Los caprichos de Donald Trump, según su mayordomo

Los caprichos de Donald Trump, según su mayordomo

15 de marzo del 2016

Anthony Sénécal tiene 74 años, de ellos 60 como mayordomo en el lujoso club Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida. Conoce cada rincón de las 118 habitaciones de la mansión y constantemente tiene contacto con los más prestigiosos políticos, empresarios y celebridades que acuden al lugar para pasar sus vacaciones. Sobre todo conoce al dueño del lugar, el magnate y precandidato a la presidencia de Estado Unidos Donald Trump.

Desde que el Sr. Trump adquirió el club hace 30 años por 10 millones de dólares, Sénécal ha trabajado para él. Conoce sus gustos, manías y costumbres. Ha acompañado a la familia por décadas, y conoce sus secretos.

Cuando Trump está de mal humor, Sénécal sabe cómo calmarlo, como en la ocasión en que le avisaron que Trump, que llegaba al aeropuerto, estaba de mal genio. El fiel mayordomo, según cuenta a The New York Times, llamó a un cornetista para que tan pronto el jefe se bajara de su limusina tocara ‘Heil to the Chief’, el himno oficial del presidente de Estados Unidos.

Saber que el señor Trump no está en sus mejores días es clave para ser su mayordomo. Al salir a caminar o jugar golf, siempre lo hace con una gorra, que si es blanca significa que se encuentra de buen humor, pero si es roja, mejor no acercarse.

En su casa, Trump se siente siempre muy a gusto, excepto cuando los aviones que constantemente cruzan sobre el techo hacen retumbar potentemente sus motores. El aeropuerto que queda cerca del club de Mar-a-Lago spera sin desviar las rutas, cosa que le molesta al magnate. “El señor Trump grita: Tony, llama a la torre de control” cuenta Sénécal a New York Times.

Mantener el ánimo arriba a Trump parece ser parte fundamental de sus labores, lo que hace con total agrado. Su ego debe estar siempre por lo alto. Por ejemplo le gusta presumir sobre sus cualidades en el golf. Si Trump pregunta siempre qué tan lejos llegó la bola. “Es como 275 yardas aunque  la distancia real fue de 225 yardas”, dice Sénécal.

El mayordomo se ha vuelto esencial para el mantenimiento de la residencia, a tal punto que cuando solicitó su jubilación en 2009, el mismo Trump le dijo: “Tony, el retiro llegó a su fin, te veré la próxima temporada”.

Entre las muchas otras curiosidades que ocurren en la lujosa edificación se encuentra el hecho que a pesar de tener una prestigiosa peluquería en el lugar, Trump mismo se hace cargo de su cabello. También hay una pintura del jefe con ropa para jugar tenis que según el mayordomo se encuentra en diferentes casas de Palm Beach en las que ha trabajado, pero no mostrando el rostro de Trump, sino de otras personas, el resto es idéntico.