso de los estados nacionales, que delitos como los de lesa humanidad no queden impunes y sean condenados, por tanto, quienes los cometieron.

O sea, como Colombia suscribió ese Estatuto, está obligado -dijo- a cumplirlo, por lo que no debe abrirle paso a una legislación violatoria de tales disposiciones, permitiendo en la práctica que delitos de lesa humanidad, cometidos por los dirigentes de las Farc, queden impunes, sin que ellos paguen siquiera un solo día de cárcel.

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Es previsible, entonces, que si el gobierno colombiano se sale finalmente con la suya, haciendo a un lado sus compromisos internacionales con el Estatuto de Roma, la Corte Penal Internacional se vea obligada a intervenir, como debería hacerlo.

Ésta es una clara manifestación, en su concepto, del desplome institucional al que estamos asistiendo, en perjuicio de todos. Porque dicha situación -adujo- genera inestabilidad institucional, a la que no es ajena siquiera la Corte Constitucional frente a la refrendación del plebiscito sobre tales acuerdos.

“Estamos enfrentados a un complejo escenario de controversias, en medio de tensiones inimaginables”, advirtió de nuevo. Sólo que las advertencias no terminan ahí, sino que se concentran en el contenido mismo de los acuerdos recién firmados en Cuba, según expuso a continuación.

Acuerdos al banquillo

El acuerdo sobre desarrollo rural integral, en primer término, trasciende ese propósito (que en principio debería limitarse a asuntos como el acceso y la distribución de la tierra) al extenderse hasta el ordenamiento territorial, la planificación, las relaciones entre el gobierno central y las autoridades regionales, la democracia local, etc.

Ahí se les da prioridad, además, a pequeñas unidades de producción agropecuaria, con los correspondientes subsidios a cuestas, en contravía de los avances mundiales hacia la gran producción en virtud de los últimos avances tecnológicos.

“Se va, pues, mucho más allá del objetivo propuesto, incursionando en otros aspectos, lo cual generará múltiples tensiones”, aseguró.

Y en cuanto a la participación política de la guerrilla, ni se diga. Porque fuera del hecho absurdo y traumático -recordó- de llevar a las personas que cometieron delitos de lesa humanidad a las corporaciones públicas, no a la cárcel, con miras a tomarse el poder del Estado, están las dificultades que esto representará, en medio de conflictos, al resto de organizaciones partidistas.

¿Qué decir, a su vez, sobre lo relacionado con el narcotráfico y, en general, la lucha contra las drogas? ¿Se deja a un lado -preguntó, sorprendido- el principio de responsabilidad compartida que Colombia ha promovido, con tanto éxito, a escala internacional? ¿Y qué es eso de centrarse en el aspecto del consumo, al que se vinculan los no menos complejos y polémicos de legalización, descriminalización y salud pública, “que tampoco son nuevos”?

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Al respecto, subrayó que deben fortalecerse, por el contrario, la responsabilidad compartida y el enfoque integral, en lugar de seguir el camino tortuoso que hemos tomado.

Por último, está el controvertido blindaje de los acuerdos, “lo que más me indigna -declaró- por estar jugando con el derecho nacional e internacional para darle seguridad jurídica a lo acordado”.

¿Cómo va a ser posible -inquirió- que esto forme parte de nuestra Constitución? ¿Que los acuerdos en cuestión se presenten ahora como acuerdos especiales humanitarios, cuando no pueden serlo, ni pueden disfrazarse para engañar al país y al mundo? ¿Que den al traste, en consecuencia, con el derecho internacional humanitario y con el orden jurídico nacional, incluyéndolos en el llamado bloque de constitucionalidad?

En tales circunstancias -sostuvo- , el cacareado depósito en Suiza resulta poco menos que un chiste, pues el acuerdo con las Farc no es un tratado, ni nada parecido. “Todo esto es indignante”, recalcó.

“Nueva Constituyente en Cuba”

Sobre la refrendación del plebiscito, se declaró a la espera del fallo de la Corte Constitucional, aunque anotó que lo más conveniente, entre las formas de participación popular contempladas en la Carta Magna, lo más conveniente sería el referendo, aunque tenga dificultades prácticas para su aplicación, como sucedió con el de Uribe (su votación en bloque por ser multitemático).

“Si es una sola pregunta, no tendrá legitimidad, ni sostenibilidad, ni nos dará estabilidad institucional”, advirtió una vez más, tras insistir en que “esto es fundamental para el porvenir de la nación”.

“No sé cuál sea el fallo, pero habría que pensar en reformar la Corte si trasciende la interpretación de la Constitución y le da alcances de tratado a un acuerdo que no lo es”, sentenció.

Habló, en fin, de estarse haciendo una nueva Constitución, promulgada por “la Constituyente de 2016 en Cuba”, hecha a la medida de las Farc, según sus requerimientos. “Lo único que les importa es que el traje le quede bien confeccionado a la guerrilla”, planteó con ironía.

En cuanto al respaldo internacional al proceso de paz, lo calificó de show mediático, donde el país abandonó su tradición en defensa de la soberanía nacional y donde los demás países, por lo general, apoyan tales procesos como un reflejo condicionado, cuando no es que esa actitud los favorece en la actual coyuntura (verbigracia, a Estados Unidos y la ONU).

“Esto forma parte del paisaje global”, comentó.

Y hay que abrir muy bien los ojos -dijo- ante lo que se nos viene encima: zonas de concentración de la guerrilla, bloque de constitucionalidad, Farc en la política, relación entre jurisdicción ordinaria y jurisdicción especial, Tribunal para la paz…, con la mirada puesta en futuros procesos electorales.

“Definitivamente ya está en campaña”, anotó alguien mientras resonaban los aplausos del público.

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